Por David Cilia Olmos
1986. EL COMBATE DE CALLES EN LA ALAMEDA Y BELLAS ARTES
Ese primero de mayo -1986-, ya casi le salía todo a pedir de boca a los dirigentes. Ya habían mantenido algunas horas al contingente asoleándose frente al Hemiciclo a Juárez, tomando posición, cuando la consigna de marchar tomó auge y tuvieron que dejar de seguir "tomando posición".
El contingente enfiló hacia el Zócalo como queriendo avanzar por la calle de Madero, como el año anterior. Naturalmente el cerco policiaco y los agentes de gobernación convencieron a los dirigentes de que marchar hacia el Zócalo era "caer en la provocación".
Mansamente los dirigentes de la COSíNA trataron de manipular y dejar todo en un mitin 'combativo" en el Hemiciclo a Juárez, en eso andaban cuando empezó la jornada de lucha.
Eran aproximadamente las 11:45 de la mañana cuando se iniciaron las hostilidades. Mientras los cosineros terminaban de "negociar" con los granaderos y agentes policiacos, una gran parte del contingente ya se había situado frente a la puerta principal de el Palacio de Bellas Artes con miras a romper el cerco policiaco en su parte más delgada, precisamente por la calle de 5 de Mayo.
En espera de los resultados de la "negociación" este contingente fue sorprendido por una columna de granaderos y perros (valga la redundancia). La columna de granaderos entró golpeando por igual a lo más avanzado de la columna de manifestantes y a la gente que sin estar involucrada, simplemente observaba.
Espontáneamente surgieron consignas combativas y se creó un clima bastante tenso. En eso llegó un dirigente de la CoSiNa a informar que ya había "negociado" que el contingente se fuera al monumento a la Revolución. Los gritos de la masa no se hicieron esperar: "¡A un lado!, ¡A un lado reformistas!", etc. lo que motivó que el dirigente de la CoSíNa se pusiera a acusar histéricamente a la masa inconforme con la etiqueta, de "provocadores", la cantaleta de todos estos señoritos cuando las masas salen de su control.
La gente, que hasta ese momento estaba actuando espontáneamente y sin ninguna dirección no supo de momento qué hacer, sobre todo debido a que el enfrentamiento con los granaderos era inminente y en ese momento se intensificaban las actividades de los fotógrafos policiacos.
Aprovechando la ofensiva de los granaderos, el sindicalero se pudo replegar a salvo de las masas, el enfrentamiento había empezado precisamente en los momentos de confusión que provocó este "dirigente".
Pero la masa no tardó en salir de su desconcierto, con los palos de las mantas respondieron a la primera agresión y de inmediato se hizo de botellas y terrones para mantener el combate.
Fue tan tajante la respuesta proletaria, que los perros (los que caminan en 4 patas, no confundir) tuvieron que ser replegados por sus amos hasta la tercera línea de combate, ya que la lluvia de proyectiles era muy fuerte para sus nervios.
Como el año anterior, la primera ofensiva de los granaderos fue acompañada de gases lacrimógenos, que nuevamente mostraron su baja efectividad en un enfrentamiento en este tipo de terreno, no obstante, un gran número de turistas, observadores y algunos manifestantes sufrieron irritación en ojos y garganta.
Con esta primera carga de los granaderos mucha gente corrió aterrada cruzando la calle Ángela Peralta, pero se detuvo ante las primeras voces de mando.
Voces tales como "no corran", "recojan a los caídos", lograron restablecer en poco tiempo la calma perdida. El pánico había sido real ya que los granaderos atacaron salvajemente, pero el oportuno grito de "no corran" se generalizó y la gente se contuvo.
Luego de la sorpresa, la masa empezó a contestar con todo tipo de proyectiles y con muchos gritos de indignación, tales como "un saludo para Miguel de la Madrid", seguido de un alud de mentadas de madre, o mejor dicho, chifladas de madre, o "el perro que traes come mejor que tú" y otras más consignas y gritos espontáneos destacando el papel servil de los granaderos.
Más aún, después del susto hubo momentos de franca felicidad para los manifestantes. Cuando el combate se generaliza, los ánimos se levantan y sacuden cosas como las que vamos a narrar: uno de tantos proyectiles cayó a los pies de un granadero, al tiempo que un camarada grita lo suficientemente fuerte como para ser escuchado por los granaderos, con un bien fingido tono de alarma: "¡UNA BOMBA!"; no fueron necesarias más explicaciones para que nuestros prepotentes granaderos corrieran aterrados como simios (otra vez valga la redundancia) a protegerse de la supuesta bomba que no era más que un botecito de frutsi o algo así. Una feliz carcajada de burla y regocijo cundió entre manifestantes y observadores.
