Jorge Santos Ramírez
6:00 am, me encuentro en mi casa arreglándome
para irme hacia la estación de camiones TAPO, para asistir al curso de la
Preparatoria Popular de Tacuba (PPT)
6:05 am, se oyó gente que corría alrededor de
mi casa y empiezan a ladrar mis perros. Oigo que gritan mi nombre, me asomo por
la ventana, y veo al compañero Genaro (íbamos juntos al salón de clases en la
PPT; él también asiste al curso).
Lo tenía amenazado un judas con una metralleta
y como 30 más alrededor de mi casa; voy abrir la puerta y siento un golpe en el
pecho con la culata de una metralleta, que hasta el suelo voy a dar, me levanta
de los pelos un pinche gorila como de dos metros de alto, me hace una licuadora
(te agarran de los pelos, te sacuden de un lado para otro y casi te desgreñan)
y unos telefonazos (golpes con las palmas de sus manos en oídos y sienes).
—A ver hijo de la chingada, me vas a dar las
armas, municiones y propaganda subversiva que tengas, cabrón.
—No sé de qué me habla.
—Te haces pendejo cabrón (golpe al estómago).
—¿Quiénes son ustedes?, identifíquense.
—Somos tus padres, pendejo, y sacamos la
verdad, y si no te chingamos de todos modos (me da un rodillazo en el
estómago). ¿Quién más vive aquí, pendejo?
Mi mamá y mis hermanos son despertados
brutalmente, los ponen en un rincón de la casa, amenazados con metralletas y
pistolas y empiezan a catear la casa que está infestada de judas. Mi mamá les
pregunta qué buscan y qué quieren.
—A tu pinche hijo, que está en contra del
sistema; por asesinar a los policías de La Jornada, por pinche guerillero
mierda.
Se llevan ropa y dinero, me sacan con las
manos atrás y cabeza abajo y con la metralleta en la espalda; los vecinos se
dan cuenta de la agresión y los judas les dicen: “¿Qué ven pinches babosos?
Metánse a sus casas o les plomeamos el culo.
Veo de reojo la calle repleta de carros de
judiciales, calculo que eran 30 o 40 carros.
—¿Qué ve güey —y me golpea un riñón (oigo
varias voces).
—¿Dónde lo echamos jefe? ¿Qué, en éste?, órale
cabrón para arriba.
Me suben a una suburban de color negro con
gris en la parte de adelante y me empiezan a preguntar:
—¿Cómo te llamas cabrón?
—Jorge.
—¿Es el verdadero o tienes otro.
—Es el único.
—Nos vas llevar a tu otras casas, porque
queremos hablar contigo y chance y te soltemos. ¿Entendiste?
—Sí.
—¿Por donde es güey? (me golpea en el riñón y
telefonazos). ¿Cómo te conocen en la guerrilla? ¿Quién hizo los números de
Madera, que trabajo hiciste tú en éste?
—No sé de que me hablan, ni sé qué es lo de
Madera.
—¿Ah sí güey? (me hacen licuadoras y golpes al
riñón y al estómago), ahorita te sacamos hasta las tripas.
—¿Quién es el mero mero del PROCUP? ¿A quién
conoces de estos?
Me nombran a varios (pero no recuerdo de
ninguno ahorita, ni los había oído mencionar antes).
—¿No?, te haces pendejo, ahorita vas a ver
cabrón.
Llegamos a mi otra casa, me meten en un
cuarto, me toman de la sudadera y soy estrellado de pared en pared y golpes al
estómago y riñón.
—Habla, ¿qué sabes de lo de La Jornada?
—Nada.
—Nada, hijo de la chingada, ¡trae una bolsa!
Vas ver como hablas (me ponen una bolsa de plástico en la cabeza y me empiezan
a golpear en el estómago, yo jalo desesperadamente aire, me quitan la bolsa).
¿Va a hablar güey?
—No sé de qué hablan.
—Que ya nos los llevemos. Vas a ver lo que te
espera, cabrón, si no cantas.
Me sacan de la casa, me llevan al carro, llega
mi mamá y hermana diciéndoles a los judas “¿por qué se lo llevan? ¡Suéltenlo!”
—No se preocupen, me preguntan cosas que
desconozco, mejor llamen un abogado, les digo.
—Ya güey, súbete por que de aquí te vas al
campo militar y de ahí no sales.
Me suben al carro, sobre Genaro en el suelo,
me pisoteaban en el transcurso a la PGR. Llegamos a la que se encuentra en la
estación del Metro Pino Suárez; somos llevados al quinto piso. Nos ponen en un
cuarto agachados y sobre el piso, nos llevan a uno por uno ante el MP. Me toca
mi turno y me rodean los judas que fueron por mí.
