OTRA VEZ LA GUERRA SUCIA
En la ciudad de México el día 4 de abril de 1990 más de 166 personas fueron secuestradas, sometidas a tormentos crueles, sus casas fueron robadas. En los 5 días siguientes niños menores de 6 años fueron interrogados, separados de sus padres, incomunicados, a sus familiares se le amenazó con desaparecerlos y matarlos, con desaparecerlos a ellos mismos y a toda su familia, a 7 de estas 166 personas se les mantuvo en prisión por más de dos años, cinco de los cuales “incluida una mujer a la que se le vejó sexualmente”, las torturas a las que fueron sometidos pusieron a uno de ellos al borde de la muerte. Otras casas serían allanadas y semidestruidas a balazos los siguientes días.
Al
parecer esta era la forma en que el Procurador General de Justicia del Distrito
Federal Ignacio Morales Lechuga cumplía con las órdenes giradas por Carlos
Salinas de Gortari, presidente en ese momento del país para resolver “a como diera lugar” el caso del
asesinato de dos policías al servicio del
periódico La Jornada acaecidos el día 2 de abril de 1990.
Mientras
tropas del ejército mexicano invadían el estado de Michoacán para desalojar por
la fuerza de las armas las alcaldías tomadas por la población en repudio al
fraude electoral en ese estado y, en el D.F. los cuerpos antimotines rompían la
huelga de la Cervecería Modelo -una de las más importantes de este país-
fuerzas combinadas de la Policía Judicial Federal, Policía Judicial del
Distrito federal, del Grupo Especial de
Respuesta Inmediata y de la Dirección de Seguridad Nacional (ex DFS, hoy CISEN)
en una coordinación sin precedentes
imponían un virtual estado de sitio
en la ciudad de México y desplegaban el “operativo guerrilla”, nombre clave con que se le conoció a la
redada del 4 de abril.
Se trataba
de capturar a una persona David Cilia Olmos, identificado por la Procuraduría
General de Justicia del Distrito Federal como “jefe de una célula muy activa y
que participó en el asesinato de los dos vigilantes de La Jornada"
(Universal Gráfico, 5 de abril de 1990).
Pero como
Cilia Olmos no fue capturado, “con base en las investigaciones realizadas a
raíz del asesinato...” el procurador Ignacio Morales Lechuga decidió consignar
a 15 personas, entre ellas, Rocío Verena Ocampo Rabadán, esposa de David Cilia
que “será llevada ante un juez por el
delito de asalto a mano armada en contra de tres bancos y al Colegio de
Ciencias Humanidades, así como por
encubrimiento...” (Universal 7 de abril 90).
ATRAS DE LA VERSION OFICIAL
Contrariamente
a lo que en su momento se sostuvo, la operación
guerrilla no tenía nada que ver en realidad con los asesinatos en La
Jornada acaecidos el 2 de abril,sin embargo fue presentada por el Procurador
Ignacio Morales Lechuga con la “solución”a ese caso, los detenidos fueron presentados
con el mayor cinismo gubernamental como militantes del PROCUP cuando no lo son,
y finalmente consignados por delitos que nada tenían que ver con la
investigación inicial.
Y es
que días antes la procuraduría capitalina había detectado a una célula de la
Liga Comunista 23 de Septiembre. Esta célula había logrado formar y sostener la
Editorial Papeles del Movimiento, una empresa marginal que tenía para ese
entonces una copiosa producción de testimonios sobre desaparecidos políticos con
la serie “No alcanzarán las cárceles”” y otros folletos de utilidad para el
movimiento obrero.
Al
descubrir el Estado esta célula retoma la única táctica que conoce para
enfrentar a sus opositores revolucionarios: acabar con ellos de la forma que
sea, al precio que sea, sin importar los destrozos que se puedan causar en la
sociedad.
A
partir de ese momento el curso de la actuación del Estado será errático. Actúa
frente a la Liga Comunista de la única manera que sabe, retomando los métodos
de las décadas pasadas. Establece por razones de seguridad nacional un virtual
estado de sitio, secuestra por centenares a ciudadanos pacíficos a quienes
acusa de ser guerrilleros. Incluso niños recién nacidos son tratados en los
hechos como si fueran peligrosos guerrilleros. Se Actúa con ellos de la misma
manera que con sus padres, incomunicándolos y aterrándolos.
En
unas cuantas horas de la madrugada del 4 de abril caen las ilusiones de
democratas, moderados y pacifistas respecto a que en México el gobierno ya no
mata, secuestra, desaparece y tortura a nadie para enfrentar a las
organizaciones subversivas. Los que sostienen y difunden estas ideas solo
atinan a declararse NEUTRALES tratando de soslayar las crueldades que ante su
nariz se estaban cometiendo.
