Karime Ocampo Rabadán
Serían las 3:30 de la madrugada cuando
llegaron como 50 judiciales. Nos levantaron de la cama. Al ver que estaban
golpeando a mi esposo, Julio Portugal, les pregunté que si tenían orden de
aprehensión o de cateo, porque estaban entrando a mi casa sin mi autorización:
“lo que tenemos es una bola de chingadazos para ti”, me contestaron.
No me permitían cargar a mis hijos que estaban
llorando, nos sacaron al patio sin permitirme abrigar a mis hijos pues era de
madrugada y hacía frío. Me llevaron junto a mi mamá (Elia Rabadán) y mi hermana
Claudia (Claudia Ocampo Rabadán). En el camino me doy cuenta de que lo mismo
ocurre en la casa de mi hermana Frida (Frida Ocampo Rabadán) y que están
golpeando a mi cuñado Luis Zúñiga.
Me suben a un carro y me trasladan sin darme
oportunidad ni de vestirme ni de vestir a mis hijos; llegamos a los separos,
ahí permanezco desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche —17 horas sin
probar agua ni alimento. Mis hijos se estaban deshidratando al igual que mis
sobrinos, mi mamá estaba muy grave y no me permitían hablar con ella, ni con mi
esposo que estaba muy golpeado.
Finalmente, nos dejaron salir a las 10 de la
noche diciendo que de que se muriera mi mamá ahí adentro que mejor se fuera a
morir afuera, lo mismo los niños.
Me preguntaban por “la propaganda” y por unas
supuestas armas, a lo que yo les contestaba que no sabía nada, pero más me
preguntaban por mi cuñado (Arturo Becerril Rodríguez).
Cuando regresamos a mi casa tomamos
fotografías de las tres casas allanadas, ya que había botellas de vino vacías,
los vidrios rotos; no había absolutamente nada de aparatos eléctricos, alhajas,
ropa y adornos.
Los vecinos nos dijeron que a punta de pistola
los obligaban a guisar para que los agentes comieran tomando todo de nuestras
despensas, pues estaban esperando que llegara mi cuñado David (David Cilia
Olmos), o no sé quién.
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