David Cilia Olmos
No se porque se invitó aquí solo a los clandestinos de los 60´s y/o 70´s, y no de los 80´s para acá. Pareciera ser que se coincide con la versión oficial que reinó desde 1974 hasta 1994 en el medio gubernamental en el sentido de que la llamada guerrilla había sido "felizmente liquidada" y que por lo tanto no puede haber vida guerrillera en los ochentas o en los noventas hasta antes del levantamiento armado del EZLN en enero del 94.
Tal vez se coincida con la versión de la corriente "oficial" de la izquierda que, más o menos a partir de diciembre del 94, agrega a la versión del Estado del fin de la guerrilla, el corolario de que "...y si acaso algo queda, (o quedó) son (o fueron) puros provocadores infiltrados y aislados.
Tal vez académicamente no resulte muy serio hablar de un período en el que la gente no pueda aún escribir libros de naufragios científicamente comprobados.
O tal vez hablar de la guerrilla de los 80´s, 90´s y 2000´s no pueda resultar de mucha utilidad a la hora de construir lecciones morales que posteriormente puedan ser recetadas masivamente al conjunto de la sociedad.
Pero cualquiera que sea el motivo de restringir la invitación, yo lo voy a respetar.
Solo pido un poco de su tolerancia , porque voy a hablar de revolucionarios clandestinos de los 70´s, algunos de ellos miembros de la Dirección Nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre, que sin embargo fueron asesinados, desaparecidos o perseguidos en la década siguiente, esto es, fuera del programa de este evento.
Una disculpa en nombre de ellos, que durante los años 80´s nunca vieron con muy buenos ojos la versión de que estaban muertos, y se carcajeaban cada vez que en los periódicos amarillos publicaban su acta de defunción, con autopsia y todo, o en los medios "políticos serios" su obituario, esquela fúnebre o "pésame".
No voy a hablar de Gonzalo Liejhut González, asesinado en San Lorenzo Tezonco en abril o mayo de 1980, porque más enterado que yo estará el compañero Eladio Ramírez o la compañera Amanda Arciniega Cano y supongo que al menos Eladio va a participar en este evento.
El día 22 de enero de 1981 fueron asesinados a mansalva Miguel Angel Barraza García y Jesús Manuel Arana Murillo (éste último expreso político amnistiado en 1978) en las inmediaciones de Ciudad Universitaria por el grupo Jaguar directamente bajo el mando de Arturo Durazo Moreno y el Sr. Sahagún Baca.
Jesús Manuel Arana Murillo había sido detectado en la Facultad de Economía, donde se encontraba continuando con sus estudios, luego de una repartiza del número 56 del periódico Madera, órgano central de la Liga Comunista 23 de Septiembre, que por aquel entonces había logrado ya una periodicidad mensual y muy altos niveles de calidad.
Jesús Manuel había sido seguido hasta su encuentro, en la calle de Odontología en las inmediaciones de Ciudad Universitaria, con Miguel Angel Barraza García "Fernando", miembro de la dirección nacional histórica de la Liga, identificado por la policía como "El Piojo Negro". De ese enfrentamiento ambos quedaron heridos y posteriormente rematados por el cuerpo policiaco que los capturó y 2 compañeros más lograron huir.
A raíz del asesinato de Jesús Manuel Arana Murillo su hermano Marco Antonio Arana Murillo dirigente del movimiento estudiantil en la Normal Rural del Quinto, en Etchojoa Sonora, fue perseguido por todo el país con el fin de asesinarlo o desaparecerlo.
En el marco de esta búsqueda, el día 30 de abril de 1981 fueron detenidos por la policía judicial del Estado de Sonora dos compañeros de Marco Antonio Arana, y también expulsados junto con este de la Normal Rural de El Quinto, Rafael Ochoa Quintana y Mauricio Miranda Gastelum, en las inmediaciones de lo que fue la Preparatoria Popular Valle del Yaqui, en Ciudad Obregón Sonora y trasladados al Colegio de Policía de Ciudad Obregón, donde fueron torturados para que revelaran el domicilio de Marco Antonio Arana Murillo y otros militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
El día siguiente fue detenido en la colonia La Ladrillera de Ciudad Obregón, Irineo García Valenzuela, profesor egresado de la Normal Rural del Quinto, él fue detenido por la policía judicial del Estado cuando llegaba a su domicilio.
