Antes de empezar quiero aclarar que no formo parte del PRD, ni nunca he simpatizado con ese partido.
Confieso en cambio, que a últimas fechas soy militante de tiempo completo del grupo de imbéciles a quienes nuestro querido comandante Marcos acusa de estar empollando con nuestro cálido aliento el huevo de la serpiente neoliberal, ya que por nuestra avasallante estupidez no nos hemos dado cuenta de que López Obrador nos va a partir la madre a todos.
Debo confesar también que en este grupo de imbéciles somos tan tontos que cada quien habla y dice lo que considera correcto, o lo que se le da la gana, sin pedir permiso a nadie y que a diferencia del Comandante Marcos que siempre habla a nombre de los indígenas del EZLN, yo hablo estrictamente a título personal.
Pero vamos al grano. ¿cuáles son los actores sociales y políticos en conflicto en torno a la otra campaña?
Si con su tan mentada otra campaña, Marcos solo estuviera atacando al PRD, la otra campaña me tendría perfectamente sin cuidado. Pero no es así. Marcos está atacando precisamente al pueblo de México, o al menos a una parte muy significativa de este.
Existe en la vida política nacional un actor, el pueblo de México, al que Marcos desprecia rotundamente. Para demostrarlo me voy a permitir hacer un poco de historia y hablar de los antecedentes de la opción que para muchos ciudadanos representan Andrés Manuel López Obrador de cara al próximo proceso electoral de 20061, fenómeno social que es el autor directo de la candidatura del Peje. Espero con esto establecer quienes son esos seres despreciables que, según Marcos, andan, empollando con su cálido aliento el huevo de la serpiente del llamado "neoliberalismo".
Algunos dicen que el autor de la candidatura del Peje es el PRD, pero como dice mi compadre Enrique, ni que no fuéramos tan pendejos como para no darnos cuenta que los del PRD, hasta hace unos pocos meses, seguía dudando si sería el Peje o su líder moral, el Cuau-te-mochas y se daban ya no sólo con las bacinicas, sino hasta con la televisión para resolver ese enigma.
Marcos es uno de esos políticos que cree que la inclinación de una buena parte de la gente del pueblo por López Obrador ¡¡es obra de López Obrador!! y no la respuesta colectiva con la que una parte del pueblo mexicano ha venido irrumpiendo en la vida política nacional e imponiendo su sello.
El mito de que López Obrador es un mago hipnotizador de la gente, es el predilecto de los analistas de derecha e "izquierda", y lo repite sin cesar gente del nivel intelectual de Vicente Fox y Martha Sahagún, pero parecía difícil que alguien del nivel intelectual de Marcos lo pudiera retomar.
El fenómeno López Obrador, no es sino la continuación por otros medios del fenómeno que se viene observando a partir de la represión al movimiento henriquista en 1952 y en el que simultáneamente, de voz en voz, sin hacer caso a consignas de partido político alguno, el pueblo mexicano expresó su descontento al sistema supuestamente "democrático" y particularmente al PRI-gobierno, realizando durante cuatro décadas una activa abstención electoral o invalidando las boletas emitidas.
Durante 36 años la gran inundación de propaganda a favor del partido oficial, contrastaba con el rechazo consiente de la gente a la farsa electoral.
En 1976, en pleno auge de la guerra sucia gubernamental, la evidencia de que el proceso electoral en México no era más que una farsa indigesta alcanzó tal magnitud, que en esta ocasión hasta el PAN se retiro del proceso, quedando como único candidato legal José López Portillo, contando en esta ocasión, en relevo del PAN, la candidatura oficiosa, que no oficial, de Valentín Campa.
