sábado, 2 de abril de 2016

La redada del 4 de abril (Parte 1 Introducción)



OTRA VEZ LA GUERRA SUCIA


En la ciudad de México el día 4 de abril de 1990 más de 166 personas fueron secuestradas, sometidas a tormentos crueles, sus casas fueron robadas. En los 5 días siguientes  niños menores de 6 años fueron interrogados, separados de sus padres, incomunicados, a sus familiares se le amenazó con desaparecerlos y matarlos, con desaparecerlos a ellos mismos y a toda su familia, a 7 de estas 166 personas se les mantuvo en prisión por más de dos años, cinco de los cuales “incluida una mujer a la que se le vejó sexualmente”, las torturas a las que fueron sometidos pusieron a uno de ellos al borde de la muerte. Otras casas serían allanadas y semidestruidas a balazos los siguientes días.

Al parecer esta era la forma en que el Procurador General de Justicia del Distrito Federal Ignacio Morales Lechuga cumplía con las órdenes giradas por Carlos Salinas de Gortari, presidente en ese momento del país para  resolver “a como diera lugar” el caso del asesinato de dos policías al servicio del  periódico La Jornada acaecidos el día 2 de abril de 1990.

Mientras tropas del ejército mexicano invadían el estado de Michoacán para desalojar por la fuerza de las armas las alcaldías tomadas por la población en repudio al fraude electoral en ese estado y, en el D.F. los cuerpos antimotines rompían la huelga de la Cervecería Modelo -una de las más importantes de este país- fuerzas combinadas de la Policía Judicial Federal, Policía Judicial del Distrito federal, del  Grupo Especial de Respuesta Inmediata y de la Dirección de Seguridad Nacional (ex DFS, hoy CISEN) en una coordinación sin precedentes  imponían un virtual estado de sitio  en la ciudad de México y desplegaban el “operativo guerrilla”, nombre clave con que se le conoció a la redada del 4 de abril.

Se trataba de capturar a una persona David Cilia Olmos, identificado por la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal como “jefe de una célula muy activa y que participó en el asesinato de los dos vigilantes de La Jornada" (Universal Gráfico, 5 de abril de 1990).

Pero como Cilia Olmos no fue capturado, “con base en las investigaciones realizadas a raíz del asesinato...” el procurador Ignacio Morales Lechuga decidió consignar a 15 personas, entre ellas, Rocío Verena Ocampo Rabadán, esposa de David Cilia que   “será llevada ante un juez por el delito de asalto a mano armada en contra de tres bancos y al Colegio de Ciencias  Humanidades, así como por encubrimiento...” (Universal 7 de abril 90).

ATRAS DE LA VERSION OFICIAL
Contrariamente a lo que en su momento se sostuvo, la operación guerrilla no tenía nada que ver en realidad con los asesinatos en La Jornada acaecidos el 2 de abril,sin embargo fue presentada por el Procurador Ignacio Morales Lechuga con la “solución”a ese caso, los detenidos fueron presentados con el mayor cinismo gubernamental como militantes del PROCUP cuando no lo son, y finalmente consignados por delitos que nada tenían que ver con la investigación inicial.

Y es que días antes la procuraduría capitalina había detectado a una célula de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Esta célula había logrado formar y sostener la Editorial Papeles del Movimiento, una empresa marginal que tenía para ese entonces una copiosa producción de testimonios sobre desaparecidos políticos con la serie “No alcanzarán las cárceles”” y otros folletos de utilidad para el movimiento obrero.

Al descubrir el Estado esta célula retoma la única táctica que conoce para enfrentar a sus opositores revolucionarios: acabar con ellos de la forma que sea, al precio que sea, sin importar los destrozos que se puedan causar en la sociedad.

A partir de ese momento el curso de la actuación del Estado será errático. Actúa frente a la Liga Comunista de la única manera que sabe, retomando los métodos de las décadas pasadas. Establece por razones de seguridad nacional un virtual estado de sitio, secuestra por centenares a ciudadanos pacíficos a quienes acusa de ser guerrilleros. Incluso niños recién nacidos son tratados en los hechos como si fueran peligrosos guerrilleros. Se Actúa con ellos de la misma manera que con sus padres, incomunicándolos y aterrándolos.

En unas cuantas horas de la madrugada del 4 de abril caen las ilusiones de democratas, moderados y pacifistas respecto a que en México el gobierno ya no mata, secuestra, desaparece y tortura a nadie para enfrentar a las organizaciones subversivas. Los que sostienen y difunden estas ideas solo atinan a declararse NEUTRALES tratando de soslayar las crueldades que ante su nariz se estaban cometiendo.

