jueves, 11 de junio de 2020

Las aportaciones de la Liga Comunista 23 de septiembre al análisis de los movimientos sociales

No importa si el precio que tenemos que pagar es alto, no es hora de lamentaciones, la victoria pagará con creces el esfuerzo que hoy hacemos, muchos compañeros han caído en esta lucha a muerte contra la burguesía y muchos más caerán, pero la victoria pagará con creces el sacrificio que hoy hacemos, el proletariado no tiene nada que perder más que sus propias cadenas. ¡En alto la banderas de la guerra civil revolucionaria!

Oseas

Una de las aportaciones hechas por la Liga Comunista 23 de Septiembre al análisis de los movimientos sociales de su época, es sin duda la que hiciera Ignacio Arturo Salas Obregón en 1972-1973, contenidas en el documento --clandestino en su momento-- CUESTIONES FUNDAMENTALES DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO también conocido como Manifiesto al Proletariado, uno de los documentos centrales de esta organización.

Ignacio Arturo, también conocido como Oseas presenta el "Cuestiones" como fruto del análisis que venían realizando diversos organismos y militantes revolucionarios del invierno del 71 a 1973; pero también, de la experiencia práctica de la lucha "del proletariado del 56 a la fecha" y de la práctica de diversos organismos revolucionarios armados que desde 1965 se vienen desarrollando.

El análisis de los movimientos sociales constituyó en todo momento, el tema principal de la actividad central de la Liga Comunista 23 de Septiembre. El mérito personal de Oseas fue haberse desprendido de una visión estrecha de los acontecimientos inmediatos y adquirir una visión de los flujos y reflujos de los movimientos sociales en México.

Oseas caracteriza las etapas por la que ha transitado el movimiento social en México, a partir de sus flujos y sus reflujos, esto es de sus ascensos y descensos, encontrando que las masas populares se colocaron en una posición ofensiva de carácter histórico durante la guerra civil de 1910 -1917, y luego, de 1924 a 1940, aproximadamente. Señala que --por el contrario-- el período que va de 1940 a 1956 es de reflujo dominante.

Identifica que de 1956 al momento en el que realiza su análisis, esto es 1972 "y lo que va del 73", las masas emprendieron una nueva ofensiva histórica, que contiene rasgos que la hacen cualitativamente distinta de las anteriores.

Esta distinción se da a partir de la consolidación del capitalismo a nivel internacional en la década del 40, lo cual creó las condiciones para la liquidación de los modos de producción precapitalistas y para la extinción de las clases que tenían su raíz en estos, lo que a su vez habría de engendrar las bases para que la clase proletaria, el proletariado, alcanzara luego su madurez política, lo cual no habría de irse alcanzando sólo con el ascenso del movimiento de masas 1956 a 1974.

"..El proletariado en general (…) y los campesinos pobres o semiproletarios, han desarrollado, a lo largo de las dos últimas décadas … movilizaciones que son la manifestación del ascenso de la lucha que fuera constatado por Arturo Gámiz en 1965, y que hoy aparece como una realidad evidente ... Esta ofensiva se ha caracterizado por ser … una lucha sostenida: tan pronto se plegaron unos sectores, otros pasaron a la ofensiva; en momentos determinados la ofensiva procedía de diversidad de sectores… si al principio de la ofensiva muchas luchas aparecían como luchas aisladas, cada vez son más la expresión de un ascenso generalizado de la lucha..." (21)

Oseas hace un análisis detallado de las formas de lucha que se presentan en las movilizaciones sociales:

"… Es a todas luces claro, que las masas arriban en el actual período a la movilización a través del desarrollo de la lucha de resistencia, cuestión que se manifiesta en diversidad de formas: motines, huelgas, "invasiones", marchas, etc… Esta lucha de resistencia se ve fuertemente fortalecida por la exacerbación de las contradicciones de clase en la formación social mexicana y de manera particular por el desarrollo de la crisis económico política por la cual atraviesa la sociedad burguesa. La pauperización y junto con ella, el recrudecimiento de las condiciones de la opresión política sobre las masas, empujan a éstas, a desarrollar una lucha cada vez más amplia por transformar sus condiciones materiales y políticas de existencia."