La campaña del Partido Comunista Mexicano por Campa, y la otra campaña de lo que hoy conocemos como PRT, por unas cuantas diputaciones, no alcanzaron- a conmover ni a modificar la percepción profunda que la mayor parte de la sociedad tenía del régimen dictatorial que se vivía y de la imposibilidad de cambio alguno por la vía electoral. El estado mexicano premió al PCM con su registro electoral y con la incorporación legal, en plena guerra sucia, de otros partidos presuntamente de "izquierda" como el PRT y el PMT,
Pero esto tampoco cambió esta percepción y la gente siguió dando la lucha en varios frentes, sin hacer gran caso a la farsa electoral, llegando a alcanzar altos niveles de organización en 1987, con la formación del Frente Nacional por la Defensa del Salario y las convocatorias al primero y segundo paro nacional.
Pero en esta época el ascenso del movimiento ciudadano coincidió también con fracturas en el seno de la clase dominante, los de abajo ya no querían, los de arriba ya no se ponían de acuerdo, y se dio la escisión en el PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas. Importantes sectores de la población pensaron que la fractura del partido en el poder era utilizable para enfrentar al mismo poder, y adoptaron la candidatura de Cárdenas, para agrandar esa fractura. No pensaban que Cárdenas era revolucionario, de izquierda, o que iba a acabar con el capitalismo. Ellos mismos, los sectores de la población que lo adoptaron, no se estaban proponiendo hacer una revolución social o acabar con el capitalismo, simplemente en sus circunstancias, veían la posibilidad de expresar su repudio y golpear al régimen dominante.
Así surgió lo que en su momento fue llamado fenómeno cardenista, que el mismo Cárdenas aún no termina de entender. Este fenómeno social impuso sistemas de comunicación popular, de voz en voz, y logró impactar la intención del voto de la mayor parte de la ciudadanía, de tal manera que la consigna popular de "todos con Cárdenas" logró en algunas casillas 100% de votos a favor de este, depositados en la cuenta de cualquiera de los partidos que compraron la franquicia electoral neocardenista.
Pese a su legendario colmillo, los "hábiles" políticos oportunistas, de lo que hoy es el PRD se convencieron del fenómeno cardenista poco antes de las elecciones y obligaron a Heberto Castillo a declinar a favor de Cuauhtémoc Cárdenas. Mientras que los no menos "inteligentes" de lo que entonces era el PRT, declinaron políticamente cuando ya las elecciones habían terminado y ellos habían logrado dividir y por tanto debilitar el voto anti-PRI de la población.
Otros sectores de la población, más escépticos al respecto de la existencia de democracia en México, se abstuvieron de votar en 1988, pero se incorporaron con tanta o más fuerza y entusiasmo al movimiento antigubernamental por el repudio al evidente fraude electoral orquestado por Miguel de la Madrid.
Cárdenas, interpretando mal el fenómeno cardenista, calculó que si en unos cuantos meses había logrado millones de votos, en las siguientes elecciones presidenciales, seis años después, arrasaría con todo. Así que prefirió desechar la lucha por el triunfo que le correspondía en 1988, en pos de un triunfo más contundente y menos peligroso para sus intereses seis años después.
El sector del pueblo en lucha contra el fraude electoral había depositado en Cárdenas más expectativas de las que este estaba dispuesto a llegar. Con esta indecisión, un amplio sector del pueblo percibió una falta de tamaños en Cuauhtémoc Cárdenas para enfrentar la nueva situación.
Pero no había sido por su linda cara, ni por su pedigrí, que el había sido colocado en esa situación por el pueblo. Toda época social tiene los hombres que necesita y si no los tiene, los crea. La gente, tradicionalmente usada para los fines de los políticos de derecha e "izquierda", por primera vez en este período, había invertido los términos y había aprovechado las pugnas entre políticos priístas, para expresar contundentemente su desprecio al régimen nefasto que lo oprimía. El apoyo brindado a Cárdenas era una expresión de ese descontento, pero al encontrar una respuesta tan pusilánime, este entusiasmo disminuiría, en razón directa, al nuevo posicionamiento de los políticos "cardenistas" frente al partido en el poder.
En enero de 1994, este sector del pueblo, el que creó el fenómeno cardenista sumado al sector del pueblo que sin haber votado por Cárdenas se había unido a las movilizaciones contra el fraude y el despojo electoral, fueron los que salieron a las calles para detener los bombardeos y ataques del Ejército en contra de los zapatistas.