El combate continuaba y se mejoró notablemente la capacidad bélica de los manifestantes cuando se generalizó la consigna: "primero junten piedras, luego atacamos todos a la vez". Los policías quedaron en muy difícil situación, que más tarde se haría irresistible, cuando por primera vez del lado de los manifestantes surge una verdadera maniobra militar que está a punto de convertir el evento en un triunfo militar del proletariado sobre las fuerzas represivas.
En efecto, mientras por el flanco derecho se intensifica la ofensiva proletaria, por el extremo del flanco izquierdo surge una columna que a paso veloz y con un desplazamiento artístico avanza sin detenerse contra los granaderos poniéndolos en la más difícil situación de la jornada, obligándolos a romper su formación y a juntarse con desconcierto, sin ningún orden.
Haciendo acopio más que nada de su propio miedo, los granaderos modifican su frente de lucha orientándolo hacia el lugar por donde llegó la segunda columna de camaradas (o sea en dirección a la entrada del metro Bellas Artes que está en la esquina noreste de la Alameda), cuestión que los mete en más problemas ya que dejan descubierto su flanco izquierdo (rumbo a Av. Juárez) y de inmediato por ahí se arrecia el ataque de los manifestantes.
Si los manifestantes no se apuntaron un gran triunfo militar contra los antimotines se debió a la vacilación de muchos manifestantes, ya que podemos decir, sin ánimos de molestar a nadie, que había más "mirones" que combatientes. En parte estas vacilaciones se debieron a que los gritos destemplados de los oportunistas acusando a los compas de provocadores. [También se debió a que la mayor parte de los compañeros estaban] combatiendo espontáneamente sin una fuerza que los aglutinara (ya que eran de los más distintos contingentes y -por supuesto- no se conocían entre sí), faltó confianza para emprender acciones de mayor envergadura.
No obstante, el sólo hecho de haber puesto en apuros graves a los perros guardianes del capital fue un gran triunfo político de los manifestantes, triunfo que fue reconocido ampliamente por los granaderos con su bestial segunda ofensiva.
LA SEGUNDA CARGA DEL CUERPO ANTIMOTINES
Esta vez el mando policiaco concentró toda su fuerza y sustituyó con tropas frescas sus ya desmoralizados granaderos de la primera ofensiva. Avanzando como perros rabiosos, se ensañaron con toda persona que encontraron a su paso: turistas, vendedores ambulantes, personas que paseaban por ahí, y -por supuesto- manifestantes.
La furia por la derrota sufrida los hacia atacar con saña, varias personas fueron detenidas, muchas más sufrieron descalabros y fracturas, algunos niños fueron aplastados y pisoteados, los pasillos de la Alameda se convirtieron en laberintos de terror.
Sólo así pudieron los granaderos romper la formación de los manifestantes, pero no pudieron aplacarlos, la resistencia se dispersó, pero no se detuvo, se dieron numerosas escaramuzas por todos lados para rescatar o tratar de rescatar a los camaradas capturados. Ahí donde la policía más avanzó, más se separó de su jauría y ahí mismo fue aprovechada esta debilidad, para contra-atacar.
Ahora había más combatientes que observadores. La gente que antes sólo miraba se puso ahora realmente de lado de los manifestantes, de tal manera que aun después de un ahora la resistencia no podía ser acallada y sería hasta pasadas las 2 de la tarde cuando los manifestantes se dispersaron para evitar detenciones selectivas, dado que el área ya se había inundado de agentes secretos de todas las corporaciones policiacas y militares.
Así terminaba una de las jornadas del Primero de Mayo de 1986. En el Centenario de la gesta heroica de los Mártires de Chicago, los trabajadores mexicanos podremos hacer un breve balance: Aunque con mucha debilidad, en última instancia, no traicionamos la causa de los camaradas obreros de Chicago.
David Cilia Olmos.
Publicado en el número 20 del periódico "13 de Junio", órgano del Comité Comunista Estudiantil (CCE) de la Liga Comunista 23 de Septiembre correspondiente a julio de 1986.
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