En todo ello, Oseas encuentra una manifestación de un ascenso revolucionario de 1956 a al 74, el cual se aprecia en las fábricas con el paso de la actividad de sabotaje, a la huelga económica y de ahí a la huelga política y en las ciudades, el paso de las revueltas, a las manifestaciones políticas masivas y de estas, al combate de calle.

Encuentra también que se pasa de la inexistencia de una defensa organizada, al desarrollo cada vez más sistemático de la resistencia armada, y de ésta, aunque de manera aún incipiente señala él, "a una ofensiva táctica de carácter militar desarrollada como lucha guerrillera".

Respecto a la lucha en el campo, Oseas registra el paso de levantamientos más o menos espontáneos, al desarrollo sistemático de las "invasiones" y de estas al desarrollo de verdaderas huelgas económicas y políticas. Señala el paso de las asambleas en los poblados, a las manifestaciones de campesinos en las ciudades y la extensión de las luchas campesinas a comarcas enteras, e igualmente identifica en el campo, como antes lo hizo en la ciudad, "el paso de una táctica de la defensa pasiva, a una táctica de resistencia militar y de ahí al desarrollo de la lucha guerrillera". 26

Algunos teóricos y algunos ex guerrilleros han señalado está última afirmación de Oseas, como parte de un pensamiento "delirante". Ciertamente podrán hoy no estar de acuerdo en esta afirmación como consigna política o como estrategia que seguirían en la actualidad, pero no pueden negar que este paso --de la defensa pasiva a la lucha guerrillera-- se estaba dando en ese periodo y es precisamente lo que Oseas constata, como parte de su análisis del ascenso del movimiento del proletariado, como él dice, o de los movimiento sociales de su época, como podría decirse hoy.

Si esto ni hubiera sido así en la realidad, simplemente no se estaría hablando del periodo de la lucha armada en México de 1965 a la década de los ochentas.

Pero prosigamos con el análisis de Oseas, quien identifica que mientras las movilizaciones de 1958-59 y pusieron como forma fundamental el desarrollo de la huelga económica, la lucha del 68 habría de poner a la huelga política, la cual --señala el—"continúa apareciendo en las movilizaciones posteriores, pero principalmente en las del 72 y lo que va del 73". (27)

Todo ello representa para Oseas un nuevo ascenso, de la lucha del proletariado, en el cual si bien es cierto que ha tenido diversidad de derrotas ha sabido sacar la experiencia para consolidar con mayor fuerza su política. "Ahí donde el proletariado fue sometido a lo largo de estas dos décadas a una política burguesa o pequeño burguesa –dice Oseas-- se han creado condiciones para la afirmación de una política independiente. Ahí donde el proletariado fue derrotado militarmente, se crearon condiciones para el desarrollo de su poder político-militar… Ni las derrotas políticas (las menos), ni las derrotas militares (las más), han podido detener el empuje de las masas populares. El proletariado ha fortalecido su política consolidando sus victorias político-militares y transformando sus derrotas en futuras victorias..." (21-23)

Esto es, no se plantea un avance lineal del ascenso de la lucha sino la existencia de flujos y reflujos relativo, sin que eso signifique para Oseas "la pérdida de la iniciativa histórica del proletariado". 22

II

Pero ¿Qué es lo que sucedió con el ascenso del movimiento, el paso de formas inferiores a formas superiores de lucha y organización y al arribo "a una ofensiva táctica de carácter militar desarrollada como lucha guerrillera" que deriva Oseas de esté análisis?

La respuesta ligera a esta pregunta ha sido el elemento que teóricos del sistema, académicos poco profundos y guerrilleros arrepentidos han encontrado para la descalificación apresurada de todo el edificio conceptual de la Liga Comunista 23 de Septiembre.