Mientras varios de los "intelectuales" y políticos del PRD, hablaban de que el del EZLN era un movimiento muy "sospechoso", y algunos llegaron a decir que el alzamiento era una "provocación", o que era prohijado, protegido, o al menos tolerado por el mismo Carlos Salinas de Gortari y sus servicios de inteligencia, la gente, así, en esos términos, el pueblo, salió a las calles y obligó al Estado, a detener los bombardeos aéreos. Por cierto, Marcos miente en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona cuando afirma:
Y entonces que la gente de las ciudades se sale a las calles y empieza con su gritadera de que se pare la guerra. Y entonces pues nos paramos nuestra guerra y lo escuchamos a esos hermanos y hermanas de la ciudad, que nos dicen que tratemos de llegar a un arreglo, o sea un acuerdo con los malos gobiernos para que se solucioné el problema sin matazón. Y pues nosotros lo hicimos caso a la gente, porque esa gente es como decimos el pueblo, o sea el pueblo mexicano. Así que hicimos a un lado el fuego y sacamos la palabra.
En realidad la gente salió a las calles para defender al EZLN, para que se parara la represión gubernamental, pero siempre reconociendo el legitimo derecho de los indígenas zapatistas a levantarse en armas. La gente marchó a Chiapas no para pedirle al EZLN que llegara "a un arreglo" con el gobierno, como si no supiera el carácter matrero del gobierno, o como si estuviera ante un agente de tránsito, sino para, que si era preciso, impedir con sus propios cuerpos que el ejército siguiera matando indígenas. La gente, los que alcanzaron a llegar a la zona del conflicto y que de ninguna manera eran neutrales, fueron bautizados con el nombre de "sociedad civil" en la nueva lógica de quien una vez iniciada la insurrección no había calculado la respuesta de la sociedad y prefirió deponer las armas.
Vino el proceso electoral de 1994 y se generó un nuevo fenómeno de masas que fue denominado el "fenómeno Colosio".
Luís Donaldo Colosio fue ungido por Carlos Salinas de Gortari como el nuevo candidato presidencial del PRI para el período 1994-2000. El desprecio suscitado hacia su candidatura fue contundente. En los mítines de Colosio, ni los acarreados llegaban a tiempo.
Colosio fue asesinado en Tijuana. Pero aún no terminaba de dar su último latido cuando la mayor parte del pueblo de México ya había adoptado su cadáver, para expresar de nueva cuenta su desprecio al régimen y particularmente su desprecio a Carlos Salinas de Gortari.
Este fenómeno de psicología de masas, aunado al desencanto de los que vivieron el fenómeno cardenista y experimentaron la respuesta timorata de Cárdenas, aunado también a la aparición del EZLN, y aunado también a que en el primer debate entre candidatos presidenciales, Diego Fernández de Ceballos le puso una revolcada a Cuauhtémoc Cárdenas y a Zedillo, provocó que una gran parte de los votos por Cárdenas en la votación de 1888 se convirtieran en abstenciones en 1994, una parte minoritaria se convirtieran en votos a favor de la segunda candidatura de Cárdenas y otros se fueran en apoyo a la posibilidad de un PRI distinto representado por la imagen martirizada de Luís Donaldo Colosio, votos que se sumarían al voto duro o corporativo del PRI, dando como resultado el "triunfo" del PRI.
Así llegamos al año 2000, en que por un lado compite, Labastida por el PRI y como candidato de refacción de la burguesía Vicente Fox, un sujeto que dice va a sacar a los rateros de los Pinos y que va a aplastar a las víboras y tepocatas del PRI, mientras Cuauhtémoc, en su tercera candidatura, no sale de su discurso desabrido.
La candidatura de Vicente Fox logró impactar con su discurso contra el PRI en sectores medios de la población, pero una vez implantado ahí, se percibió por otros sectores más populares, la posibilidad objetiva de, mediante esa nueva candidatura, expresar el repudio al régimen.
