En el centenario de la gran revolución socialista de octubre de 1917 en Rusia, una reflexión escrita por David Cilia Olmos sobre el golpe de Estado (fallido) en la Unión Soviética, en 1991, durante la época en que se caía el muro de Berlín y la subsiguiente desaparición de la URSS.
Asalto en la URSS
La lucha por la piel de oveja
Por David Cilia Olmos
Todos los medios de comunicación nos bombardearon con el nuevo eclipse[1] televisivo: el golpe de Estado en la URSS[2]. Nada más oportuno para la televisión mexicana que este evento que subió el rating de todos los medios y opacó oportunamente para el gobierno de Carlos Salinas de Gortari la embarazosa lectura de los resultados electorales[3], distrayendo al menos provisionalmente la sospecha de fraude que se confirma en la mente de muchos mexicanos.
Exactamente qué pasó, lo sabremos dentro de unos años; mientras, asistimos a una campaña que pretende inducir al linchamiento de los "comunistas", tal y como hace unos meses sucedió en Irak[4] y como en la década previa a la Segunda Guerra Mundial sucedía en Alemania.
Sumarse al linchamiento no es por supuesto una actitud sana. A lo más que nos puede llevar es a dejarnos manipular para avalar los crímenes que se avecinan a nivel mundial. ¿Qué hay detrás de este intento de golpe de Estado en la URSS?
En primer lugar, tenemos que escoger entre la siguiente disyuntiva: el putch fue preparado "sobre las rodillas" por gente cuyo oficio es hacer grandes e importantes planes, fue ejecutado con un número tal de fallas elementales que el más imbécil de los generales latinoamericanos, con todo su subdesarrollo y mendicidad intelectual, no habría jamás cometido. Estuvo dirigido con la más burda de las blandenguerías por gente que ha arribado a los más altos escalones del Estado soviético y del PCUS precisamente gracias a su habilidad para desplazar a los demás y hacer todo tipo de trabajos sucios sin el menor remordimiento o duda. Además, fue sostenido con brillante debilidad por aquellos que en ese momento tenían todo el poder militar de un país que es la segunda potencia militar en el mundo.
O bien estamos ante una obra de arte de la ingeniería maquiavélica audazmente concebida, hábilmente planificada, implacablemente ejecutada, dirigida con mano firme y resuelta, que no dejó al descuido el más mínimo de los detalles. Todo lo cual debería tener como fin.
a) Presionar a los países de Occidente para que otorguen los préstamos que le fueron negados a Gorbachov en la pasada cumbre de los Siete Grandes en Londres, donde fue tratado como un pordiosero por Estados Unidos e Inglaterra, a quienes su reciente triunfo en la guerra del golfo Pérsico[5]* se les ha subido a la cabeza escandalosamente.
b) Dar un contragolpe a los recientes avances de la tendencia de los "duros", o conservadores, al interior del Partido Comunista de la Unión Soviética, que ya habían logrado echar para atrás el proyecto de programa del partido que propuso Gorbachov e imponer un nuevo proyecto que habría de aprobarse en noviembre próximo, y que de cara a las nuevas medidas de economía de mercado, con todo el desempleo y bajos salarios que implica, han venido tomando fuerza sobre todo frente a la "cruda" que se vive en Alemania, Yugoslavia, etcétera, luego de la borrachera de des-socialización.
c) Ponderar el papel de Yeltsin y de la tendencia más pro estadounidense de la burocracia soviética sobre los "duros" y sobre el mismo Gorbachov, con miras a acelerar el proceso de privatización de la URSS y enfocando al relevo de Gorbachov por Yeltsin, que sin duda es el hombre de Bush.
Es muy difícil aceptar que un golpe de Estado en la URSS, pesa a todo la segunda potencia militar del mundo, haya sido planeado y ejecutado más burdamente que el más burdo de los realizados en cualquier república bananera. No se puede creer fácilmente que los golpistas hayan atrapado a Gorbachov y no hayan pensado en capturar a Yeltsin, que mientras incomunican completamente a Gorbachov que, empero, está conectado por línea directa mediante el teléfono rojo con Bush no hayan podido cortar las líneas telefónicas que unían a Yeltsin con todo el mundo; que a los militares se les haya ocurrido tener el control de los medios de comunicación y la agencia TASS principalmente, sólo hasta después de que todo lo que pasaba en la URSS ya estaba ampliamente difundido, es difícil creer hasta las escenas que la televisión llevó a todos los hogares: en una de ellas, un tanque avanza resueltamente contra un autobús de pasajeros atravesado en medio de una avenida, ¡y no logra moverlo, ¡teniendo que retroceder para tomar más impulso!
Las escenas truncadas por la televisión que nos presentan a una enorme multitud en torno al parlamento soviético -y que corresponden a manifestaciones anteriores en las que Yeltsin pedía la renuncia de Gorbachov mientras los reporteros informaban de un número superior a 50 mil personas, son un ejemplo claro de que hay algo oculto detrás de este "curioso" --por llamarlo de algún modo-- golpe de Estado.
Ciertamente la resultante es que los comunistas-conservadores" que proponían "volver atrás" es decir, al capitalismo monopolista de Estado, disfrazado con la piel de oveja de "socialismo" han perdido contra los que proponen un capitalismo más "clásico", más occidentalizado, sin disfraz. Pero al fin y al cabo, sus diferencias son sobre el "cómo" seguir explotando a su pueblo y "cómo" distribuirse la plusvalía de los trabajadores entre si.