Porque de lo observado en años posteriores o bien: de 1954 a 1973 no había tal ascenso del movimiento que señala Oseas, o bien ese movimiento no estaba pasando a formas superiores de lucha y organización, sino que las afirmaciones en ese sentido eran chaquetas mentales de un grupo de acelerados delirantes, tal y como han sostenido los detractores de la guerrilla en México.

Lo primero que quiero comentar al respecto es que este juicio sobre la llamada guerrilla en México y especialmente sobre la Liga Comunista 23 de septiembre, responde a una profunda falta de documentación al respecto o a un análisis superficial de los planteamientos de la misma.

Este punto de vista o interpretación sobre la Liga lo podemos encontrar en la afirmación que hiciera Rhi Sausi, en un documento publicado en el período de mayor algidez de la guerra sucia en México donde se puede leer:

"…Los grupos armados <que constituyeron la Liga en 1973> reunidos en Guadalajara llegan a la conclusión que: 1°.) el Estado y el capitalismo en México se encuentran en crisis definitiva, la represión era la prueba de su debilidad; y 2°.) la radicalidad de la las formas de lucha de muchos sectores de masas era un signo evidente de que la revolución estaba a la vuelta de la esquina"1

Esta historia de que para la Liga Comunista 23 de Septiembre la revolución –o en algunas versiones, la insurrección-- estaba a la vuelta de la esquina, ha quedado, a tanto repetirse, como la historia oficial y "verdadera" de la Liga, al grado que incluso algunos antiguos militantes de esta, la han retomado como fundamento "teórico" de la denostación de su pasado, tal y como lo hiciera en 1982 la llamada Coordinación Obrera, en su "Critica al Cuestiones"2.

Pero veamos lo que dice Oseas, precisamente en este documento central :

"Advirtamos de entrada que la Liga Comunista 23 de Septiembre --a diferencia de las opiniones de otras organizaciones armadas-- no considera que en el actual grado de desarrollo de la lucha, la lucha guerrillera se haya todavía colocado como forma fundamental. ¿Por qué? En primer lugar, porque no basta desear que esto lo sea, para que en realidad acontezca. La lucha guerrillera no se destaca en primer plano como resultado de la intención que exista en la cabeza de los representantes de tales o cuales grupos, sino como resultado del desarrollo que la lucha haya alcanzado. El marxismo ha reconocido en todo momento la insurrección como forma superior de lucha; pero está en contra del mismo afirmar que tal estadio ha sido alcanzado cuando en realidad éste no ha logrado desarrollarse cabalmente. En segundo lugar, porque tal apreciación aparece siempre ligada a tendencias puramente blanquistas o terroristas, que pretenden sustituir la acción de las masas, con la actividad de los grupos armados... Pretender por ejemplo, que la acción guerrillera por sí sola prepare las condiciones subjetivas para el desarrollo de la revolución, no puede sino causar la risa de cualquier marxista. En tercer lugar, porque tal apreciación está siempre ligada a una comprensión estrecha del desarrollo de la guerra de guerrillas, como forma de la guerra civil revolucionaria en un momento determinado y por tanto, como forma de lucha que abarca otras formas diversas, sin excluirlas, sino simplemente subordinadas a su propio desarrollo. La concepción con la cual nosotros estamos en desacuerdo, restringe la guerra de guerrillas a un simple método, o bien, al exclusivo desarrollo de la lucha guerrillera. En cuarto lugar, porque de tales apreciaciones se deriva el más burdo y oportunista rebajamiento de las tareas que corresponde desarrollar a los grupos revolucionarios, fundamentalmente el rebajamiento de las tareas de educación y organización.

Oseas da un ejemplo: "Nada tan aberrantemente falso, como decir que los combatientes de Madera <Cd. Madera Chihuahua, 23 de septiembre de 1965> carecían de una relación directa y sólida con el movimiento de masas de la zona. Todo lo contrario --dice Oseas-- la capacidad de dirección sobre el movimiento de masas, caracterizaron a esos combatientes. … De ahí en adelante, el desarrollo de la lucha guerrillera estaría ligado a las movilizaciones de Guerrero, de Morelia, de Sonora en el 67. Al movimiento del 68 durante el cual se amplía e intensifica. A las posteriores movilizaciones de Monterrey, Sinaloa, Chihuahua, DF, etc."

Oseas se pregunta sobre las funciones particulares y el papel específico de la lucha armada en el en el periodo analizado y se responde: "En primer lugar… crea los puntos de apoyo para la lucha abierta de masas…. que le permiten al movimiento de masas dos cuestiones: preparar mejor su movilización y contar con una retaguardia de resguardo." 35

Por si hubiera lugar a dudas, Oseas es contundente cuando afirma: "Ni la insurrección ni la misma guerra han alcanzado todavía un desarrollo envolvente y totalizador que las coloque en primer plano." 37

Por ello afirma Oseas, que las consignas centrales son "preparar la huelga política y la general, desarrollar intensamente las huelgas en todos lados, extender la huelga lo más posible, hostigar permanentemente al enemigo desarrollando mas y más paros, y más y más huelgas, convertir los paros en huelgas política". Pero los revolucionarios no solo deben centrar su atención en tales consignas; deben también… apoyar toda manifestación de descontento por pequeña que esta parezca, toda lucha por más que ésta se encuentre en cierto retraso3." (37)

En el último párrafo de Oseas en el Cuestiones podemos encontrar la siguiente afirmación:

"¿Es para nosotros la actual situación, una situación revolucionaria? Evidentemente, no."

El Cuestiones es sin lugar a dudas un análisis sobre los principales movimientos sociales de su tiempo, que independientemente de las opiniones al respecto, no se puede negar hoy su existencia. Cabe aclarar que este análisis no es exclusivo de Oseas, sino que constituye un posicionamiento de la Liga Comunista y se extiende a los demás documentos de la Liga como Las Apreciaciones Iniciales sobre el Movimiento Revolucionario en el Campo, mejor conocido como "Carta Campe" y los 58 números del periódico Madera.

III

Pero una vez hecha esta aclaración, seguimos con la duda: ¿Qué pasó con el mentado "ascenso del movimiento" que identifica Oseas "en 1972 y lo que va de 1973"?

Pues sucedió un fenómeno que pocos han reparado cuando analizan la pretendida "derrota de la guerrilla en México" y que –desde mi punto de vista-- tampoco fue analizado con la profundidad que se merecía por la propia Liga Comunista 23 de Septiembre

En mi opinión no es posible negar el ascenso o flujo del movimiento del proletariado (o de la movilización social o movimientos sociales como lo llamaríamos hoy) en el periodo que identifica Oseas, y tampoco es posible negar que sus consignas pasaban de un plan meramente defensivo o reivindicativo a una lucha contra la opresión gubernamental que podría ser conceptualizado como un "ascenso" de la movilización social.

Se podrá o no estar de acuerdo con esa tendencia del movimiento (que por cierto no era la única), pero es un hecho que al menos en varios sectores sociales se presentaba.

Pero también es cierto que, como lo analizó Oseas, ese ascenso tenía una relación con el proceso de maduración del capitalismo o para decirlo de una manera más completa con las contradicciones que se daban en la base económica.

Lo que no pudo constatar Oseas, pues hay que recordar que fue desaparecido por la Dirección Federal de Seguridad en abril de 1994, es que de alguna manera la crisis económica que se estaba dando en el periodo que él analiza --y que no era privativa de México-- estaba llegando a su fin, y con ello también estaba llegando a su fin el ascenso del movimiento.

En 1973-1974 se inició en México un nuevo ciclo de acumulación capitalista, que redundaría posteriormente en nuevas crisis, pero que en ese momento estaba marcando un respiro al sistema y que posteriormente se convirtió en un breve pero significativo auge financiero.