Este fenómeno fue reconocido como el fenómeno Fox y mediante el apoyo a esta candidatura, un importante sector del pueblo de México, no organizado en partidos, logró sacar al PRI del poder luego de más de 70 años de dominación.
Cuando algunos políticos que se dicen de "izquierda" alcanzaron a ver el fenómeno de psicología de masas conocido como el fenómeno Fox, ni tardos ni perezosos decidieron cambiarse de partido o militando en el mismo partido decidieron cambiar de candidato y surgió el concepto de "voto útil", mediante el cual algunos políticos cambiaron su bandera justo a tiempo de ser reconocidos en la nueva nomina gubernamental.
No es lo mismo ese "voto útil" de los políticos, que la determinación de sectores importantes del pueblo de votar por Fox. En el primer caso, en el de los políticos, generalmente el "voto útil" les servía al menos para ver que puesto le tocaba. En el caso del pueblo el único objetivo a alcanzar, y que se logró, le pese a quien le pese, era quitar al PRI-gobierno del poder.
En ese marco, a mediados del 2001 surge el nuevo y temprano fenómenos de masas reconocido como fenómeno López Obrador. El mito de que este fenómeno fue maquiavélicamente preparado por un político súper habilidoso, es una avasallante tontería que pocos deberían compartir con Televisa. Este fenómeno social se fue gestando a partir del 2001 sin que ningún político o dueño de medio de comunicación lo percibiera a plenitud. Poco a poco en las encuestas cotidianas fueron subiendo las cifras de aceptación de AMLO mientras las simpatías de Fox iban a la baja.
AMLO crecía en las encuestas en razón directa del desprecio, ataque y burla que le hacían los medios capitalistas de comunicación, sin que los dueños de estos medios pudieran identificar a tiempo esta relación.
No fue AMLO, no fue el PRD el que ordenó o pagó la campaña en su contra, o las encuestas que terminaron resultando a su favor. Tampoco se trataba de una encuesta si y otra no, en conjunto, la tendencia de opinión favorable a AMLO era inocultable.
Ahí empezaron a tomar medidas los que tempranamente vieron a AMLO como un enemigo a vencer, en primer lugar la tribu de los cardenistas al interior del PRD con Rosario Robles a la cabeza, quien apostaba a que, quitando del camino a AMLO, la corriente cardenista quedaría al frente y la misma dinámica del 2006 la pondría a ella, a Rosario Robles Ahumada de la Colina, como candidata presidenciable ante la caducidad del líder moral de esa corriente.
Los primeros ataques contra AMLO vinieron precisamente de los funcionarios del PRD en el gobierno de López Obrador, ya que este, con su política de austeridad republicana se ganó a pulso la burla y la mordacidad de sus propios funcionarios. De autoritario y "polpotiano" no fue bajado, no tanto por los extraños, como por los propios. Pero finalmente la gente del pueblo empezó a preguntarse quien era este tipo que había logrado unificar en su contra a tantos buenos para nada en su propio gobierno.
Aunque presume de "político", en sus tratos y forma de ser AMLO resultó ser poco "político" entendida la "política" como el arte de decir lo que conviene y no necesariamente la verdad, de hacer lo que conviene y no necesariamente lo correcto, de llegar a acuerdos por encima de la congruencia personal, siempre y cuando no se den cuenta los demás. Demasiado "poco tacto" lo hizo parecer "poco político" ante los ojos de la gente del pueblo. Eso de levantarse en la madrugada a atender su trabajo lo hacía parecerse más a un simple trabajador que a un político o gobernante. Y el ser, o parecer, poco político en México, donde la mayoría de los políticos son considerados, con justa razón, como rateros y corruptos, fue sin duda uno de los elementos que le atrajo muchas simpatías entre la población.
Pero el factor determinante para contar con la aceptación, o el no rechazo de la gente, fue su postura de respeto frente a la sociedad o particularmente frente a los que votaron por Vicente Fox.
