sábado, 2 de abril de 2016

La redada del 4 de abril (Testimonio de Genaro Olivares)

GENARO OLIVARES AGUIRRE
Fui detenido como a las 4 de la tarde en un edificio frente al Hemiciclo a Juárez (La Trilla) junto con un compañero (José Guadalupe Emigdio Berrocal).
Al entrar al despacho donde nos detuvieron, nos preguntaron a qué íbamos, nos revisaron todas las cosas que llevábamos y a nosotros nos revisaron también, pero al hacerlo nos separaron poniéndonos de pared a pared. Yo estaba mirando de frente cuando a él lo voltearon contra la pared y le sacaron una foto, lo vieron de perfil y uno de los agentes movió la cabeza dando a entender que él no era.
Posteriormente llegó una señorita, cuando ella tocó la puerta luego luego cortaron cartucho algunos de los agentes, abrieron la puerta y la hicieron pasar, entonces la sentaron en una silla atrás de un escritorio, preguntándole que a quién buscaba, que no se hiciera pendeja, porque ellos sabían de sus hijos, que dijera donde estaban, no sé si se referían a sus hijos o a otras personas que buscaban y ella les decía que no sabía de qué le hablaban, que únicamente iba a buscar trabajo.
A mi compañero y a mí nos empezaron a preguntar y esculcaron en mi morral, me preguntaron que a qué íbamos, “a picar un esténcil” les dije, pues tenía unos esténciles en la mano, y algo de temor porque entre mis cosas cargaba una “táctica” ellos revisaron y no me la encontraron. Aún así tal parecía que no me creyeron lo de los esténciles, pues también le preguntaron a mi compañero y él les dijo lo mismo: “para sacar un volante para el Curso Social de la Preparatoria Popular Tacuba.”
Como que buscaban algo más que esto. Tal parece que todo estaba preparado, porque cuando entramos al edifico se notó muy solo, luego cuando entramos al elevador, entraron dos o tres agentes, cuando quisimos reaccionar ya era muy tarde, al salir del elevador, ellos también bajaron. Cuando tocamos, abrieron y nos pasaron, ya otros agentes se encontraban dentro del cubículo y otros desde afuera viendo quién entraba para agarrarlo.
Una vez que nos detienen, a la señorita, a mi compañero y a mí, los agentes piden una unidad para que nos trasladen, diciendo uno de ellos: “parece que tenemos que chingarnos toda la noche”. Nosotros sin saber a donde nos iban a trasladar, nos sacan y nos meten a un Dart K guinda, nos suben atrás con dos agentes enfrente y otros dos atrás, cuando nos dimos cuenta nos habían llevado a la Médico Militar, donde cerca de las 5 de la tarde nos ingresaron a los separos. Desde esa hora hasta como las 12 de la noche cuando nos sacaron a declarar. Antes de eso se encontraban todas las celdas llenas de hombres, mujeres y niños, que poco a poco los fueron sacando hasta que fuimos quedando unos pocos, cuando sacaron a mi compañero para declarar.
Tardaron como 30 minutos más para sacarme a mí. Cuando me sacaron a declarar mi compañero estaba a mi derecha como a unos 5 o 4 metros. Los que estaban tomando la declaración me dijeron que ya dijera todo lo que sabía porque mi compañero ya había declarado.
Me empezaron a preguntar que qué sabía respecto a un robo que se cometió en el C.C.H. Sur, yo les respondí que no sabía, que desde cuándo lo conocía (a Berrocal)
-Desde hace mes y medio.
Nos preguntaron por otros robos: mencionaron el de una tienda del ISSSTE y yo les dije que no sabía, mi declaración duro como 15 minutos.
Nuevamente me regresaron a una celda, mi compañero ya no estaba ahí, también lo habían cambiado de celda.

RUMBO A...
El día 5 de abril, como a las 12:00 del día nos sacaron y nos pasearon por la calle hasta llegar a una camioneta en la cual nos subieron y nos hicieron agachar la cabeza, después de unos 10 o 15 minutos se paró la camioneta y volvió a caminar cuando nos vendaron los ojos. Luego de entre una hora y una hora tres cuartos de camino, se paró la camioneta, pero antes, como a la hora y media tomó una carretera de asfalto y como un cuarto de hora en terracería.

LA CARCEL CLANDESTINA
Cuando se paró, escuchaba que movían tambos, como si estuvieran vaciando agua de un lugar a otro, después de tres cuartos de hora o una hora me bajaron a mí primero de la camioneta. Sentí el cambio de temperatura, algo fresco, como unos cuartos o una casa.
Cuando me metieron a los cuartos me dijeron que me volteara, yo sentí la pared enfrente de mí, hicieron que me despojara de mi ropa, uno de ellos me condujo dos o tres metros hasta que pisé hule espuma, hicieron que me acostara en una tabla, cuando me acostaban me dijeron que entonces vería que sí iba a hablar. Una vez acostado me empiezan a vendar todo el cuerpo quedando algunas partes descubiertas, plantas de los pies, muslos, testículos. cuello, cabeza (excepto los ojos que nunca me quitaron las vendas durante la tortura).