Se
confirma la teoría de que si el Estado, no tenía la misma cantidad de muertos,
desaparecidos y encarcelados por motivos políticos que en años anteriores se
debía mas que nada a que organizaciones armadas como la Liga Comunista 23 de
Septiembre, no estaban realizando una actividad como tal y a los ojos de los
analistas y la inteligencia del Estado ya no existía. En cuanto una célula de esta organización fue detectada, el Estado
volvió a su guerra sucia.
Y así
fue, como en los tiempos de la Brigada Blanca y el Grupo Jaguar, corporaciones
policiacas que existieron en la década de los 70s y parte de los 80s para
combatir a los grupos levantados en armas,
se les da a los agentes policiacos carta blanca para cercar colonias y
pueblos enteros, tirar las puertas en lugar de tocar el timbre, disparar en
lugar de decir manos arriba,
secuestrar a toda la familia y vecinos en lugar de preguntar por la persona que
buscan, llevar a los militantes revolucionarios a cárceles clandestinas,
torturarlos frente a sus familiares, frente a sus hijos, torturar a la familia
para que el militante confiese o delate.
Se
instaura de nueva cuenta lo que se conoció entre la Dirección Federal de
Seguridad, Brigada Blanca y grupo Jaguar como el BOTIN DE GUERRA mecanismo que
permite, por decisión del Presidente de la república, que los agentes roben las
propiedades de los detenidos o perseguidos,
como una forma de estimular la acción policiaca.
Se
refrenda la consigna gubernamental: A
todos los que no acepten que el Estado no es represivo, hay que reprimirlos.
Las leyes, garantías constitucionales, y las palabras empeñadas pueden ser
pisoteadas en aras de la “Seguridad del Estado”.
Los
nuevos “héroes” de la represión y persecución política reaccionan emulando los
salvajes métodos de sus antecesores. De esto últimos, de entre los que no estaban
en la cárcel, ponderaron la colaboración de antiguos torturadores, que ya antes
habían enfrentaron a la Liga Comunista. Estos torturadores se sintieron el 4 de
abril como en los viejos tiempos, con licencia presidencial para actuar según
su criterio criminal.
No por
eso cumplieron con su tarea, ni resolvieron el caso de la Jornada, ni
capturaron a los militantes de la Liga Comunista que buscaban, y es que estos viejos
policías, como Salomón Tanús, tienen la limitante de que sólo alcanzaron
maestría en torturas, chantaje, cinismo, lasciva, incomunicación, toma de
rehenes y sadismo, pero no en lo que pudiera llamarse investigación policial.
Así
como antes no comprendieron el problema que en su momento tuvieron en sus
manos, luego que de lo que “no existe” encuentran una célula, les nace un miedo
que los hace actuar como perros salvajes.
Si el
Estado no entendió antes en su plenitud y profundidad las características
fundamentales de la llamada lucha guerrillera durante la década de los 70s,
lógicamente durante las redadas del 4 de abril del 90, 20 años después, sus
fuerzas operativas de la Dirección de Seguridad Nacional, del Grupo Especial de
Respuesta Inmediata (SWAT mexicano), la Policía Judicial Federal y la
Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal comandadas por
funcionarios caracterizados por su pobreza en el conocimiento de la historia
reciente de este país, lo entendían mucho menos.
Durante
el operativo guerrilla del 4 de abril para supuestamente capturar a los
culpables del doble homicidio de la Jornada, los agentes actuaban como su miedo
les daba a entender. Realizaban con extremo
salvajismo los asaltos a los hogares familiares de los militantes de la
célula de la Liga Comunista que buscaban, por que de otra forma no se hubieran
atrevido ni a acercarse. Tal como los que tienen miedo al agua fría se meten de
chapuzón a la alberca, por que si no, nunca se van a meter, así entraban los
agentes a las más de 40 casas allanadas durante la madrugada de ese miércoles.
El 4
de abril fue un regreso a la guerra sucia como política oficial del Estado
contra las organizaciones que cuestionan la legitimidad histórica de su
dominación. Con sus secuestros, cárceles clandestinas, torturas, manejo de
información totalmente falsa en los periódicos para distraer la atención de la
sociedad, etc. el Estado dio un muestra elocuente de lo que es capaz si ve
afectada su dominación, o si se enfrenta como es el caso, un problema que no ha
terminado de entender. Las secuelas de esta muestra, aún no terminan.
Versión actualizada del libro "La Redada del 4 de Abril", Editorial Claves Latinoamericanas, México 1992, http://www.bubok.es/libros/172048/La-Redada-del-4-de-Abril
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