Como tempranamente lo descubriera el presidente del PAN, el atacar a Vicente Fox, Presidente Constitucional de la república, se convirtió en un deporte nacional.
En una campaña iniciada por Diego Fernández de Ceballos, no hubo en México político alguno que no bajara de pendejo a Vicente Fox.
El PRI, secundado por el PRD, denunciaron que el país estaba peor con Fox, que con el PRI, por lo que había sido una gran pendejada ponerlo en la presidencia, una gran pendejada por supuesto, de quién lo había puesto, esto es, de la mayoría de la población, pudiendo haber elegido al bueno de Labastida, según el PRI, o al bueno de Cárdenas según el PRD. El mensaje oculto de este discurso unánime de los políticos tenía destinatario: "Pueblo de México, eres un pendejo, porque pusiste a Fox en la presidencia".
El único político que no le entró a este juego, o se retiró a tiempo, fue AMLO. Si fue un frío cálculo, con miras a que no le ensuciaran la silla presidencial en la que 6 años más tarde pensaba sentarse, o fue pura sensatez, o fue una posición de honestidad o de principios, no lo sé, lo que es cierto que le atinó. Al no decir "pueblo eres un pendejo" como hacían los otros políticos, obtuvo del pueblo una respuesta distinta.
La generalización del fenómeno López Obrador, tampoco fue gracias a él, o al PRD, que hasta la octubre del 2005 no sabía si sería López Obrador, o Cárdenas su próximo candidato.
El torpedo debajo de la línea de flotación del gobierno del D. F. que significaron los video escándalos de Bejarano, Imaz, Rosario Robles, Ramón Sosamontes y los que no se vieron de Cárdenas Batel y otros, fue seguido de un ataque tan rabioso y abrumador, por parte de los medios de comunicación y la clase burguesa, los tradicionales enemigos del pueblo de México, que sin lugar a dudas, no tanto por conocer los méritos de López Obrador, sino por conocer a sus enemigos, definió a una mayoría del pueblo de México a favor de López Obrador.
Frente al pueblo de México la clase en el poder acusó a AMLO de "populista", por tomar el dinero de la nación para dárselo a los viejitos, madres solteras y personas con discapacidad. Lógicamente el pueblo sabe que estas entregas no resuelven los grandes problemas nacionales, pero sabe también que los gobiernos anteriores, y Fox, tampoco los resuelven, sino que los agrandan, y ese dinero queda en las cuentas personales multimillonarias de los altos funcionarios.
Ahora bien, la gente que expresó sus simpatías o prefirió a AMLO, y más tarde se movilizó frente a la maniobra de desafuero, ¿lo ha hecho engañado pensando –equivocadamente-- en que López Obrador tiene un determinado proyecto "de izquierda" o "antineoliberal" o "socialista"?
¡¡Por favor!! Digo, no hay que subestimar a la gente. La gente simplemente estaba expresando su descontento contra un régimen nefasto, como puede, con las armas que puede.
Cuando se vislumbró en otros momentos, por ejemplo en 1994, la opción del EZLN, una buena parte de esta gente se sumó de inmediato, al menos moralmente, a las filas del zapatismo. Si ahora la gente agregó la preferencia por AMLO a sus simpatías, no se debe tanto a un cambio de opinión de la gente, sino a que ha percibido un cambio de opinión de Marcos sobre su propia lucha y el abaratamiento que parece haber hecho esta reduciéndola al endiosamiento de lo indígena, al desarrollo de un culto a su personalidad, y al cada vez más improbable intercambio de balonazos con el Inter de Milán.
El pueblo de México ha venido a lo largo de más de medio siglo identificando con mucha claridad a sus enemigos, en cada momento ha logrado, si no imponer su voluntad, si sabotear o amargar la voluntad y la legitimidad enemiga, sin su abstencionismo claro y tajante, de voz en voz, las grandes luchas ferrocarrileras, médicas, magisteriales y estudiantiles de las décadas de los 50 a los 70´s no habrían tenido esa intensidad, puesto que se habrían desarrollado en el marco de un gobierno, quiérase o no, legítimo. Tampoco hubiera sido posible el surgimiento de una lucha guerrillera. Sin su participación durante y después de las elecciones de 1988 no se hubiera iniciado el derrumbamiento del PRI-gobierno.
