GENARO OLIVARES
AGUIRRE
Fui detenido como a las 4 de la tarde en un
edificio frente al Hemiciclo a Juárez (La Trilla) junto con un compañero (José
Guadalupe Emigdio Berrocal).
Al entrar al despacho donde nos detuvieron,
nos preguntaron a qué íbamos, nos revisaron todas las cosas que llevábamos y a
nosotros nos revisaron también, pero al hacerlo nos separaron poniéndonos de
pared a pared. Yo estaba mirando de frente cuando a él lo voltearon contra la
pared y le sacaron una foto, lo vieron de perfil y uno de los agentes movió la
cabeza dando a entender que él no era.
Posteriormente llegó una señorita, cuando ella
tocó la puerta luego luego cortaron cartucho algunos de los agentes, abrieron
la puerta y la hicieron pasar, entonces la sentaron en una silla atrás de un
escritorio, preguntándole que a quién buscaba, que no se hiciera pendeja,
porque ellos sabían de sus hijos, que dijera donde estaban, no sé si se
referían a sus hijos o a otras personas que buscaban y ella les decía que no
sabía de qué le hablaban, que únicamente iba a buscar trabajo.
A mi compañero y a mí nos empezaron a
preguntar y esculcaron en mi morral, me preguntaron que a qué íbamos, “a picar
un esténcil” les dije, pues tenía unos esténciles en la mano, y algo de temor
porque entre mis cosas cargaba una “táctica” ellos revisaron y no me la
encontraron. Aún así tal parecía que no me creyeron lo de los esténciles, pues
también le preguntaron a mi compañero y él les dijo lo mismo: “para sacar un
volante para el Curso Social de la Preparatoria Popular Tacuba.”
Como que buscaban algo más que esto. Tal
parece que todo estaba preparado, porque cuando entramos al edifico se notó muy
solo, luego cuando entramos al elevador, entraron dos o tres agentes, cuando
quisimos reaccionar ya era muy tarde, al salir del elevador, ellos también
bajaron. Cuando tocamos, abrieron y nos pasaron, ya otros agentes se
encontraban dentro del cubículo y otros desde afuera viendo quién entraba para
agarrarlo.
Una vez que nos detienen, a la señorita, a mi
compañero y a mí, los agentes piden una unidad para que nos trasladen, diciendo
uno de ellos: “parece que tenemos que chingarnos toda la noche”. Nosotros sin
saber a donde nos iban a trasladar, nos sacan y nos meten a un Dart K guinda,
nos suben atrás con dos agentes enfrente y otros dos atrás, cuando nos dimos
cuenta nos habían llevado a la Médico Militar, donde cerca de las 5 de la tarde
nos ingresaron a los separos. Desde esa hora hasta como las 12 de la noche
cuando nos sacaron a declarar. Antes de eso se encontraban todas las celdas
llenas de hombres, mujeres y niños, que poco a poco los fueron sacando hasta
que fuimos quedando unos pocos, cuando sacaron a mi compañero para declarar.
Tardaron como 30 minutos más para sacarme a
mí. Cuando me sacaron a declarar mi compañero estaba a mi derecha como a unos 5
o 4 metros. Los que estaban tomando la declaración me dijeron que ya dijera
todo lo que sabía porque mi compañero ya había declarado.
Me empezaron a preguntar que qué sabía
respecto a un robo que se cometió en el C.C.H. Sur, yo les respondí que no
sabía, que desde cuándo lo conocía (a Berrocal)
-Desde hace mes y medio.
Nos preguntaron por otros robos: mencionaron
el de una tienda del ISSSTE y yo les dije que no sabía, mi declaración duro
como 15 minutos.
Nuevamente me regresaron a una celda, mi
compañero ya no estaba ahí, también lo habían cambiado de celda.
RUMBO A...
El día 5 de abril, como a las 12:00 del día
nos sacaron y nos pasearon por la calle hasta llegar a una camioneta en la cual
nos subieron y nos hicieron agachar la cabeza, después de unos 10 o 15 minutos
se paró la camioneta y volvió a caminar cuando nos vendaron los ojos. Luego de
entre una hora y una hora tres cuartos de camino, se paró la camioneta, pero
antes, como a la hora y media tomó una carretera de asfalto y como un cuarto de
hora en terracería.
LA CARCEL CLANDESTINA
Cuando se paró, escuchaba que movían tambos,
como si estuvieran vaciando agua de un lugar a otro, después de tres cuartos de
hora o una hora me bajaron a mí primero de la camioneta. Sentí el cambio de
temperatura, algo fresco, como unos cuartos o una casa.
Cuando me metieron a los cuartos me dijeron
que me volteara, yo sentí la pared enfrente de mí, hicieron que me despojara de
mi ropa, uno de ellos me condujo dos o tres metros hasta que pisé hule espuma,
hicieron que me acostara en una tabla, cuando me acostaban me dijeron que
entonces vería que sí iba a hablar. Una vez acostado me empiezan a vendar todo
el cuerpo quedando algunas partes descubiertas, plantas de los pies, muslos,
testículos. cuello, cabeza (excepto los ojos que nunca me quitaron las vendas
durante la tortura).
EMPIEZA EL INTERROGATORIO
Me empezaron a golpear en el estómago y en el
pecho, me preguntaron que qué sabía con respecto a los vigilantes que habían
matado de La Jornada, de asaltos de bancos de Sonora y en el Estado de México,
cuando les dije que no sabía de qué me estaban hablando, me volvieron a golpear
y después alzaron la tabla inclinándola, tocando mi cabeza con el agua. Me
bajaron, me pusieron un trapo en la boca y en la nariz, uno se subió sobre mis
brazos, yo teniéndolos amarrados pegados con el pecho, otro me agarraba de la
cabeza para que no me moviera boca arriba, otro golpeándome y el otro echando
agua hacia el trapo que cubría mi boca y mi nariz, yo sintiéndome ahogar,
durante dos o tres minutos echándome agua, luego me pegaban en el pecho y en el
estómago, me quitaban el trapo y me volvían a preguntar, que qué sabía con
respecto al periódico Madera, yo les dije que no sabía, que lo único que sabía
era que habían destruido su cuartel en Ciudad Madera. Me preguntaron que qué
más sabía, yo les dije que no sabía más, que eso lo había leído en unas hojas
que encontré en la Facultad de Ciencias.
Después de que me volvieron a pegar y
aplicaron otra dosis de agua, me preguntaron por diferentes nombres entre ellos
el de “David” y “Marín”, yo les dije que no sabía, que nunca había conocido a
personas con esos nombres
-Ahorita vas a ver como sí conoces.
Empieza otra dosis de agua por los orificios
nasales y boca, al terminar ésta preguntan que si los conocía, yo les dije que
no, entonces me empiezan a mojar en todo el cuerpo y empiezan los toques con
cables desde la planta de los pies, luego en las piernas, en los brazos y luego
en los testículos donde sentí mas gacho, entonces también me los pasaron por la
cabeza, sentía como mi cuerpo con los mismos toques se retorcía a tal grado que
me les llegué a zafar de las vendas, me volvieron a vendar y nuevamente, así me
tuvieron buen tiempo.
Después me pararon, me siguieron golpeando en
un rincón de ese cuarto, cuando escuche otra voz que dijo: “traigan al otro”.
Uno de los dos o tres que me seguían golpeando
me dijo: “sigue mi voz”, yo siguiéndola sin poder ver, me pasaron a otro cuarto
donde choque con un sillón, supongo que era una sala, me dejaron parado
encuerado ahí unos diez minutos, cuando escuché otra voz que dijo: “se nos pasó
la mano, vámonos rápido”, entonces dijo uno: “hay que llevarlo a la Cruz de
Zaragoza”, otro dijo: ¡Rápido pendejos!, me aventaron mi ropa y dijeron póntela
rápido, pendejo.
Me vestí cuando escuché nuevamente entre 7 o 9
voces distintas en el mismo cuarto; le dijeron a mi compañero “abre la boca” y
le echaron vino, lo mismo me dijeron a mí, me echaron un trago de vino, sentí
que mi garganta se calentaba rápidamente, aún temblando de los toques me
preguntaron si ya estaba bien, les dije que sí, dijeron: “¡Vámonos!”, me
llevaron de nuevo a la camioneta, me subieron y luego a mi compañero,
-¡Ponte boca abajo!, -escuché otra voz:
-¡Dále masaje buey, si no nos joden.
DE REGRESO A LA PJDF
A mi compañero le iban dando masajes, a mí me
tenían boca abajo, en el suelo, cuando vieron que se recuperó dijeron: “mejor
vámonos derecho” y hasta casi llegando a la PJDF, nos quitaron las vendas de
los ojos, pero no nos dejaron que los viéramos, nos daban órdenes de que
fuéramos con la cabeza hacia abajo.
Cuando llegamos nos preguntaron si teníamos
hambre, les contesté que sí. Mandaron a comprar una torta, me comí la mitad
pero mi compañero no comió nada, en lo que nos dieron la torta, se me quedó
grabada la cara de uno de los agentes que nos fue a torturar. Después nos
ofrecieron un jugo, que nos tomamos, hasta como las 5:30 o 6 de la tarde que
nos volvieron a ingresar separados, sin poder platicar nada, hasta como a las 8
de la noche, cuando me llamaron para irme junto con 30 personas más.
Afuera de la PJDF había reporteros tomando
fotos y cuando me recibieron nos nombraban y nos dejaban con la demás gente, en
eso escuché que se acercaba una marcha, sin voltear atrás yo, sino con la
persona que me retiré, ella venía volteando, nos retiramos inmediatamente hacia
el metro, una vez que subimos vimos que nadie nos siguiera, bajamos y volvimos
a subir al metro, hasta la estación Chabacano, donde le conté a la persona lo
que había pasado, le dije que anduviera con precaución, después me retire a mi
casa. (Luego me volvieron a capturar).
No hay comentarios:
Publicar un comentario