Lo que Oseas no pudo constatar es que el aumento significativo de los precios internacionales del petróleo, motivadas por el embargo del petróleo árabe en 1973 y la decisión de la OPEP de triplicar sus precios de venta del crudo, desembocaron a partir de los años 1973 y 1974 en una cotización que pasó de 4 dólares por barril a 12 y luego 20 dólares por barril, lo cual a su vez implicó, toda vez que México era en esos momentos uno de los países del mundo con las más altas reservas probadas de petróleo, a multiplicar exponencialmente sus ingresos financieros, lo que a su vez significó una revigorización de la inversión pública y privada y un incremento notable del gasto social, esto es, un calmante temporal a la crisis.



Evolución de los precios internacionales del petróleo, nominales y reales con dólares de 2008.

Según la información que se conoce, "La época dorada para México ocurrió entre 1973 y 1984. En poco más de 10 años, los equipos de exploración de Pemex encontraron los colosales yacimientos de Antonio J. Bermúdez en 1973, Cantarell en 1976, Ku-Maloob-Zaap en 1979, Abkatun-Pol-Chuc en 1979, Jujo-Tecominoacán en 1980 y Caan en 1984, que en conjunto contenían alrededor de 35 mil millones de barriles".4 35 mil millones de barriles que en lugar de cotizarse en 4 dólares por barril se cotizaron en más de 20 dólares en promedio, significó indudablemente un cambio en la economía nacional, esto, según cifras oficiales, catapultó a México como primer exportador de crudo, permitió que el Producto Interno Bruto se elevara a un 8% anual y que la tasa de desempleo se redujera en un 50% --insisto, según cifras oficiales-- al grado que una de las frases célebres de José López Portillo fue "México … ha estado acostumbrado a administrar carencias y crisis. Ahora [con] el petróleo tenemos que acostumbrarnos a administrar la abundancia". Y al grado también aún ahora los economistas toman como referencia el salario de 1976 para identificar el deterioro del poder adquisitivo del salario.

Fuente: http://www.mexicomaxico.org/Voto/SalMinInf.htm

Ignacio Arturo Salas Obregón y otros dirigentes destacados de la Liga, sin embargo, no estaban en condiciones de registrar estos datos y sacar las conclusiones políticas del reflujo del movimiento que probablemente significaría, y así la Liga Comunista sumergida ya en la rabiosa y sangrienta cacería de la que era objeto por parte del Estado mexicano no estuvo en condiciones de modificar sus consignas y su análisis sobre el ascenso del movimiento social, lo cual constituyó, desde mi punto de vista, el elemento interno determinante de su posterior debilitamiento.

Fue hasta 1979, con Miguel Ángel Barraza García a la cabeza, que se implementarían una serie de rectificaciones internas que se presentan como una adecuación de las consignas, en donde se pone más énfasis en la formación de los Consejos de Representantes que el los anteriormente multicitados "comités clandestinos armados", la propaganda se diversifica para ajustarse a los movimientos sociales concretos del momento, disminuye su distribución por medio de brigadas armadas y se pondera la distribución por redes de contactos y el mismo periódico "Madera" cambia su diseño de portada y pasa, de ser denominado "Periódico Clandestino", a identificarse en adelante como "Órgano Central de la Liga Comunista 23 de Septiembre".

Pero ya era demasiado tarde.

En conclusión, la Liga Comunista 23 de Septiembre como parte del movimiento armado revolucionario que se suscitó en México a partir de la segunda mitad del siglo pasado y que no era sino la continuación de la lucha política de distintos sectores sociales por otros medios fue en sí misma un movimiento social, que al mismo tiempo hizo aportaciones importantes al análisis de los movimientos sociales de la época, bosquejando una caracterización y periodización e identificando los flujos y reflujos del movimiento.

Hoy por hoy, esa aportación permiten (al menos a mi), identificar que el reflujo o descenso del movimiento que se iniciara en 1973-1974 culminó en un nuevo ascenso del movimiento social que se expresó a durante la década de los 80s en la formación de las Coordinadoras Nacionales de distintos movimiento sociales, tales como la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, La Coordinadora Nacional de Pueblos Indios, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación y el Frente Nacional por la Defensa del Salario, la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular; ascenso que a partir del terremoto de 1985 podría constatarse con toda nitidez y que tendría su punto o más álgido en el movimiento en contra del fraude electoral de 1988.