El pueblo mexicano viene utilizando el método científico del ensayo y el error y una metodología de aproximaciones sucesivas, si no ha llegado a adoptar una posición revolucionaria, o "verdaderamente de izquierda" como la de Marcos, no quiere decir que no lo llegue a hacer. Hasta ahora, lo que ha avanzado es fruto de un aprendizaje colectivo, basado antes que nada en su propia experiencia y visión directa del escenario. Tal vez entre elegir una postura "peor que salinista" de AMLO y una posición de izquierda verdadera, elegiría la de izquierda verdadera, pero eso no lo podemos saber, porque en lugar de esa opción, lo único que ve el pueblo de México, o esa parte del pueblo de México, es a políticos –y ahora también a Marcos-- que le vienen repitiendo lo que otros políticos le han dicho por décadas: Eres un imbécil.
Pero la geometría del poder en México es distinta. Los de arriba se quieren joder a los de abajo. Cuando los de arriba han visto peligrar su dominación, por otros, aunque no tengan un discurso "antineoliberal" o no usen capucha y pipa, les han partido o les han intentado partir la madre.
Es evidente, que más allá de la farsa electoral que renueva cada seis años al gerente que se hará cargo de la maquinaria del Estado capitalista, los enemigos tradicionales y harto conocidos del pueblo mexicano, se han unido en contra del fenómeno de psicología de masas llamado fenómeno López Obrador. Pero no es tanto contra AMLO, como persona, si él no hubiera sido adoptado por la gente del pueblo para expresar su descontento contra el sistema, ahora ningún enemigo del pueblo lo estaría molestando. Es contra la posibilidad de que la gente tenga conciencia de su propia fuerza y reconozca en si misma, que dentro de la farsa de democracia que vivimos, es posible que una determinación coordinada de la gente, imponga, tal vez no al candidato que le convenga al pueblo, pero si, al que los enemigos del pueblo no quieren. Así odiaron antes los burgueses al abstencionismo, así odiaron a Cárdenas y así odiaron al EZLN.
Es muy fácil, cualquiera que quede como presidente en 2006 cumplirá o le intentarán hacer cumplir los intereses del gran capital, ahí no hay vuelta de hoja, pero por eso mismo, ¿Qué se quede Madrazo?, ¿Qué se quede Calderón?
Cualquiera que sea el resultado electoral de julio del 2006, en la zona del conflicto de Chiapas, los soldados, seguirán siendo los soldados, con uno o con otro presidente servirán para lo que siempre han servido: para reprimir, pero a la mejor con respecto a los paramilitares, López Obrador sólo atinaría a mandar algunos escuadrones de la tercera edad, que son su fuerza social más cercana, mientras Roberto Madrazo, o Felipe Calderón, tiene otros métodos "legales" histórica y sangrientamente demostrados.
Ciertamente, con uno u otro candidato como presidente, las cosas no cambian esencialmente, el capitalismo salvaje que por cierto, Marcos sigue embelleciendo con el maquillaje de "neoliberalismo", seguirá siendo capitalismo salvaje, pero cambiar "esa" realidad no se logra con elecciones, Marcos debería saberlo. Para lograrlo hace falta una revolución, una revolución como la que Marcos declinó, durante su arribo a la ciudad de México, mandando un mensaje, no a los de abajo, que en realidad no han querido escuchar esta parte del discurso marquiano, sino a los de arriba, en cadena nacional, por el canal de las estrellas.
No vamos a mentir, y los compañeros del CGH de la UNAM tienen los golpes de granaderos del D. F. muy frescos como para olvidarlos, y decir que en manos de López Obrador, el Estado burgués mexicano, cambiará esencialmente, es decir, que dejará de ser un órgano de represión de una clase contra las demás, pero no es lo mismo decir Pinochet, que decir Salvador Allende.
