sábado, 2 de abril de 2016

La Redada del 4 de abril (Testimonio de Elia Rabadán)

Elia Rabadán de Ocampo (60 años)
Siendo las 3:35 del día 4 de abril de 1990, llegaron a nuestro domicilio varios agentes de la PGJDF, quienes se presentaron en carros de la misma corporación.
De inmediato allanaron brutal y salvajemente la casa, la destrozaban a culatazos y patadas, así lo hicieron con puertas y ventanas. Nos jalaron, arrastraron y amenazaron con las armas sin la menor consideración a los menores de edad, como en el caso de la niña de seis meses.
Después de haber destrozado todo, nos sacaron del domicilio a golpes, amarrados y vendados, siempre martirizándonos e insistiéndonos que dijéramos dónde se encontraban las armas y la propaganda, y dónde estaba mi hija Rocío Verena y mi yerno.
A mi esposo lo torturaron física y psicológicamente, al igual que a mis hijos y yernos, esto lo hicieron en el patio de la casa; el objetivo principal de las torturas era que afirmaran que conocían a militantes guerrilleros.
Dos policías tomaron a la fuerza a dos menores de uno y tres años para obligar a que mi hija dijera dónde vivía Arturo Becerril y Rocío Verena Ocampo, ellos son mi yerno y mi hija; golpearon a Lizeth que es mi nieta y tiene seis años.
Cuatro judiciales fueron los que a mí siempre me sujetaban, me agarraron del cuello y me aventaron a unas piedras para obligarme a decir dónde tenía el dinero, con sus armas en la cabeza me decían a una sola voz: “¡habla o jalamos el gatillo!”. Debido a esta angustia y miedo, me dio una especie de infarto. A la vez a mi hija la menor, Claudia, la amarraron amenazándola que dijera todo lo que sabía o la pasaría aún peor de lo que le estaba ocurriendo. Después la despojaron de alhajas y dinero.
En el acto y después de maltratarnos, amenazados y de vejaciones y groserías, uno de ellos nos obligó a caminar hacía los carros, luego siguieron los demás, siempre con una amenaza.
Ya dentro de los carros nos condujeron a la PGJDF, la cual se ubica cerca del Metro Pino Suárez. Mientras tanto otros policías se ocupaban de robar las casas de mis hijos, todo ello de manera descarada. Esta información es vertida por todos los vecinos.
En la procuraduría fuimos sometidos a un intenso interrogatorio, desde las 6 de la mañana hasta las 9:30 de la noche; siempre estuvimos incomunicados, nos amenazaban diciéndonos que no saldríamos hasta que se diera por concluida la investigación, pero no fue así, pues a las 10:00 de la noche en dos vehículos de la institución nos llevaron nuevamente a nuestro domicilio, el cual estaba aún en manos de la policía.
Quienes nos llevaban, siempre déspotas, nos evitaron la entrada, ya que según ellos no tenían la orden de entregar la casa, ordenándonos que nos largáramos de nuestro propio domicilio.
Después de algún tiempo, un sujeto que estaba radiando recibió la orden de entregar la casa. Sólo así volvimos al lugar, que se encontraba destrozado, saqueado, mal oliente a vino, síntoma de que estuvieron tomando licor desde temprano, ya que había un sinnúmero de botellas vacías.
Por último, nos informaron algunos vecinos que con prepotencia e impunidad los obligaron a cocinar los alimentos que sacaron de nuestro domicilio.

A quién lea este testimonio, les decimos sin temor a mentir que estos sujetos enviados por las altas autoridades encargadas de impartir la justicia en el DF nos dejaron en la vil miseria y con tremendos traumas psicológicos, no teniendo seguridad alguna en todos los que componemos la familia.

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