Este golpe, cualquiera que haya sido su motivo o su objeto y cualquiera que sea la forma en que se instrumentó, por quién y para quién, está sentando las bases para los nuevos enfrentamientos que se darán, como en las demás naciones del Este, y que terminarán en la creación de una situación en que se dará la sincronización de los relojes de revolución de los trabajadores de este planeta.
Los dirigentes occidentales, espantados al apelar a la "democracia", a la "decisión del pueblo" a la "soberanía están llamando a escena --como dijera Marx-- a las armas que pronto se volverán en su contra. Están dando a los trabajadores elementos que se revertirán contra los explotadores de todos los países. ¡Qué bueno que armen a sus propios enterradores!
Un Pordiosero ante los 7 grandes
Aunque las primeras noticias presentaron el golpe de Estado en la URSS como un rayo en un cielo despejado, éste se venía anunciando desde dos semanas antes. Curiosamente, no fueron los dirigentes soviéticos conocidos como "duros" o conservadores los que hablaron primero de ello. Tal y como estuvieron las cosas, es difícil creer que los militares golpistas fueran los actores y no los títeres de este hecho ya histórico.
Una anécdota famosa cuenta que en un lujoso restaurante un caballero pide la hora a una dama y ésta lo pone en situación harto embarazosa al gritar muy indignada: "¡Canalla! ¡Cómo se atreve a hacer me esas proposiciones inmorales!, ¡Libidinoso, degenerado!". El hombre, sorprendido y avergonzado, se retira a su mesa bajo la mirada incriminadora de la concurrencia. Después de un rato, la mujer se acerca y le dice en voz baja: "Perdone usted, caballero, todo era una broma. Espero sinceramente que me pueda disculpar", a lo que él contesta a voz en cuello: "¡Cincuenta mil pesos por pasar la noche con usted? ¡Ni que estuviera tan bonita! Le doy diez mil pesos, si no, búsquese otro"!
A los militares golpistas les pasó como en la primera parte de este chiste, y algunos lo están pagando con el "suicidio". Tal parece que todo sucedió así: Gorbachov conspira con ellos, les da instrucciones cuando está en marcha el golpe, pone a funcionar a Yeltsin: "¡Canallas! ¡Cómo se atreven a dar golpe de Estado!".
Pero veamos cómo se gestó la situación que finalmente terminó en una caricatura de golpe de Estado. Las cuatro semanas anteriores a la crisis son bastante ilustrativas.
UN PORDIOSERO EN LONDRES
Así fue tratado Mijaíl Gorbachov en la reunión cumbre de los jefes de Estado de los siete países más industrializados del orbe: EU, Canadá, Inglaterra, Francia, Japón, Alemania e Italia, realizada en Londres a mediados de julio. Los dirigentes de estas naciones se reunieron en el palacio de Lancaster House durante tres días, y sólo después de terminar su reunión recibieron a Gorbachov para que les explicara su plan de reforma económica, no obstante que con mucha anterioridad, y por escrito, el líder soviético había solicitado estar presente en la cumbre.
Gorbachov llegó a Londres con una petición de ayuda de 10 a 12 mil millones de dólares para respaldar la convertibilidad de la moneda soviética, que en la actualidad virtualmente no tiene valor en el exterior. Pretendía que su país fuera admitido como miembro con pleno derecho del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Buscaba también lograr un compromiso claro del Grupo de los Siete en el sentido de que los recursos de Occidente no estarían encaminados a la disgregación de las repúblicas de la Unión Soviética.
De su comparecencia ante los siete grandes, Gorbachov obtuvo (de 10 mil millones de dólares solicitados) un total de 177.3 millones entre un incremento en préstamos ya otorgados y el descongelamiento de préstamos suspendidos tras los enfrentamientos en las repúblicas bálticas de enero de este año. Hablando en sentido estricto una limosna.
Respecto a su solicitud de ingreso al FMI y BM, la cumbre de Londres fue tajante: la Unión Soviética no podría recibir fondos aunque se ciña estrictamente a las recetas de cambio impulsadas por el FMI y el BM; los siete ofrecieron a la URSS una afiliación "especial", mediante la cual adoptaría la política dictada por el FMI y BM y a cambio recibiría orientación sobre cómo crear un banco central, cómo lidiar con las complejidades de la convertibilidad cambiaria y cómo establecer un régimen basado en la propiedad privada. En resumen nada.
El primer ministro japonés explicó así la actitud asumida: "No se echa agua en un tonel sin fondo". Los académicos estadounidenses plantearon: "La economía soviética es tan grande y tan dosificada (sic) que cualquier ayuda sería como tirar dinero por la cañería. Si los líderes soviéticos están preparados para elegir un programa realista que permita la rápida transformación hacia la economía de mercado, no deberá haber regalos occidentales, ni sacarlos del apuro. Occidente debe invertir recursos morales e intelectuales".
La ayuda que recibió Gorbachov en Londres de los capitalistas occidentales más pareció psicológica: lo escucharon, lo colmaron de buenas palabras y consejos... pero no le dieron ni un centavo. Aún en esa ciudad, Gorbachov declaró luego de su entrevista con Major primer ministro de la Gran Bretaña, que para el G-7 está en duda el éxito de la perestroika y que se les sigue viendo "desde el mismo punto de vista con que se nos vio durante los años de confrontación"; es decir, como enemigos. Incluso los sectores más perestroikos en la URSS declararon que Gorbachov "no pudo hacer entender a Occidente la magnitud de la crisis económica por la que atraviesa la URSS".
