miércoles, 10 de junio de 2020

La guerrilla como posibilidad a partir del encuentro de las regiones de México

Resumen de ponencia:

El desarrollo desigual entre las regiones establecidas en México en la década de los 60´s, cualquiera que haya sido la caracterización o delimitación de las mismas, no fue un obstáculo, sino un potenciador del movimiento armado revolucionario que surgió en esa época.

Observando sólo sus acciones militares, se podría creer que el movimiento del Grupo Popular Guerrillero dirigido por Arturo Gámiz y el doctor Pablo Gómez, (Chihuahua 65), el dirigido por Oscar González Eguiarte (Sonora-Chihuahua, 1966) y las guerrillas de Genaro Vázquez Rojas y Lucio Cabañas (Guerrero 67) fueron movimientos estrictamente locales, pero hay que recordar que sus acciones militares sólo fueron el resultado de un largo proceso de análisis y reflexión personal, encuentro y reflexión colectiva, construcción de escenarios a futuro, y creación del aparato orgánico y teórico que permitiera materializar los objetivos esbozados. La mayor parte de este proceso se dio en el marco de un rico intercambio interregional que es documentable.

Una revisión de la biografía de los guerrilleros surgidos antes del 68, que vamos a llamar fundadores sólo por comodidad, nos habla de la enorme capacidad de desplazamiento interregional y de compenetración con distintas problemáticas regionales y sus actores, que vivieron en los momentos previos a su inserción en la lucha armada. No es casual que hayan tenido casi todos, una formación normalista. Un análisis más riguroso del sector nos explicará que en aquellos tiempos las escuelas normales y particularmente las normales rurales, no sólo posibilitaban un punto de encuentro entre el campo y la ciudad y de distintos estratos económicos, sino también entre las distintas regiones del país entre sí y de éstas con la capital de la república.

Y lo mismo sucedió con una buena parte de la guerrilla surgida en las ciudades y particularmente en el ámbito de las universidades a raíz de los sucesos del 2 de octubre del 68 y del 10 de junio del 71. La Universidad Nacional y las universidades de las principales capitales regionales, Monterrey en el norte y Guadalajara en el Occidente, se habían convertido ya en un punto de encuentro de jóvenes que no sólo provenían de distintos estratos socioeconómicos, sino también de las distintas regiones. Diego Lucero, Raúl Ramos Zavala, Ignacio Arturo Salas Obregón, se convirtieron en los grandes profetas de la revolución en tierras distintas a las de su origen. El mismo movimiento del FER en Guadalajara y de la FEUS en Sinaloa, no se explica sin el encuentro interregional de estos, con la experiencia del 68 y 71 en la ciudad de México.

Sólo el encuentro interregional podía haber dado, y dio, una visión nacional del país, condición imprescindible para la realización del programa político de las distintas organizaciones que se plantearon la toma del poder.

Además de las universidades que nucleaban el encuentro interregional y normales rurales que tenían una estructura nacional, otras instituciones posibilitaron ese encuentro, entre ellas, la Juventud Comunista, y posteriormente, pese a que su función se pensaría en lo contrario, la cárcel de Lecumberri, y las distintas cárceles de capitales regionales del país.

Todos estos puntos de encuentro, posibilitaron un diálogo cultural y préstamos entre representantes de las diversas regiones que encontraron en el socialismo, y particularmente en el marxismo, una lengua franca. Sin estos encuentros difícilmente podríamos estar hablando de guerrilla en México, o al menos no en la forma que la conocemos.

Analizar el flujo de estos préstamos culturales y sociales que posibilitaron que la guerrilla se desatara tanto, usando el burdo lenguaje empresarial, en el "norte industrioso, como en el sur atrasado", que golpeara lo mismo en las regiones de mayor pobreza del país que en las más exclusivas y elitistas zonas residenciales, es parte del análisis que ha estado pendiente durante muchos años en México.

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