Mauricio Miranda Gastelum, Rafael Ochoa Quintana e Irineo García Velenzuela fueron trasladados por la Policía Judicial del Estado a la Ciudad de Hermosillo en donde fueron torturados por esa corporación y entregados a la Dirección Federal de Seguridad y más tarde trasladados en avión a la Ciudad de México donde fueron torturados y estuvieron en calidad de secuestrados en la sede de la Dirección Federal de Seguridad en la calle de Ponciano Arriaga, en las inmediaciones del Monumento a la Revolución, en pleno centro de la ciudad de México.
Después de ser torturados en ese lugar fueron trasladados al cuartel general del grupo Jaguar localizado en aquel entonces en la granja del Ejército Mexicano, situado entre la Cárcel de Migración y la Colonia López Portillo de la delegación Iztapalapa y que posteriormente fue usada como fábrica de la Secretaría de la Defensa Nacional y en la que actualmente se encuentra una unidad habitacional de la Secretaría de la Defensa Nacional.
El 16 de mayo (1981) fue detenido finalmente Marco Antonio Arana Murillo "Ariel" por agentes del grupo Jaguar en la Ciudad de México, en las inmediaciones de la Normal Superior, en la colonia Santa María la Rivera, cerca de la estación del metro San Cosme. Marco Antonio Arana Murillo, asistía a un Congreso como delegado de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) organismo representativo de los estudiantes de las Normales Rurales de todo el país.
El día 11 de septiembre de 1981 fue detenido Roque Reyes García, expreso político, amnistiado en 1977 luego de purgar 6 años de cárcel como miembro de los Comandos Armados del Pueblo en Lecumberri y Santa Martha Acatitla. En ese momento Roque Reyes era miembro del consejo de redacción del periódico Madera, militante y dirigente del STUNAM comisionado en el Comité Ejecutivo. Roque Reyes fue secuestrado por la Dirección Federal de Seguridad.
El día 6 de noviembre fue detenido y desaparecido por la Dirección Federal de Seguridad, dependiente de la Secretaría de Gobernación, Rubén Hernández Padrón "Camilo", responsable del trabajo de la Liga en la Preparatoria Popular Tacuba (PPT), él fue detenido en las inmediaciones del metro Villa de Cortés, por ordenes de Zorrilla Pérez, Director de Seguridad Nacional y en el mando operativo de su secuestro estuvo el comandante Estrella, actualmente ambos se encuentran presos por el asesinato del periodista Manuel Buendía. siendo testigo de esa desaparición el profesor de la PPT, Fernando Chong Santiago.
El día 9 de noviembre fue detenido "Salvador" un miembro de la Dirección Nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre cuyo nombre legal desconozco, originario del Estado de Sonora.
A raíz de su detención en su domicilio de Ciudad Nezahualcóyotl fue detenido de nueva cuenta Irineo García Valenzuela quien había sido dejado en libertad en octubre de ese año luego de meses de estar desaparecido.
En la casa domicilio de "Angela", miembro de la Dirección Nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre, localizada en Villa de las Flores, Ecatepec Edo. Mex., fueron capturados Jesús Abel Uriarte Borboa y Eduardo Echeverria Valdez, militantes de la Liga Comunista, miembros, junto con Marco Antonio Arana Murillo, de la FECSM.
Al igual que en la detención de Mauricio Miranda Gastelum, Rafael Ochoa Quintana e Irineo García Valenzuela en abril de ese año, los sucesos de su detención fueron detallados por la prensa local y un diario de la Ciudad de México (Diario de México 10, 11, 12 y 13 de noviembre de 1981). Los nombres de los que policías que comandaron la operación de secuestro aparecen en este diario, sin embargo los compañeros siguen desaparecidos.
Salvador fue trasladado al Estado de Sonora. En Guaymas el día 19 de noviembre sería detenido por la Policía Judicial de Estado, por el grupo de la Dirección Federal de Seguridad en Guadalajara y por el grupo Jaguar, Gonzalo Esquer Corral, quién fue herido en una pierna durante su detención y secuestrado de una ambulancia de la Cruz Roja local y trasladado al panteón de Guaymas donde fue atendido por el doctor Alvarez Machaín (involucrado posteriormente en el secuestro y asesinato del agente de la DEA Camarena), antes de ser enviado por avión a la Ciudad de México. En el mismo operativo fue detenido Juan Mendivil militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre que había sido recientemente amnistiado luego de purgar una condena en la cárcel de Hermosillo.