Los resultados de las gestiones de Gorbachov ante los Siete Grandes cayeron como una cubetada de agua fría sobre las expectativas de todo un país. A la sociedad soviética le sucedió lo que León Tolstoi narra en su "Iván el Imbécil": llegó el diablo a decirle al pueblo que ha vivido siempre en el error, que no saben nada de la economía de mercado y que él les va a enseñar "a trabajar con la cabeza" para que salgan de su miseria.
Por supuesto, toda la población está encantada con las innovaciones que el diablo va a traer; lo han colocado en un pedestal para que todos puedan verlo y él pueda demostrarles cómo se trabaja con la cabeza. Todos lo escuchan profundamente emocionados mientras el diablo con su capacidad retórica, empieza a explicarles. Pasan unas horas y el diablo sigue hablando; algunos comienzan a aburrirse y se retiran, los más interesados siguen ahí mientras transcurre el tiempo. Al cabo de un largo rato, un hombre regresa a la plaza y le pregunta a un campesino que no se ha movido de ahí: ¿Que pasó? ¿Ya les enseñó cómo se trabaja con la cabeza?", a lo que el otro contesta decepcionado: "No, aún está charlando".
De manera similar el pueblo soviético pregunta "¿Qué pasó? ¿ya salimos de la crisis mediante la economía de mercado?, ¿ya llegaron los capitales?". No, los capitalistas occidentales aún están charlando.
Sabían muy bien los dirigentes occidentales lo que esto provocaría en la URSS: la pérdida del liderazgo de Gorbachov. Entre ganar un aliado otorgándole la ayuda que necesita y derrotar a un enemigo negándosela, los siete países optaron por el segundo camino. Sabían que esto sólo ayudaría a que la crisis económica se volviera contra la política de transición de Gorbachov y facilitaría la disgregación de las repúblicas soviéticas. Apostaron por esto último, por la guerra civil y por la guerra interétnica, que debería traer como consecuencia negociar más tarde con una nación dividida y hundida en una terrible lucha de autoridad. Negocios son negocios. Bush y sus aliados estaban trabajando ya para el golpe de Estado.
La ofensiva de los "radicales"
La tendencia más pro estadounidense de los reformistas de la URSS, encabezada por Yeltsin, interpretaron los acuerdos de la cumbre de los países capitalistas como una luz verde para pasar a la ofensiva. Con la humillación y condicionante que sufrió Gorbachov en Londres, ellos se sintieron armados como caballeros para librar la batalla final de la cruzada por la occidentalización de la economía de la URSS.
Tres pasos dieron en esa dirección: el 20 de julio, Boris Yeltsin, presidente de la Federación Rusa, emite un decreto para que se eliminen, en un plazo de dos semanas, todas las organizaciones del Partido Comunista en las empresas e instituciones públicas. El 22 de julio se plantea la expulsión de la tendencia conservadora del PCUS liderada por Iván Polozkov, el 23 de julio, el periódico de los modernizadores radicales Nezavisimaya Gazeta publica el nuevo programa para el PCUS propuesto por Gorbachov, que según el vocero presidencial Vitali Ignatenko fue elaborado por colaboradores de Gorbachov y por un grupo de asesores del presidente Bush. Los modernizadores insisten en su campaña para la confiscación de los bienes del Partido Comunista, valuados en miles de millones de dólares. Para el 24 de julio, el Nuevo Tratado de la Unión ya está listo para ser firmado por 10 de las 15 repúblicas que componen la URSS, contiene un sistema en que el poder central y las repúblicas tendrán responsabilidades separadas en la recaudación de impuestos y queda claramente establecido que las repúblicas podrán y deberán controlar los gastos del centro. En este Nuevo Tratado de la Unión se dan amplios poderes a las repúblicas y se entrega a éstas la mayor parte de la industria y recursos naturales que hasta ahora venía controlando el Kremlin.
Pero es en el aspecto militar donde los modernizadores -comprometidos con la política de disgregación dictadas por Bush-- adquieren más ventaja al plantear la "federalización" de las fuerzas armadas y la entrega del mando militar a la Federación Rusa --es decir, a Yeltsin-- por ser esta república la más grande y con más peso de las 15 que conforman la URSS. El mismo 24 de julio, el presidente Bush anuncia que visitará Kiev, capital de Ucrania, en una clara intervención para alentar el movimiento separatista de ésta y de todas las demás repúblicas soviéticas; advierte además que la URSS deberá dar cumplimiento a los acuerdos de la cumbre de Londres y que tendrá que cambiar su política exterior respecto a Cuba.
Los radicales a favor de Estados Unidos trabajan sin ningún rubor por la confrontación, por la guerra, entre una transición concretada con los "duros" y una transición basada en la resultante del enfrentamiento, optaron por esto último. Los radicales "modernizadores" preparaban ya el golpe de Estado.
LOS "DUROS" CAEN EN LA PROVOCACION.