—MP: ¿Cómo te llamas, edad, firma y cómo te
trataron los que fueron por ti?
Me aprieta la mano uno de ellos y volteo a ver
a los demás que me miran amenazadoramente y tengo que responder que bien.
—MP: ¿Seguro?, porque hay otros que se quejan
de ellos ...
—Seguro (me llevan con ellos nuevamente).
Cambia el turno, al lapso de una hora o dos
nos llevan a los sótanos y ahí, ante el médico. Nos hace nuestro examen médico,
poniendo que no presentamos golpes o marcas. De ahí nos llevan a los baños y
nos dan un baño de agua fría a seis personas. Los padres de Genaro están
detenidos junto con nosotros, llevan las mismas torturas. Nos llevan al tercer
piso y nos despojan de nuestras pertenencias, nos meten a unas celdas repletas
de lacras; como a la hora de estar ahí nos llevan al quinto piso, ante el
comandante De la Rosa y otro que no recuerdo y nos acusan a Genaro y a mí ser
militantes del PROCUP. Le decían a los papás de Genaro y a otros dos chavos que
iban a salir dentro de una o dos horas, cosa que no sucedió.
Nos decía el comandante De la Rosa que Genaro
y yo nos vamos a chingar por pendejos y que nos van a tener a puro pan y agua,
que nos iban a llevar al campo militar número uno. Nos llevan a los sótanos
nuevamente donde estamos incomunicados, nos ponen en una celda a los cinco
hombres y a la mamá de Genaro en otra, había otras celdas donde hay uno en una
cada de ellas y donde se veían que estaban brutalmente golpeados.
Cada rato pasaban judas y nos amenazaban
psicológicamente. Todo ese día estuvimos sin tomar alimentos, a cada rato se
llevaban a chavos de las otras celdas y regresaban brutalmente golpeados.
Al día siguiente, domingo 8 de abril, van
varias personas con los judas señalando de la celda a Genaro y a mí; a la media
hora llegan a tomarnos fotos a todos. Ese día sólo comimos tres piezas de pan
bimbo blanco y tomábamos agua de los baños.
El lunes 9 de abril, como a las ocho de la
mañana empezaron a llegar varios agentes y empezaron a sacar a uno por uno y a
regresarnos a nuestras celdas; se nos decía que nos iban a llevar a los medios
de comunicación y que íbamos a decir que éramos militantes del PROCUP, y que
nos íbamos a hacer responsables de varios delitos a mano armada así como otras
cosas.
Luego se nos llevó, con un dispositivo de
seguridad muy fuerte, después de estar con los medios de comunicación donde los
judas se alzaban el cuello porque supuestamente ellos lograron atrapar a los
responsables de esos asaltos, pero solo éramos chivos expiatorios. De ahí no
llevaron a los sótanos y seguían las amenazas y torturas psicológicas sobre
nosotros, ese día tampoco probamos alimentos.
El martes 10, aproximadamente como a la una de
la mañana, se nos sacó a uno por uno, y se nos llevó ante un espejo donde del
otro lado estaban los testigos que vieron los homicidios de La Jornada y los
asaltos que se nos achacaron pero la gente decía que no éramos nosotros. Nos
tomaron nuestras huellas digitales y se nos fichó; como a las dos de la mañana
soy sacado de la celda y llevado a un cuarto donde dos judas me empiezan a
golpear los riñones, me vendan los ojos y me ponen una bolsa de plástico sobre
la cabeza y me golpean el estómago; me quitan la bolsa y me dicen que firme un
documento, el cual quiero leer y me dan un telefonazo y me vuelven a aplicar
otro bolsazo. Me dan un rodillazo en los testículos.
Y es así como firmo una declaración falsa.
Como a la hora salen los papás de Genaro y otros dos chavos que estuvieron
detenidos todo el tiempo para que Genaro se echara la culpa con tal de ver
libres a sus padres.
Aproximadamente como a las ocho o nueve de la
mañana llega una panel y somos trasladados al Reclusorio Norte.
El miércoles 11 de abril Genaro y yo somos
absueltos por el juez por falta de elementos para procesar y salimos. Genaro
sin embargo, quedó a disposición de la PGR y lo llevaron otra semana a
interrogatorio a los separos de López y actualmente se encuentra en el
Reclusorio Oriente; los otros seis chavos se quedaron en el Norte, a los cuales
yo nunca los había conocido y mucho menos visto.
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