Al día siguiente fue detenida la maestra, militante de la Liga Comunista, Armida Miranda en su domicilio en la Colonia 5 de Mayo de la Ciudad de Hermosillo, en un operativo que fue supervisado personalmente por Arturo Durazo Moreno y Sahagún Baca, en el que participaron el grupo Jaguar, el grupo Guadalajara de la Dirección Federal de Seguridad y la Policía Judicial del Estado de Sonora.
En el mismo lugar sería secuestrado Juan Enrique Barreras Valenzuela, con unas horas de diferencia y por los mismos agentes que secuestraron a Armida Miranda, estando presente al momento de su detención el compañero conocido al interior de la Liga Comunista como Salvador.
El día 22 de enero de 1982 fueron detenidos por la Dirección Federal de Seguridad, Teresa Gutiérrez Hernández, miembro de la Dirección Nacional de la Liga Comunista y Víctor Acosta Ramos, militante del Comité Regional del Distrito Federal de la Liga Comunista.
De ese período por lo menos hay 3 compañeros más que nunca supimos su paradero, los cuales, siendo originarios del Estado de Sonora, pudieron haber sido desaparecidos en la ciudad de México, Genaro, Isidro y una compañera cuyo nombre de combate desconocemos.
Pese a la envergadura de los golpes recibidos la Liga Comunista no desapareció, otros elementos de la Dirección Nacional continuaron con el trabajo de organización y reconstrucción de los organismos regionales y locales y con las actividades de precisión del programa revolucionario.
Todo esto sucedió en la década de los 80´s y todos ellos, independientemente de la coincidencia o no con sus puntos de vista, e independientemente de que aún no puedan ser mencionados, forman parte de la historia del movimiento revolucionario en México.
II
Ahora bien, todo esto podría ser una colección de datos útiles para una historiografía de los movimientos armados en México, o una argumentación para precisar si tal o cual organización revolucionaria terminó su actividad en tal o cual año, pero desde mi punto de vista esto no es lo importante.
Lo más importante es que, independientemente de los juicios de valor que se puedan hacer al respecto de los participantes de los movimientos armados en México, se cometieron en contra de estos crímenes de lesa humanidad, como la ejecución extrajudicial, la desaparición forzosa y quienes los cometieron y lo siguen cometiendo gozan actualmente de toda impunidad.
No podemos hablar en México de un verdadero cambio democrático, si no se esclarece antes, el tema de los desaparecidos por motivos políticos. Y lo más grave aún es el papel que el Estado ha cumplido en la presunta "búsqueda" de los desaparecidos, lo que voy a narrar es una pequeña muestra de este papel.
Esta información que he mencionado, seguramente fue una de las primeras que llegaron a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH). En 1990 se dio la feliz circunstancia de que después de una rabiosa cacería para capturarme el 4 de abril del 90, la policía había investigado a decir de ellos "todo de mi", así que desde la clandestinidad envié este testimonio a la recién formada CNDH, firmando con mi nombre legal y proporcionando como domicilio particular para recibir notificación, el domicilio legal de mi esposa, en ese momento prisionera en el Reclusorio Norte. La CNDH prefirió omitir todo comentario al respecto.
Afortunadamente, poquito tiempo después me detuvieron, esto es, caí preso, y entonces pude re-enviar mi testimonio a la misma Comisión, y esta vez si pude recabar los sellos correspondientes con acuse de recibo.
No obstante los sellos de la oficialía de partes, el documento, oficialmente se perdió en la Comisión, nadie pudo dar respuesta a mis familiares del trámite iniciado, así que por tercera vez lo inicie, confirmando por medio de Tere Hardí que había sido recibido por el entonces Presidente de la Comisión, Carpizo.
Recibí entonces en prisión en el Reclusorio Norte, en dos ocasiones una comisión de la CNDH formada por el Lic. Cabrera Morales, titular de la "Comisión para los Presuntos Desaparecidos", por 2 funcionarios más y por un sujeto que no se quiso identificar, por ser sólo "ayudante", según me dijeron.
Del trabajo de esta comisión me quedó muy claro que el crimen de lesa humanidad cometido por el Estado en contra de cientos o miles de mexicanos, no necesariamente es el crimen más abominable que ha cometido y que comete.