El decreto de Yeltsin que prohibió la actividad de los organismos del PCUS en las empresas públicas, logró unificar a la dirección del Partido Comunista en su contra, y a las bases del partido con su dirección. La correlación de fuerzas entre "radicales" y "conservadores" al interior de la cúpula del partido se modificó en favor de estos últimos. La dirección del partido calificó la decisión de Yeltsin de ilegal, contraria a los principios del derecho internacional y violatoria de los derechos humanos. En lugar de ser expulsados los "conservadores", como lo planteó el 22 de julio la tendencia radical modernizadora, se plantea la expulsión de los "modernizadores". El 27 de julio Alexander Yakovlev, el padre de la glasnost y teórico de la perestroika, abandona su cargo de asesor principal de Gorbachov.
Los conservadores afirman que "ha ocurrido un desastre inmenso y sin precedentes. La madre patria, el país, nuestro gran Estado, se muere, se despedaza, se hunde en la oscuridad y en la nada ... ¿Cómo pudo ocurrir que lleváramos al poder a quienes no aman a este país, a quienes se esclavizan por sí mismos a los patrones extranjeros y buscan consejo y bendición allende los mares?"
El 23 de julio se vaticinaba que, en el pleno del Comité Central de dos días después (25 de julio), Gorbachov contaría por mucho con sólo 100 partidarios de 410 que conforman el Comité Central, lo que podría significar su destitución.
Los conservadores adquieren una fuerza con la que ya no contaban, y este cambio en la correlación de fuerzas les infunde la idea de que tienen un importante papel que jugar en la nueva situación. La comisión del Partido Comunista en el ejército declara: "Estamos convencidos de que el Ejército y la Marina han de prevenir la guerra fratricida y la destrucción de la madre patria".
El 24 de julio, los conservadores instan a abolir, por anticonstitucional, el decreto promulgado por Yeltsin. El 26 de julio es definitivo para consolidar la tendencia conservadora del PCUS: aquí se da marcha atrás al proyecto de programas de Gorbachov y se concretan los lineamientos para el que habrá de sustituirlo.
GOLPE A LA VISTA.
Después de la visita de Bush a la URSS, el ala reformista --los ultraperestroikos-- desataron ya una lucha sin ningún tapujo. Ruskoi renuncia al Comité Central del PCUS y es nombrado presidente del nuevo PDCR Partido Democrático de los Comunistas Rusos. Yeltsin y demás radicales liberales habían recibido la bendición y apadrinamiento de Bush durante su visita y apuestan a todo el poder, lo quieren todo y lo quieren ya. Schevardnadze afirma que el PCUS ya no podrá mantener su unidad y que la escisión es inevitable. En Lituania, el presidente del Parlamento acusó a Gorbachov de guardar silencio sobre los crímenes cometidos por los militares, y amenaza: "En adelante va a ser diferente; quizá pediremos a todos los hombres de la república que acudan a defender su patria y no con las manos vacías".
El Nuevo Tratado de la Unión establece la descentralización de las fuerzas armadas mediante una especie de "federalización", y la junta del Ministerio de Defensa advierte que se ha ido demasiado lejos, que "defenderá el statu quo hasta el último aliento, la amarga experiencia yugoslava es una seria advertencia para nosotros". El general Surkov califica las declaraciones de Bush durante su visita de no muy respetuosas ni correctas: "El presidente estadounidense dictó sus condiciones, ello no es normal en un Estado como el nuestro poderoso aun cuando atraviese por dificultades económicas".
Para el 8 de agosto, ya está listo el programa del PCUS que desecha el presentado por GorBushov. La lucha en el interior del PCUS se hace franca y deja atrás la política de conciliábulo y consecuentación mutua, pero los conservadores, que siguen ganando terreno ante la situación creada por la prepotencia de los Siete Grandes, de Yeltsin y de Bush durante su visita, no quieren caer en precipitaciones. Mientras, la Comisión de Control del PCUS "recomienda" la exclusión de Alexander Yakovlev considerado como el padre de la perestroika y se atiene con pulcritud a cumplimiento de los procedimientos estatutarios, esperando que sea la célula de Yakovlev la que tome una determinación. El dirigente de la tendencia más Conservadora, Polozkov, es expulsado según los métodos antiguos: de un día para otro mediante una renuncia.
Al mismo tiempo, la Comisión de control del PCUS hace un llamado a los militares; los llama "a mantenerse unidos y apoyar sólidamente al presidente Gorbachov".
Hasta este momento, si alguien trabajaba para el golpe -y si a alguien le convenía eran los radicales modernizadores, que cada día perdían terreno en la opinión pública y habían logrado conjuntar al Partido Comunista en su contra, gracias al decreto de Yeltsin. El 13 de agosto, el PCUS se había unido bajo la sombra de Gorbachov, y según encuestas de ese mismo día, contaba con abrumadora simpatía frente a cual quiera de los otros líderes de la Unión Soviética, incluyendo a Yeltsin, quien no figuraba entre los primeros puestos.
Contrariamente a la idea general, no todos los soviéticos están locos por ver en su país una economía de mercado típicamente capitalista. De acuerdo con una encuesta realizada por la empresa estadounidense Times-Mirror, la mitad de los soviéticos prefiere que el Estado continúe controlando las industrias y establezca un límite a los beneficios de las empresas, sólo un 17 por ciento de la población dijo preferir un capitalismo de libre mercado, mientras un 46 por ciento dijo preferir el socialismo al capitalismo.
Sólo un milagro podía salvar a los radicales modernizadores del retroceso que causó el abandono del G-7, la prepotencia de Yeltsin, las bravuconadas de Bush, la creciente tendencia a la disgregación del país por los movimientos separatistas y pugnas inter étnicas, y la grave crisis de las economías de Europa del Este, recién convertidas al "Libre Mercado".