Fue la insurrección indígena de Chiapas en 1994, lo que marcaría el inicio de un nuevo ascenso o flujo del movimiento en México y a partir de ahí, los ciclos cada vez más cortos de crisis económica han contribuido de alguna manera a los ascensos del movimiento social cuyo inicio observamos en el 2004 con la lucha contra el desafuero, que tendría como auge el 2006, que no obstante el carácter demócrata-burgués de las consignas, no puede negarse como un flujo de la movilización social.

El análisis de los flujos y reflujos del movimiento, cuando no es un discurso ideologizado para justificar tal o cual política, tal o cual consigna previamente adoptada, es una herramienta fundamental para la transformación del escenario y el cambio en la correlación de fuerzas entre los movimientos de resistencia y revolución y el régimen opresor.

Pero para documentar nuestro optimismo, más allá de los flujos y reflujos, a veces cada vez más encimados unos con otros, podemos decir que en México el movimiento de oposición al régimen ha pasado de movilizar y comprometer a decenas o centenas de personas en la década de los cincuentas, a movilizar y comprometer a decenas de miles en los sesentas, a centenas de miles en los setentas y a millones de personas de 1988 en adelante. Por lo que lejos de un contemporáneo pesimismo desinformado debería prevalecer a un optimismo mejor informado.

Y no se espanten por favor, pero frente al desangramiento del país frente a las bandas de delincuencia organizada y frente a la abdicación del Estado mexicano a su jurisdicción en en importantes porciones del territorio nacional y la renuncia obvia a su –antes- autoasignado papel de "monopolio legítimo de la fuerza armada", en los estados y regiones afectadas por el narcotráfico y los paramilitares de todo tipo, en pueblos y comarcas enteras han surgido las policías comunitarias y las acciones concretas de autodefensa, cuyos integrantes, sin haber leído a Oseas han pasado ya como dice este en el Cuestiones: "De la defensa pasiva, a la resistencia militar".

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Ignacio Arturo Salas Obregón, un joven activista revolucionario nacido en Aguascalientes fue aprehendido herido, la noche del 26 de abril de 1974, a la edad de 25 años, después de un enfrentamiento con la policía en la colonia San Rafael, municipio de Tlalnepantla, Estado de México.


Como se ha podido demostrar ahora incluso con fotografías, fue trasladado al Hospital General de Tlalnepantla, donde se le dio atención médica y donde fue identificado por la Dirección Federal de Seguridad quien lo trasladó al Campo Militar Número Uno y a partir de ahí se encuentra en condición de desaparición forzada. De su secuestro son directamente responsables Luis Echeverría Álvarez, Luis de la Barreda Moreno, Miguel Nazar Haro, Francisco Quiroz Hermosillo, Javier García Paniagua y Jesús Reyes Heroles, entre otros.


La Liga Comunista 23 de Septiembre, sin dejar de reconocer las posibles limitaciones de Oseas, explicadas por el hecho de que tanto él, como la misma Liga, fueron parte de un proceso en vías de un mayor desarrollo que nacía con debilidades, expresó en su periódico central Madera número 58: "La justeza de sus aportaciones y su gran capacidad como dirigente han sido laureadas ya por el mismo transcurso del movimiento revolucionario. Hombres de esta altura no se encuentran a la vuelta de la esquina."

David Cilia Olmos

México, 15 de abril de 2013.

1 Rhi Sausi, José. "La parábola de la guerrilla mexicana". COYOACAN. N. 3, México, abril – junio de 1978. p.71

2 Documento que formó parte del debate interno en la LC suscitado posterior al llamado periodo negro y que se documenta en la Edición Especial (Número 12) del periódico del Comité Comunista Estudiantil "13 de junio", publicado en 1982 o 1983.

3 Tal vez en la actualidad no se usaría --como lo hace Oseas-- la palabra "retraso" o "formas superiores", sino otros términos tales como "formas diferentes", pero no hay que olvidar que cada análisis es fruto de su época y por tanto está impregnado del imaginario correspondiente.

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