Se confirma la teoría de que si el Estado, no tenía la misma cantidad de muertos, desaparecidos y encarcelados por motivos políticos que en años anteriores se debía mas que nada a que organizaciones armadas como la Liga Comunista 23 de Septiembre, no estaban realizando una actividad como tal y a los ojos de los analistas y la inteligencia del Estado ya no existía. En cuanto una célula  de esta organización fue detectada, el Estado volvió a su guerra sucia.

Y así fue, como en los tiempos de la Brigada Blanca y el Grupo Jaguar, corporaciones policiacas que existieron en la década de los 70s y parte de los 80s para combatir a los grupos levantados en armas,  se les da a los agentes policiacos carta blanca para cercar colonias y pueblos enteros, tirar las puertas en lugar de tocar el timbre, disparar en lugar de decir manos arriba, secuestrar a toda la familia y vecinos en lugar de preguntar por la persona que buscan, llevar a los militantes revolucionarios a cárceles clandestinas, torturarlos frente a sus familiares, frente a sus hijos, torturar a la familia para que el militante confiese o delate.

Se instaura de nueva cuenta lo que se conoció entre la Dirección Federal de Seguridad, Brigada Blanca y grupo Jaguar como el BOTIN DE GUERRA mecanismo que permite, por decisión del Presidente de la república, que los agentes roben las propiedades de los detenidos o perseguidos,  como una forma de estimular la acción policiaca.

Se refrenda la consigna gubernamental: A todos los que no acepten que el Estado no es represivo, hay que reprimirlos. Las leyes, garantías constitucionales, y las palabras empeñadas pueden ser pisoteadas en aras de la “Seguridad del Estado”.
Los nuevos “héroes” de la represión y persecución política reaccionan emulando los salvajes métodos de sus antecesores. De esto últimos, de entre los que no estaban en la cárcel, ponderaron la colaboración de antiguos torturadores, que ya antes habían enfrentaron a la Liga Comunista. Estos torturadores se sintieron el 4 de abril como en los viejos tiempos, con licencia presidencial para actuar según su criterio criminal.

No por eso cumplieron con su tarea, ni resolvieron el caso de la Jornada, ni capturaron a los militantes de la Liga Comunista que buscaban, y es que estos viejos policías, como Salomón Tanús, tienen la limitante de que sólo alcanzaron maestría en torturas, chantaje, cinismo, lasciva, incomunicación, toma de rehenes y sadismo, pero no en lo que pudiera llamarse investigación policial.

Así como antes no comprendieron el problema que en su momento tuvieron en sus manos, luego que de lo que “no existe” encuentran una célula, les nace un miedo que los hace actuar como perros salvajes.

Si el Estado no entendió antes en su plenitud y profundidad las características fundamentales de la llamada lucha guerrillera durante la década de los 70s, lógicamente durante las redadas del 4 de abril del 90, 20 años después, sus fuerzas operativas de la Dirección de Seguridad Nacional, del Grupo Especial de Respuesta Inmediata (SWAT mexicano), la Policía Judicial Federal y la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal comandadas por funcionarios caracterizados por su pobreza en el conocimiento de la historia reciente de este país, lo entendían mucho menos.

Durante el operativo guerrilla del 4 de abril para supuestamente capturar a los culpables del doble homicidio de la Jornada, los agentes actuaban como su miedo les daba a entender. Realizaban con extremo  salvajismo los asaltos a los hogares familiares de los militantes de la célula de la Liga Comunista que buscaban, por que de otra forma no se hubieran atrevido ni a acercarse. Tal como los que tienen miedo al agua fría se meten de chapuzón a la alberca, por que si no, nunca se van a meter, así entraban los agentes a las más de 40 casas allanadas durante la madrugada de ese miércoles.


El 4 de abril fue un regreso a la guerra sucia como política oficial del Estado contra las organizaciones que cuestionan la legitimidad histórica de su dominación. Con sus secuestros, cárceles clandestinas, torturas, manejo de información totalmente falsa en los periódicos para distraer la atención de la sociedad, etc. el Estado dio un muestra elocuente de lo que es capaz si ve afectada su dominación, o si se enfrenta como es el caso, un problema que no ha terminado de entender. Las secuelas de esta muestra, aún no  terminan.

Versión actualizada del libro "La Redada del 4 de Abril", Editorial Claves Latinoamericanas, México 1992, http://www.bubok.es/libros/172048/La-Redada-del-4-de-Abril

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