Yablinski, ex sub primer ministro de la Federación Rusa, plantea la situación de la siguiente forma: "Los opositores de la democracia y de la economía de mercado están perpetuando las instituciones que representan a la autoridad: el ejército, la KGB, fuerzas de seguridad interna, el aparato del gobierno central y los cuadros del Partido Comunista. No se puede esperar que estos individuos renuncien voluntariamente a su poder. En lugar de ello, deberíamos esperar provocaciones, incluyendo el uso no autorizado de la fuerza contra los gobiernos constitucionales, como sucedió recientemente en Lituania".
Y, curiosamente, el milagro esperado ocurrió tres semanas después, materializado en un torpe y burdo "golpe de Estado". Los modernizadores, los ultra perestroikos, los pregoneros de la economía de mercado como la panacea para la solución de todos los problemas de este mundo, se habían salvado.
Un golpe de Estado que nunca lo fue
Nada más tonto para los conservadores soviéticos que intentar arrebatar un poder que no necesitan: la presidencia, puesto que está, desde el último Pleno del Comité Central, se encuentra bajo su influencia y cuando los acontecimientos venían evolucionando a su favor. Claro que en la geo-política y sobre todo en la bio-política de la URSS no hay nada escrito, pero era tan obvia la tendencia favorable para los comunistas conservadores que no podía de ellos esperarse un golpe.
Pero había dentro de la evolución de los acontecimientos un asunto que de consumarse significaría un paso adelante para los radicales modernizadores: el Nuevo Tratado de la Unión, que si bien había sido concebido, elaborado y concertado mientras la tendencia radical modernizadora tenía la sartén por el mango, iba a ser firmado cuando ya la correlación de fuerzas se había modificado a favor de los Conservadores.
De acuerdo con el parecer de estos conservadores, el Nuevo Tratado de la Unión (NTU) debería reflejar la nueva correlación de fuerzas, particularmente lo relacionado con las fuerzas armadas donde los duros querían echar para atrás la "federalización" de las mismas. Esto no podía significar otra cosa más que la disgregación de la URSS y su adentramiento de lleno a una situación que necesariamente desembocaría en una guerra civil. Así sucede en la actualidad en Yugoslavia, donde las repúblicas que componen la federación se enfrentan ya con las armas en la mano. Había pues que aplazar la firma de NTU para renegociar estos aspectos, había que impedir que se firmara el 20 de agosto como estaba previsto, pero la única forma de lograrlo sin violentar el proceso era utilizar un pretexto.
Todo debería salir bien para los conservadores, según sus muy alegres cuentas Gorbachov se "enferma", la firma se aplaza, se vuelve a negociar el asunto de las fuerzas armadas y ahora si se firma. Gorbachov, por supuesto, era parte del plan.
Desde el 25 de julio, estando en absoluta minoría en el Pleno del Comité Central, había aparentemente logrado que todo el partido se unificara en torno a él y aceptara su proyecto de Programa elaborado bajo las instrucciones de Bush. Pero tras la imagen de un partido unificado en torno suyo, teníamos a un Gorbachov que se unificaba a la nueva mayoría conservadora y pactaba con ella para sobrevivir. Tras la aceptación "en principio" del programa GorBushov para el Partido Comunista como base de la discusión, estaba su absoluto rechazo y su sustitución por exactamente su contrario.
Y junto con la mayoría conservadora establece el mecanismo de retardo de la firma del Nuevo Tratado de la Unión: el presidente está enfermo y no puede cumplir con sus funciones; no puede por tanto firmar el Tratado... y en lo que se alivia, vamos renegociándolo.
¿Cuál es la primera medida de todo golpe de Estado? No hay un solo "cuartelazo" en los últimos siglos, en cualquier país, que no haya empezado por la disolución del Parlamento, por la supresión de todos los órganos de gobierno de la república. No hay tampoco ningún "golpe de mano" que no haya tomado como una de sus primeras medidas militares capturar a los líderes de la tendencia contraria, a todos, y las más de las veces con todo y su familia. La toma de las instalaciones del gobierno, y en especial las comunicaciones, son de primordial importancia. ¿Cuándo se ha visto que una junta golpista, en lugar de tomar todos los centros neurálgicos de la comunicación y emita sus comunicados y disposiciones, cite a una conferencia de prensa y conteste a las preguntas de los reporteros? Nunca, y estoy convencido que esto ni en un cuento de hadas puede llegar a suceder.
Cuando, luego del fracaso del "golpe de Estado", Gorbachov se presenta a los medios de comunicación bajando del avión que lo trajo de Crimea donde supuestamente estaba preso una de las primeras preguntas que se le hicieron fue: "¿Cómo se explicaba que durante el golpe los satélites espías de Estados Unidos no hubieran podido detectar ningún movimiento de tropas, tan característico en eventos de esa naturaleza?" Gorbachov contestó "Estaba lloviendo".
Lo cierto es que a pesar de la leyenda que se ha creado al respecto, todos los medios de comunicación han coincidido en reportar que alrededor de 100 mil personas, como máximo, se movilizaron en torno de Yeltsin activamente. Sin embargo, aun cuando fueran muy combativos, el ejército soviético puede concentra en minutos una cantidad muchas veces mayor y hasta cargándolos podían haber retirado a los manifestantes.