EMPIEZA EL INTERROGATORIO
Me empezaron a golpear en el estómago y en el pecho, me preguntaron que qué sabía con respecto a los vigilantes que habían matado de La Jornada, de asaltos de bancos de Sonora y en el Estado de México, cuando les dije que no sabía de qué me estaban hablando, me volvieron a golpear y después alzaron la tabla inclinándola, tocando mi cabeza con el agua. Me bajaron, me pusieron un trapo en la boca y en la nariz, uno se subió sobre mis brazos, yo teniéndolos amarrados pegados con el pecho, otro me agarraba de la cabeza para que no me moviera boca arriba, otro golpeándome y el otro echando agua hacia el trapo que cubría mi boca y mi nariz, yo sintiéndome ahogar, durante dos o tres minutos echándome agua, luego me pegaban en el pecho y en el estómago, me quitaban el trapo y me volvían a preguntar, que qué sabía con respecto al periódico Madera, yo les dije que no sabía, que lo único que sabía era que habían destruido su cuartel en Ciudad Madera. Me preguntaron que qué más sabía, yo les dije que no sabía más, que eso lo había leído en unas hojas que encontré en la Facultad de Ciencias.

Después de que me volvieron a pegar y aplicaron otra dosis de agua, me preguntaron por diferentes nombres entre ellos el de “David” y “Marín”, yo les dije que no sabía, que nunca había conocido a personas con esos nombres

-Ahorita vas a ver como sí conoces.

Empieza otra dosis de agua por los orificios nasales y boca, al terminar ésta preguntan que si los conocía, yo les dije que no, entonces me empiezan a mojar en todo el cuerpo y empiezan los toques con cables desde la planta de los pies, luego en las piernas, en los brazos y luego en los testículos donde sentí mas gacho, entonces también me los pasaron por la cabeza, sentía como mi cuerpo con los mismos toques se retorcía a tal grado que me les llegué a zafar de las vendas, me volvieron a vendar y nuevamente, así me tuvieron buen tiempo.

Después me pararon, me siguieron golpeando en un rincón de ese cuarto, cuando escuche otra voz que dijo: “traigan al otro”.
Uno de los dos o tres que me seguían golpeando me dijo: “sigue mi voz”, yo siguiéndola sin poder ver, me pasaron a otro cuarto donde choque con un sillón, supongo que era una sala, me dejaron parado encuerado ahí unos diez minutos, cuando escuché otra voz que dijo: “se nos pasó la mano, vámonos rápido”, entonces dijo uno: “hay que llevarlo a la Cruz de Zaragoza”, otro dijo: ¡Rápido pendejos!, me aventaron mi ropa y dijeron póntela rápido, pendejo.
Me vestí cuando escuché nuevamente entre 7 o 9 voces distintas en el mismo cuarto; le dijeron a mi compañero “abre la boca” y le echaron vino, lo mismo me dijeron a mí, me echaron un trago de vino, sentí que mi garganta se calentaba rápidamente, aún temblando de los toques me preguntaron si ya estaba bien, les dije que sí, dijeron: “¡Vámonos!”, me llevaron de nuevo a la camioneta, me subieron y luego a mi compañero,
-¡Ponte boca abajo!, -escuché otra voz:
-¡Dále masaje buey, si no nos joden.

DE REGRESO A LA PJDF
A mi compañero le iban dando masajes, a mí me tenían boca abajo, en el suelo, cuando vieron que se recuperó dijeron: “mejor vámonos derecho” y hasta casi llegando a la PJDF, nos quitaron las vendas de los ojos, pero no nos dejaron que los viéramos, nos daban órdenes de que fuéramos con la cabeza hacia abajo.
Cuando llegamos nos preguntaron si teníamos hambre, les contesté que sí. Mandaron a comprar una torta, me comí la mitad pero mi compañero no comió nada, en lo que nos dieron la torta, se me quedó grabada la cara de uno de los agentes que nos fue a torturar. Después nos ofrecieron un jugo, que nos tomamos, hasta como las 5:30 o 6 de la tarde que nos volvieron a ingresar separados, sin poder platicar nada, hasta como a las 8 de la noche, cuando me llamaron para irme junto con 30 personas más.
Afuera de la PJDF había reporteros tomando fotos y cuando me recibieron nos nombraban y nos dejaban con la demás gente, en eso escuché que se acercaba una marcha, sin voltear atrás yo, sino con la persona que me retiré, ella venía volteando, nos retiramos inmediatamente hacia el metro, una vez que subimos vimos que nadie nos siguiera, bajamos y volvimos a subir al metro, hasta la estación Chabacano, donde le conté a la persona lo que había pasado, le dije que anduviera con precaución, después me retire a mi casa. (Luego me volvieron a capturar).


Compañeros tenemos que salir de esto, seguiremos adelante, por lo pronto les digo hasta pronto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario