sábado, 2 de abril de 2016

La redada del 4 de abril (Testimonio de Jorge Santos Ramírez)

Jorge Santos Ramírez
6:00 am, me encuentro en mi casa arreglándome para irme hacia la estación de camiones TAPO, para asistir al curso de la Preparatoria Popular de Tacuba (PPT)
6:05 am, se oyó gente que corría alrededor de mi casa y empiezan a ladrar mis perros. Oigo que gritan mi nombre, me asomo por la ventana, y veo al compañero Genaro (íbamos juntos al salón de clases en la PPT; él también asiste al curso).
Lo tenía amenazado un judas con una metralleta y como 30 más alrededor de mi casa; voy abrir la puerta y siento un golpe en el pecho con la culata de una metralleta, que hasta el suelo voy a dar, me levanta de los pelos un pinche gorila como de dos metros de alto, me hace una licuadora (te agarran de los pelos, te sacuden de un lado para otro y casi te desgreñan) y unos telefonazos (golpes con las palmas de sus manos en oídos y sienes).
—A ver hijo de la chingada, me vas a dar las armas, municiones y propaganda subversiva que tengas, cabrón.
—No sé de qué me habla.
—Te haces pendejo cabrón (golpe al estómago).
—¿Quiénes son ustedes?, identifíquense.
—Somos tus padres, pendejo, y sacamos la verdad, y si no te chingamos de todos modos (me da un rodillazo en el estómago). ¿Quién más vive aquí, pendejo?
Mi mamá y mis hermanos son despertados brutalmente, los ponen en un rincón de la casa, amenazados con metralletas y pistolas y empiezan a catear la casa que está infestada de judas. Mi mamá les pregunta qué buscan y qué quieren.
—A tu pinche hijo, que está en contra del sistema; por asesinar a los policías de La Jornada, por pinche guerillero mierda.
Se llevan ropa y dinero, me sacan con las manos atrás y cabeza abajo y con la metralleta en la espalda; los vecinos se dan cuenta de la agresión y los judas les dicen: “¿Qué ven pinches babosos? Metánse a sus casas o les plomeamos el culo.
Veo de reojo la calle repleta de carros de judiciales, calculo que eran 30 o 40 carros.
—¿Qué ve güey —y me golpea un riñón (oigo varias voces).
—¿Dónde lo echamos jefe? ¿Qué, en éste?, órale cabrón para arriba.
Me suben a una suburban de color negro con gris en la parte de adelante y me empiezan a preguntar:
—¿Cómo te llamas cabrón?
—Jorge.
—¿Es el verdadero o tienes otro.
—Es el único.
—Nos vas llevar a tu otras casas, porque queremos hablar contigo y chance y te soltemos. ¿Entendiste?
—Sí.
—¿Por donde es güey? (me golpea en el riñón y telefonazos). ¿Cómo te conocen en la guerrilla? ¿Quién hizo los números de Madera, que trabajo hiciste tú en éste?
—No sé de que me hablan, ni sé qué es lo de Madera.
—¿Ah sí güey? (me hacen licuadoras y golpes al riñón y al estómago), ahorita te sacamos hasta las tripas.
—¿Quién es el mero mero del PROCUP? ¿A quién conoces de estos?
Me nombran a varios (pero no recuerdo de ninguno ahorita, ni los había oído mencionar antes).
—¿No?, te haces pendejo, ahorita vas a ver cabrón.
Llegamos a mi otra casa, me meten en un cuarto, me toman de la sudadera y soy estrellado de pared en pared y golpes al estómago y riñón.
—Habla, ¿qué sabes de lo de La Jornada?
—Nada.
—Nada, hijo de la chingada, ¡trae una bolsa! Vas ver como hablas (me ponen una bolsa de plástico en la cabeza y me empiezan a golpear en el estómago, yo jalo desesperadamente aire, me quitan la bolsa). ¿Va a hablar güey?
—No sé de qué hablan.
—Que ya nos los llevemos. Vas a ver lo que te espera, cabrón, si no cantas.
Me sacan de la casa, me llevan al carro, llega mi mamá y hermana diciéndoles a los judas “¿por qué se lo llevan? ¡Suéltenlo!”
—No se preocupen, me preguntan cosas que desconozco, mejor llamen un abogado, les digo.
—Ya güey, súbete por que de aquí te vas al campo militar y de ahí no sales.
Me suben al carro, sobre Genaro en el suelo, me pisoteaban en el transcurso a la PGR. Llegamos a la que se encuentra en la estación del Metro Pino Suárez; somos llevados al quinto piso. Nos ponen en un cuarto agachados y sobre el piso, nos llevan a uno por uno ante el MP. Me toca mi turno y me rodean los judas que fueron por mí.
—MP: ¿Cómo te llamas, edad, firma y cómo te trataron los que fueron por ti?
Me aprieta la mano uno de ellos y volteo a ver a los demás que me miran amenazadoramente y tengo que responder que bien.
—MP: ¿Seguro?, porque hay otros que se quejan de ellos ...
—Seguro (me llevan con ellos nuevamente).
Cambia el turno, al lapso de una hora o dos nos llevan a los sótanos y ahí, ante el médico. Nos hace nuestro examen médico, poniendo que no presentamos golpes o marcas. De ahí nos llevan a los baños y nos dan un baño de agua fría a seis personas. Los padres de Genaro están detenidos junto con nosotros, llevan las mismas torturas. Nos llevan al tercer piso y nos despojan de nuestras pertenencias, nos meten a unas celdas repletas de lacras; como a la hora de estar ahí nos llevan al quinto piso, ante el comandante De la Rosa y otro que no recuerdo y nos acusan a Genaro y a mí ser militantes del PROCUP. Le decían a los papás de Genaro y a otros dos chavos que iban a salir dentro de una o dos horas, cosa que no sucedió.
Nos decía el comandante De la Rosa que Genaro y yo nos vamos a chingar por pendejos y que nos van a tener a puro pan y agua, que nos iban a llevar al campo militar número uno. Nos llevan a los sótanos nuevamente donde estamos incomunicados, nos ponen en una celda a los cinco hombres y a la mamá de Genaro en otra, había otras celdas donde hay uno en una cada de ellas y donde se veían que estaban brutalmente golpeados.
Cada rato pasaban judas y nos amenazaban psicológicamente. Todo ese día estuvimos sin tomar alimentos, a cada rato se llevaban a chavos de las otras celdas y regresaban brutalmente golpeados.
Al día siguiente, domingo 8 de abril, van varias personas con los judas señalando de la celda a Genaro y a mí; a la media hora llegan a tomarnos fotos a todos. Ese día sólo comimos tres piezas de pan bimbo blanco y tomábamos agua de los baños.
El lunes 9 de abril, como a las ocho de la mañana empezaron a llegar varios agentes y empezaron a sacar a uno por uno y a regresarnos a nuestras celdas; se nos decía que nos iban a llevar a los medios de comunicación y que íbamos a decir que éramos militantes del PROCUP, y que nos íbamos a hacer responsables de varios delitos a mano armada así como otras cosas.
Luego se nos llevó, con un dispositivo de seguridad muy fuerte, después de estar con los medios de comunicación donde los judas se alzaban el cuello porque supuestamente ellos lograron atrapar a los responsables de esos asaltos, pero solo éramos chivos expiatorios. De ahí no llevaron a los sótanos y seguían las amenazas y torturas psicológicas sobre nosotros, ese día tampoco probamos alimentos.
El martes 10, aproximadamente como a la una de la mañana, se nos sacó a uno por uno, y se nos llevó ante un espejo donde del otro lado estaban los testigos que vieron los homicidios de La Jornada y los asaltos que se nos achacaron pero la gente decía que no éramos nosotros. Nos tomaron nuestras huellas digitales y se nos fichó; como a las dos de la mañana soy sacado de la celda y llevado a un cuarto donde dos judas me empiezan a golpear los riñones, me vendan los ojos y me ponen una bolsa de plástico sobre la cabeza y me golpean el estómago; me quitan la bolsa y me dicen que firme un documento, el cual quiero leer y me dan un telefonazo y me vuelven a aplicar otro bolsazo. Me dan un rodillazo en los testículos.
Y es así como firmo una declaración falsa. Como a la hora salen los papás de Genaro y otros dos chavos que estuvieron detenidos todo el tiempo para que Genaro se echara la culpa con tal de ver libres a sus padres.
Aproximadamente como a las ocho o nueve de la mañana llega una panel y somos trasladados al Reclusorio Norte.
El miércoles 11 de abril Genaro y yo somos absueltos por el juez por falta de elementos para procesar y salimos. Genaro sin embargo, quedó a disposición de la PGR y lo llevaron otra semana a interrogatorio a los separos de López y actualmente se encuentra en el Reclusorio Oriente; los otros seis chavos se quedaron en el Norte, a los cuales yo nunca los había conocido y mucho menos visto.

Estuve una semana en cama, debido a que no probé alimentos y por los golpes en los riñones.

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