Gorbachov jugó con dos cartas: echó a andar una maniobra para aplazar la firma del Nuevo Tratado, y una vez en marcha, echó a andar a Yeltsin; en cualquier caso era el centro y no ninguno de los extremos el que saldría fortalecido. Pero no contaba con que Estados Unidos no está apostando al cambio, sino a la disgregación de la URSS. No quieren un país capitalista como ellos, sino uno doblegado ante ellos, les aterra la idea de entrar en competencia en igualdad de condiciones con una nación que, además de ser la más grande de la Tierra, cuenta con la mayor infraestructura económica y la más numerosa mano de obra calificada. Gorbachov no tomó en cuenta que a pesar de sus declaraciones, los capitalistas occidentales ya no estaban apostando por Gorbachov, sino por Yeltsin, la vía rápida, la fast track hacia el capitalismo clásico… y hacia la disgregación y la guerra civil.
Lobo disfrazado o lobo sin disfraz
¿Qué está exactamente en disputa entre las dos tendencias? Aparentemente unos quieren "mantener el socialismo" y otros quieren que la URSS se convierta en un país capitalista. Conservadores unos y "radicales" reformistas otros, se empeñan en una lucha que ya reporta sus primeros muertos. Pero al fin y al cabo ¿es la URSS realmente un país socialista?
Sólo los que desconocen hasta lo más elemental de la teoría marxista pueden afirman que la URSS es un país socialista o que lo era hasta antes de la perestroika.
A principios de la década de los setentas. Ignacio Arturo Salas Obregón y otros teóricos de la Liga Comunista plantearon luego de un profundo análisis económico marxista que la URSS era un país capitalista en el que regía la explotación de los trabajadores y la dictadura de la oligarquía. Todos los teóricos de la izquierda tradicional contestaron indignados. ¡Anti partido, anti socialista, anticomunista, enfermo! Hoy todos esos intelectuales, sin ningún recato, han abandonado sus santas posiciones socialistas y han descartado la posibilidad del comunismo. Pero a pesar de que Ignacio Arturo y muchos otros teóricos del movimiento revolucionario en México están desaparecidos, prisioneros en una cárcel clandestina de nuestro "moderno" Estado mexicano, su análisis respecto de la URSS se ha venido a confirmar rotundamente.
Ciertamente, la URSS y sus otrora satélites de Europa del Este no eran un capitalismo "clásico", como estamos acostumbrados a conocerlo. Por ejemplo, en la URSS no encontramos un propietario individual de las fábricas y empresas, sino un grupo de propietarios de todas las fábricas y empresas de la URSS. Algunos han llamado a esta clase "la nomenklatura" otros "la burocracia".
Tenemos ante nosotros no una suma de burgueses individuales que detentan el poder, sino un burgués colectivo que detenta todos los medios de producción y de cambio, y que se apropia de la plusvalía generada por el trabajo excedente de los obreros.
Cada obrero en la URSS no tiene "el privilegio" de trabajar para un patrón particular; su patrón es todo un aparato de Estado formado por funcionarios, líderes de partido, líderes sindicales y directores de empresas, funcionarios militares, etcétera.
El socialismo de los "comunistas" de PCUS se parece tanto al Socialismo Científico de Marx, como la vida del Papa a la de Jesús. Fuera de la liturgia tradicional y de repetir dogmas mientras se practica lo contrario, ambas cosas son diametralmente distintas.
Todos los fenómenos de la crisis actual por la que atraviesa la URSS, no son sino los síntomas clásicos del capitalismo. La ley de la máxima ganancia que lleva a los capitalistas a invertir en la rama de la producción que les reditúe la máxima tasa de beneficios y no en lo que la sociedad necesita han conducido al país que cuenta con la máxima extensión territorial y la mayor infraestructura agrícola a un desastre de tal magnitud, que en el invierno pasado prácticamente el pueblo no tenía qué comer. Todas las demás leyes del capitalismo se cumplen inflexiblemente.
Pero llegó un momento en que la explotación de los trabajadores convertida en enormes ganancias, materializada en una gran masa de capital que no podía ser reinvertida con libertad, no podía ser disfrutada por la oligarquía de la URSS sin entrar en una contradicción abominable a primera vista con el "socialismo" pregonado. Así que debió hacerse a un lado ese parapeto con el que los "comunistas" de la URSS explotaban y aun explota a los trabajadores soviéticos.
Hay un consejo único que dice: "Si tu vicio afecta tu trabajo, deja.. tu trabajo".
Los "comunistas" soviéticos lo entendieron así: "Si el socialismo afecta tus ganancias -o no te deja disfrutarlas plenamente o reinvertirlas-... deja el socialismo". Y al proceso le llamaron "Perestroika.
Las diferencias que han surgido en los últimos tiempos en el seno de la oligarquía soviética, luego de casi seis años de una placentera luna de miel comunistas-perestroika, son sobre cuánto de la reprivatización le toca a cada cual y también sobre si lo más conveniente es que la oligarquía de la URSS se mantenga como una independiente o si, por el contrario debe subordinarse a la de Estados Unidos.
En esta lucha, los unos acusan a los otros de que se oponen al cambio, a la reprivatización, y los otros arguyen que están "defendiendo el socialismo".