Para cambiar ese tipo de cosas y obtener la verdadera libertad, hace falta un cambio social, ese cambio social se llama, aquí y en China, revolución, un concepto demasiado anticuado para Marcos.
Sin embargo, Marcos sabe que gane quien gane la batalla por la presidencia él no perderá. Los diputados y dirigentes priístas ya se han aprestado a aplaudir la otra campaña, Fox ya se puso "a las ordenes del señor Marcos" para lo que este guste y mande y pueda transitar libremente por el territorio nacional, López Obrador incorporó como su primer punto, de sus 50 compromisos de campaña, el reconocimiento de los derechos y la cultura indígena expresados en los Acuerdos de San Andrés.
Sin lugar a dudas la elección de tal o cual candidato no resolverá mágicamente la problemática social, pero sin lugar a dudas también, el pueblo de México tiene el legítimo derecho de votar por quién se le de la gana y no son los revolucionarios los que deban venir a confundir a la población haciendo afirmaciones falsas.
Los revolucionarios, las personas de izquierda, así, sin comillas, los marxistas y todos los que en verdad luchan por un mundo mejor, no pueden pretender ponerse por encima de la gente y presumir que ellos si saben lo que conviene a la gente, mientras la gente tiene una "avasallante estupidez".
Y no se trata de que "no hay de otra", simplemente la gente tiene el derecho inalienable de votar por quien le de su gana.
Conclusiones
Marcos miente cuando dice que su otra campaña es contra todo el sistema capitalista, cuando en realidad es contra un candidato.
Marcos miente cuando identifica a López Obrador como el enemigo principal de los indígenas zapatistas, de los explotados o del pueblo mexicano.
Marcos miente cuando sostiene que en estas elecciones está en juego el futuro de México como un país neoliberal o no. Las elecciones no van a cambiar, ni pueden cambiar el carácter de clase del sistema capitalista. Un cambio real solo puede ser producto de una REVOLUCIÓN, un concepto al cual el Subcomandante Insurgente Marcos ya renunció, o al menos le da bastante "hueva".
Marcos miente cuando pretende confundir el voto ciudadano con el voto útil de los políticos oportunistas del PRD (perdonen la redundancia).
Marcos miente cuando afirma que la candidatura de López Obrador es obra de la cúpula del PRD, esos tontos hasta hace algunos meses ni siquiera se habían puesto de acuerdo y todavía andaban (andan) de la greña.
Marcos se hace el tonto cuando pretende ignorar que fue una parte del pueblo de México la que creó el fenómeno de psicología de masas llamado López Obrador, como una forma de expresar su rechazo a los dueños del capital y particularmente de los medios de comunicación.
Marcos es incongruente con todo su discurso de "mandar obedeciendo" cuando se niega a reconocer que el pueblo de México tiene derecho de elegir a quien se le de su gana como presidente de la república.
Marcos miente cuando dice que los políticos oportunistas están en el PRD o en el parlamento. Una pequeña parte de sus adherentes son políticos oportunistas provenientes de partidos igual de electoreros y buscahuesos como el PRT, pero que hoy han calculado, que es mejor para sus propios fines entrarle al negocio del guerrillerísmo pacifista y aparentar que dejan las armas que nunca han empuñado.
Marcos miente cuando dice que uno y otro candidato o partido da lo mismo para el escenario actual. Aunque Salvador Allende y Pinochet fueron ambos cabeza de un estado capitalista en Chile, en términos reales y concretos hubo una diferencia sustancial que se puede contar en más de 100 mil vidas sacrificadas.
Marcos miente cuando dice que la gente prefiere a López Obrador por que cree que es el menos malo. La gente prefirió a López Obrador simple y sencillamente por que así le dio la gana, luego de una serie de circunstancias que el propio Marcos no se ha detenido a tratar de entender.
1 Los interrogantes de la Sexta, Gilberto López y Rivas, La Jornada. Viernes 12 de agosto de 2005
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