Durante la primera entrevista fue evidente que la Comisión de los Presuntos Desaparecidos de la CNDH, se preocupaba más que por el paradero de los desaparecidos, por el paradero de los que aún no lo habían sido, es decir por obtener la ubicación de los que aún andaban en la clandestinidad. El "ayudante" mencionado era el que llevaba la voz cantante en la entrevista que prácticamente terminó siendo un interrogatorio policiaco, con fotografías y todo.
Durante la segunda entrevista pude corroborar que el responsable operativo de la comisión había sido antes, o aún era, comandante de la Dirección Federal de Seguridad, cuyo apodo era "Comandante Pato". También pude corroborar que los datos que proporcioné a la CNDH de los familiares de mis camaradas desaparecidos fueron usados de una manera asquerosamente abominable (disculpen la redundancia) para, lejos de contribuir a la localización de los desaparecidos, someter a los familiares a una serie de interrogatorios policiacos. La comisión pretendía encontrar a los desaparecidos no investigando entre los cuerpos de "seguridad" del Estado que los desaparecieron, sino hurgando en las familias y extendiendo la investigación a los amigos y compañeros que los familiares les refirieran.
Pero no sólo eso, por testimonio que todavía es posible recabar en términos legales, identificamos al Comandante Pato como uno de los agentes policiacos que personalmente intervino en la persecución y captura de la compañera Teresa Gutiérrez Hernández, miembro de la Dirección Nacional de la Liga Comunista 23 de Septiembre, desaparecida en enero de 1982.
Pero la moda de los presuntos desaparecidos terminó en la CNDH, según ellos, "demostrando" en papel o bien que están muertos, o que andan vendiendo paletas por ahí y nunca fueron desaparecidos. Vino en cambio la moda de Chiapas, se estableció la Comisión para los Altos de Chiapas, para frente a la situación de guerra, preservar los derechos humanos de la población.
Ya en libertad, y como parte del Centro de Derechos Humanos Yax´kin A.C., en 1995 y 1996 me tocó investigar y documentar el asesinato o ejecución extra-judicial ordenada por el entonces Procurador del Estado de Chiapas en contra del campesino Reyes Penagos Martínez, de la localidad de Nueva Palestina en la Sierra Madre del Sur.
Pues bien, una vez que logramos demostrar fehacientemente que se trataba de un asesinato cobarde cometido por la policía judicial del estado de Chiapas y que logramos difundir en la prensa nacional que junto con este, la policía judicial apoyada con el ejército había torturado a decenas de campesinos y violado a una compañera, se presentó la CNDH, (aun cuando se había requerido su intervención desde el momento mismo del secuestro y desaparición de Reyes Penagos y cuando aún estaba vivo) y en el mando operativo iba de nueva cuenta en tristemente célebre Comandante Pato, "para iniciar las investigaciones".
Yo denuncio aquí, al señor ----- actualmente integrante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos como desaparecedor de la compañera Teresa Gutierrez Hernandez y Victor Acosta Ramos en enero de 1982, tengo pruebas fehacientes que presentar ante una Comisión de la Verdad que llegue a formarse, ante Amnistía Internacional o ante el Presidente de la República.
En este último caso, no me refiero al presidente responsable directo de numerosas desapariciones, albacea testamentario y encubridor de las desapariciones cometidos en los regímenes de Díaz Ordaz, a Carlos Salinas de Gortari, claramente lo digo, no me refiero a Zedillo, sino del presidente actualmente electo, o en funciones a partir del 1° de diciembre.
No sé si el presidente Fox va a contribuir o a obstaculizar el esclarecimiento de las desapariciones forzosas en nuestro país, no sé si con él, va a llegar el inicio de un verdadero cambio democrático, o si por el contrario quedará ante la historia como un solapador o encubridor más desde la cúspide del poder. Lo que si sé, es que para mi, en cuanto al asunto de los desaparecidos, debe tener el beneficio de la duda, hasta en cuanto no se demuestre lo contrario.
Pero ojalá que esto último no suceda, para beneficio de nuestra nación, para el logro de una cambio que traiga una verdadera convivencia democrática entre los mexicanos y para poner fin al inmenso dolor de las madres, padres e hijos de nuestros compañeros desaparecidos.
Tan doloroso como las caídas y desaparición de nuestros compañeros, o acaso más, es el olvido. No olvidemos.
David Cilia Olmos
Ex militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
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