Unos luchan por desprenderse de la piel de oveja del socialismo que les impide marchar hacia el capitalismo "clásico con la rapidez que quisieran, y otros quisieran no desprenderse del todo de ese disfraz que tan buenos servicios les ha prestado para engatusar a los trabajadores durante las últimas décadas. Ambos pelean en realidad por la parte del capital acumulado y de plusvalía viva que les tocará en el reparto.
Por eso, al arribar a este punto, si tuviéramos que inclinarnos por uno o por otro bando, nos veríamos como dice Lenin en un verdadero aprieto, a nuestro juicio, los dos son peores.
¿La muerte del comunismo?
Mueven a risa las declaraciones apresuradas de Bush y sus congéneres capitalistas reaccionarios, quienes con la mayor candidez dan por muerto y enterrado al "comunismo", confundiendo sus deseos miserables con la realidad. En cambio, causa un poco de pesar que, tras la gritería de los capitalistas occidentales y sus agentes en Rusia, mucha gente se ha confundido (o ha acabado de confundirse) y ha perdido de plano las perspectivas de un mundo mejor.
¿El comunismo ha muerto en Rusia? Efectivamente, en la URSS ha muerto algo pero sólo los que nada saben de lo planteado por Marx pueden creer que ahí ha muerto el comunismo. Lo que ha comprado a un buen precio su certificado de defunción, es sin lugar a dudas el capitalismo monopolista de Estado en general y el capital monopólico estatal de la URSS en particular, la fase superior y última del capitalismo.
Marx planteó que la libre competencia trae consigo la concentración de capital, y ésta la dominación de los monopolios. Éngels afirma que al llegar a una determinada fase de su desarrollo, el Estado --como representante de la sociedad capitalista-- tiene que acabar haciéndose cargo del mando de la producción y cuantas más fuerzas productivas asuma su propiedad, tanto más se convertirá en un capitalista colectivo real y tanto mayor cantidad de ciudadanos explotará. Los obreros siguen siendo obreros asalariados, proletarios; las relaciones capitalistas, lejos de eliminarse se agudizan (Anti-Düring, ed. Cultura Popular, Pág. 270). El siglo XX ha sido testigo de este proceso y Rusia --luego del socavamiento del poder conquistado por la clase obrera-- no fue una excepción.
¿En qué momento el poder de la clase obrera fue arrebatado por la nueva burguesía surgida del Partido Comunista? ¿Cómo se dio ese proceso? ¿Por qué el proletariado no pudo seguir detentando el poder conquistado durante la Revolución de octubre? Son asuntos éstos que no pueden ser explicados en unas cuantas líneas, pero las pruebas de que esto es así están al alcance de todos los que tengan ojos para ver.
La nueva burguesía soviética consolidada a mediados de la década de los treinta, tergiversó los planteamientos básicos de Marx y Engels, sustituyó la consigna "Todo el poder de los Soviets" por la consigna Todo el poder al partido reemplazó el concepto de "dictadura del proletariado" por el de "dictadura del proletariado y su partido", donde ellos por supuesto eran "el partido". En lugar de las experiencias extraídas de la Comuna de París sobre el pago a los funcionarios del Estado con el salario medio de un obrero calificado, optaron los funcionarios "comunistas" por pagarse el sueldo medio de un gran burgués, se sirvieron con la cuchara grande de la riqueza generada por los trabajadores soviéticos y más tarde de los países bajo su influencia.
La burguesía, "comunista" soviética se convirtió en una oligarquía; impuso una economía "central planificada" que nada tiene que ver con el socialismo y convirtió el país de los soviets en una dictadura del capital monopólico estatal.
Comparado con el desarrollo capitalista clásico, el capital monopólico estatal --por su alto grado de concentración-- es de un mayor dinamismo; la fase monopólica estatal trae consigo una fuerza colosal y un desarrollo mucho más acelerado. Tan superior es que a diez años de terminada la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética se convertía en la segunda potencia industrial del mundo (en algunas ramas la primera), pese a que la casi totalidad de sus industrias, caminos, puentes, presas minas, en fin, su estructura e infraestructura económica, había sido destruida por los invasores nazis, y millones de sus mejores hombres habían sido asesinados por los fascistas alemanes.
Luego del conflicto, el capital monopólico estatal fue creciendo en todos los países capitalistas y se consolidó como forma dominante en la URSS y otras naciones del mal llamado "mundo socialista". Con más rapidez que el régimen de monopolios privados, el régimen de economía central planificada (es decir la forma oriental del capitalismo monopólico estatal) engendra al mismo tiempo más apresurada y profundamente las contradicciones inherentes al capitalismo, y hace inconmensurablemente más catastróficas las crisis cíclicas que el modo de producción capitalista acarrea de manera natural. Lo mismo sucede en los países que sin ser de economía "central planificada" han tenido un alto grado de desarrollo en su capital monopólico estatal. La última crisis financiera mundial da perfecta cuenta de ello.
Cuando, luego de la crisis mundial de la década de los ochenta, las oligarquías de todos los países constataron la magnitud del problema en que se habían metido debido a tan alta concentración de capital, se dio un proceso a nivel mundial de "desnacionalizaciones", que se inició en Inglaterra, siguió con China y Estados Unidos y sus países satélites -como México--. La tendencia a des-nacionalizar, des-incorporar, des-estatizar y re-privatizar, cundió en todo el mundo capitalista como hongos después de la tormenta. La crisis financiera subsecuente a la petrolera mostró a los gobiernos en qué iba a parar el capitalismo monopólico estatal. Los gobiernos sacaron del diván de los recuerdos las viejas teorías de la caduca y rebasada época de a propiedad privada individual y de la inversión particular de capital. En México se sustituyó el discurso de "nacionalismo revolucionario" por el de "modernidad".
