Una marcha de dos cabezas
Finalmente se llevó a cabo la primera marcha en la historia del país citada por Morena en apoyo a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.
Nunca antes se había visto un gesto de esta naturaleza, pues antes lo que era típico escuchar de todos los militantes de la izquierda "tradicional" eran las palabras “Condenamos enérgicamente la represión pero nos deslindamos de los hechos…” cuando las cosas se ponían color de hormiga, y a lo más que habían llegado en el pasado era a “exigimos se inicie una investigación”.
Pero ahora se había decidido a hacer algo concreto, movilizarse de todas partes del país y realizar una marcha a la capital, aún cuando en términos reales eso le estaba ya costando una devastadora campaña del Canal de las Estrellas, Televisión Azteca y demás medios de comunicación del capital, en el que acusaban a Morena de estar apoyando a “delincuentes”.
El hecho histórico entonces no consistió en que fuera grande o chica la marcha (fue grande), o que se hubieran concentrado grandes contingentes de todo el país, sino que dirigentes de Morena se atrevieron a hacer algo concreto en contra de la represión a los normalistas y el magisterio, aún cuando la dirigencia política del magisterio y del movimiento por la presentación de los desaparecidos de Ayotzinapa no coincidían con la dirección del movimiento encabezado por Andrés Manuel López Obrador.
El otro hecho histórico fue que aunque el recelo de los seguidores de Morena respecto a quienes encabezan políticamente al magisterio siempre había estado, nunca habían citado a sus contingentes a marchar en sentido contrario unos de otros. Esto es, aunque no estaban de acuerdo, cuando unos citaban a marchar en el punto A los otros citaban en el punto Z, lo más alejado para que no fueran a perder su virginidad político-ideológica.
Pero esta vez, para llegar a los respectivos destinos que se habían fijado las dos marchas tendrían que andar por el mismo Paseo de la Reforma, a la misma hora, pero en sentido CONTRARIO.
¿Se preveía un choque de trenes? Si esto fue una obra de alguna mente siniestra, ganas de chingar de uno o de los dos bandos o simple descuido de las dos partes nunca lo sabremos. El hecho es que siendo las 13:40 la marcha en la que coincidían los simpatizantes de AMLO, con los ilustres militantes del movimiento magisterial que había iniciado apenas unos minutos antes, fue detenida completamente pues ya no se podía avanzar más.
¿Qué es lo que estaba sucediendo? Se preguntaban los de atrás de esta marcha. ¿Será que la Policía ya puso una barrera? ¿Será que el cuerpo de granaderos de Mancera nos detiene para que no entremos a SU Zócalo prohibido?
Nada de eso. Una barrera impenetrable de unas 100 mil personas que estaban expresando su solidaridad con los 43 desaparecidos de Ayotzinapa ocupaban el Paseo de la Reforma de pared a pared.
Así que la combativa manifestación, no menos combativa que la otra, pero tampoco más, tuvo que esperar pacientemente a que la vía se despejara para poder avanzar hacia el destino propuesto.
Algunos de los manifestantes "ultras" aprovecharon el tiempo de espera para ronronear e incrementar su odio natural no hacia el gobierno del PRI, ni hacia su policía federal que recientemente había asesinado impunemente a los habitantes de Nochixtlán, sino hacia los integrantes de MORENA por la acción de apoyo que les estaban brindando pues según su propio razonamiento: “Seguramente se quieren montar en el movimiento”. Por su parte la gente de Morena, sin darse cuenta de los resquemores e incomodidades que sin saberlo causaban en el otro contingente, seguían escuchando a sus dirigentes.
Cuando el evento terminó la gente empezó a caminar, algunos rumbo al metro, ya no en marcha, sino de manera individual y entonces las y los participantes de las dos marchas se encontraron caminando sobre la misma avenida y en la misma dirección.
Entonces se dejaron ver el brillo de las miradas de rencor de los "ultras" hacia los simpatizantes de Morena, pero por más que estos buscaban con la mirada un ejemplar digno de mentarle la madre aunque fuera en la imaginación, no encontraban a nadie, todos los que caminaban junto a ellos eran muy parecidos a ellos mismos, es más, las pancartas que traían eran en algunos casos idénticas a las que ellos llevaban. No obstante, no faltó una voz rencorosa que dijo a sus compañeros:
--Míralos, ni siquiera son combativos.
Parecía verdad, pero lo cierto es que los caminantes ya no estaban en una marcha, sino simplemente rumbo a casa con sus pancartas y consignas enrolladas.
Poco a poco las miradas se fueron encontrando y surgieron consignas espontáneas de los caminantes:
¡No están solos, no están solos!
Solo los más ilustrados de los "ultras" pudieron vencer la tentación de responder, pero a los demás se les hizo un nudo en la garganta y empezaron a gritar consignas coincidentes y empáticas. Y así siguieron cada cual su camino.
Estudios clínicos posteriores demostraron que pese a la sobre exposición de miradas, encuentros, consignas conjuntas e incluso contacto físico en las calles de Reforma entre los contingentes de los moderados de Morena y los llamados por los medios de comunicación del capital “ultras” del magisterio, ningún virginal himen político o ideológico resultó dañado con la filmación de esta película.
Ciudad de México 28 de junio de 2016
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