Pero en la URSS, los oligarcas del Estado soviético estaban engolosinados con la glasnost y dejaron para después el reacomodo de las políticas económicas (lo cual no sucedió en China), la crisis provocada por la producción monopólica estatal llegó sin que éstos pudieran poner a salvo la maquinaria del Estado. Se ha arribado a una crisis política sin precedente, que necesariamente va a derivar en una situación revolucionaria; los de arriba ya no pueden gobernar, y los de abajo ya no quieren ser gobernados por quienes hasta la fecha sólo los han explotado y ya ni siquiera les pueden garantizar una vida miserable.
Es el capitalismo monopólico estatal el que ha muerto y ya apesta en Rusia. No lo mató Yeltsin, ni las intrigas y afanes de los títeres pagados por los servicios secretos de Estados Unidos. Ha muerto merced a sus propias contradicciones.
El repudio de las masas trabajadoras soviéticas a esta forma de organización de la sociedad es lógico y natural, si este repudio legítimo empalma con el viejo discurso anticomunista de los mentecatos capitalistas, es también un fenómeno entendible. Cierto que causa indignación ver a un puñado de enajenados destruyendo los monumentos a Marx, pero ¿qué saben de Marx esos imbéciles? Marx es mucho más que un monigote de piedra. Este prodigio es coyuntural y desaparecerá en cuanto los soviéticos "disfruten" las mieles del capitalismo clásico, tal y como lo están "gozando" para su pesar los pueblos de Alemania Democrática y Polonia donde lejos de mejorar, los trabajadores sólo siguen escuchando discursos de sus nuevos y flamantes dirigentes capitalistas.
Por otro lado, no son las masas en su conjunto las que cometen este tipo de groserías, sino los lumpen allegados a los Yeltsin que están ansiosos por lamerle las botas a un burgués "auténtico", ya que ellos mismos jamás serán capitalistas.
La estrella de la esperanza -como dice la canción- continuará siendo nuestra. La división del gran capital del monopolio del Estado, su privatización o venta a los extranjeros, no suprime la base sobre las que descansa. Consecuencia de ello será que sucumba a las leyes del capital y se trueque de nueva cuenta en una nueva y ahora mayor crisis económica en la que --ahora si-- los capitalistas no tendrán un Marx a quien echarle la culpa.
Son sólo ilusiones las de dar marcha atrás al capitalismo, retroceder de su fase monopólica estatal a su fase de "libre competencia". Por mucho que lo intente, la tendencia hacia la concentración siempre los llevará hasta esta fase última de manera natural. Es una utopía que con la bancarrota del capital monopólico del Estado soviético el comunismo esté muerto. Mientras existan clases existirá la lucha de clases, y la lucha de clases siempre nos llevará a un estadio superior en el desarrollo de la humanidad, hasta que ésta como tal, salga de su prehistoria y se inaugure la nueva época prevista por Marx.
Dejemos que los cadáveres vivientes del capitalismo occidental entierren con fiesta a sus congéneres del capitalismo "comunista". Ya vendrá el tiempo de enterrarlos a todos juntos.
Escrito en agosto de 1991, en el Reclusorio Norte de la ciudad de México por David Cilia Olmos, militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Publicado en la revista COMO, en 6 entregas que vieron la luz entre septiembre y noviembre de 1991.
[1] El 11 de julio de 1991 se produjo un eclipse solar total que atravesó México y tuvo una duración récord de 6 minutos y 53 segundos. Este eclipse fue lo suficiente pregonado en los medios de comunicación para ocultar el gran descontento social por el fraude electoral cometido por el gobierno federal 4 días antes.
[2] Entre el 19 y 21 de agosto de 1991 tuvo lugar en la URSS un intento de Golpe de Estado, en el que miembros de la llamada "línea dura" del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) intentaron infructuosamente tomar el control del país, los hechos contribuyeron al colapso de la URSS.
[3] Las elecciones federales de 1991 se realizaron el domingo 7 de julio de ese año. En la semana del 19 al 23 de agosto deberían darse a conocer los resultados oficiales. Por ser las primeras elecciones federales después del gran fraude electoral de 1988 había gran expectación de la sociedad en los resultados. Finalmente el PRI volvió a "ganar" con carro completo con el 58.47% de los votos, mientras los demás partidos, salvo el PAN obtuvieron todos una cantidad inferior que los votos anulados a nivel nacional. Se confirmó pues el nuevo fraude gubernamental.
[4] Desde que llegó al poder Saddam Husein fueron asesinados de tres a cinco mil comunistas de una lista suministrada por la CIA. La persecución a los comunista en Irak se mantuvo durante la llamada Guerra del Golfo Pérsico de Estados Unidos contra este país.
[5] La guerra del Golfo fue una invasión liderada por Estados Unidos contra la República de Irak en respuesta a la invasión de Kuwait. Tuvo lugar del 16 de enero al 28 de febrero de 1991. Estados Unidos y sus aliados reunieron un ejército de 959 mil 600 soldados, 2000 carros de combate, 100 barcos de guerra y al menos 1800 aviones, y provocaron la muerte de más de 30 mil irakies. Aún así no pudieron derrocar en ese momento a Saddam Hussein.
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