Peña Nieto y los intelectuales “de izquierda”, de centro y de derecha coinciden en cacarear
el triunfo de la democracia en las pasadas elecciones,
-- Mejores resultados qué en 2009 --dicen unos.
--Mayor participación –dicen los otros
--Un triunfo sobre los violentos –coinciden todos.
No se necesita mucho cerebro --aunque si una buena memoria ram-- para darse cuenta de la falsedad de estas
afirmaciones.
¿Menos abstención qué en el 2009? Veamos, en estas
elecciones del 2015 por lo menos 48.6 millones de mexicanos qué aparecen en la
lista nominal se abstuvieron de votar o anularon su voto. En 2009 está cantidad fue de 42.9 millones de
abstenciones y 1.8 millones de votos anulados. ¿Son más o son menos?
Pero nos dicen: El porcentaje en menor.
¿Es de celebrar una democracia en la qué casi 50 millones de
personas en edad de votar, se abstienen de hacerlo, anulan su voto o de plano no se registran en
el padrón?
Pero aún hablando de porcentajes, los datos dicen otra cosa.
Según el INE el número de votos federales es (en su corte del 8 de junio a las
8 de la noche) de 36.8 millones, lo que representaba en esos momentos el 44.05%
de la LISTA NOMINAL, esto es, un uno por ciento menos que los abstencionistas
de las elecciones del 2009.
En realidad esta es una patraña que el gobierno sostiene y
los “intelectuales” dan por buena sin considerar que el número total de
votantes que asistieron a votar, o el número de boletas qué fueron extraídas de
las urnas el 7 de junio fue de 34.9 millones, NO DE 36.8.
El INE tendrá que informar cómo es posible que entren 34.9
millones de votantes y se obtenga una votación de 36.8 millones. ¿Cómo aparecieron esos casi 2 millones de votos de diferencia?
Dicen los intelectuales y sicarios verbales de la radio y la
televisión que en la democracia un sólo voto hace la diferencia, ¿qué va a
pasar con esos 1,898,141, un millón ochocientos
noventa y ocho mil 141 votos, que nadie entró a sufragar y sin embargo
aparecieron en el conteo de los votos?
También tendrá que explicar el INE a la
sociedad por qué razón todos esos votos favorecen en casi todos los casos al PRI.
Otra de las mentiras de los intelectuales
de los partidos es que el voto nulo
determina, o es el culpable del triunfo
del PRI.
Haciendo un análisis de la misma información podemos darnos cuenta que
en el supuesto de que en estas elecciones, la “izquierda” o la oposición ciudadana, hicieran a un lado sus estúpidos intereses personales o de grupo y la rivalidad
de sus dirigentes y hubieran actuado juntos el 7 de junio, sumando los votos
del el PRD (3.9 millones), el PT (1.0 millón), Morena (3.0 millones) y
Movimiento Ciudadano (2.2 millones de votos), en total reunirían 10.3 millones
de votos, insuficientes para derrotar al PRI que cuenta con 10.5 millones de
votos.
--Ah, pero si los malditos anulistas o
anuladores del voto hubieran votado sumándose a esa imaginaria coalición, si
que podríamos ganarle al PRI!!! --Nos dicen.
Bueno, si esos partidos en realidad
hicieran una coalición de esa naturaleza, querría decir que no están tan
pendejos, pero aún en ese supuesto, si a esa alianza imaginaria le sumáramos los
votos nulos (1.8 millones) alcanzaría para vencer al PRI… pero no al PRI y al
Verde que juntos reúnen en estas elecciones casi 13 millones de votos.
Ciertamente, y eso hay que reconocerlo, en
algunas casillas, especialmente en la ciudad de México, bastaba que unos
cuantos anulistas en lugar de anular su voto hubieran votado por ejemplo, por
Morena, para que el PRI no hubiera ganado, pero también es cierto que si mi
abuela no hubiera andado en el rock and roll, no habría conocido a mi abuelo y
de esa falta de fricción yo no habría nacido.
La gente ideologizada con su partido,
puede reconocer el derecho que otros tienen de votar por el PRI, por ejemplo, es
gente ideologizada por su partido pero civilizada al fin y al cabo, pero no
puede reconocer que los que no quieren, o deciden no votar, igualmente están en
su derecho y además es la forma en que una buena parte de ellos se expresa o
expresa su desprecio por el sistema político que vivimos.
Así que no le echen la culpa a los 1.8
millones de anuladores, aún con todos ellos, Morena habría pasado de 3 a 4.8
millones de votos, la mitad de los necesarios para madrear al PRI.
Y respecto a los que se abstuvieron de
votar el gobierno se jactan de su gran victoria sobre ellos, “fueron mucho menos
de los que se esperaban” . No faltan los intelectuales que se suman y celebran
esta “victoria de la democracia”. ¿Están estúpidos o qué les pasa? ¿Es cosa
menor que 50 millones de personas decidan no votar a pesar de las aplastantes
campañas para convencerlos de que voten por este o por el otro?
Gracias a esta estúpida visión, que
cuenta a los que votan, pero no a los que no votan, el presidente Peña Nieto se ha envalentonado y pretende resolver la inconformidad social al
estilo Ayotzinapa, esto es, con la mayor dureza y crueldad contra quienes no se someta
a sus mandatos y caprichos.
Ya amenazó directamente a los maestros de la
coordinadora democrática de la Educación, la CNTE, ya masacró a un estudiante
el mismo día de la elección en Tlapa, en el corazón de la Montaña de Guerrero,
ya secuestró y desapareció a 25 profesores en Oaxaca y ahora los acusa de “terrorismo”,
al mismo viejo estilo de Hitler y la época de Brigada Blanca.
Lo que un intelectual lúcido pudo
identificar hace ya algunas décadas como el México Profundo, la civilización
negada en el ámbito de la antropología, los “intelectuales” contemporáneos no
lo han podido identificar en el terreno de la política.
¿De verdad no importa lo que piensen 48
millones de mexicanos que se abstienen de votar o anulan su voto y que son el
sector político más numeroso de esta sociedad, que por lo menos cuadriplica el
número del supuestamente partido más poderoso de México y por lo menos duplica
y supera a la cantidad de todos los votantes juntos durante las últimas
décadas?
¿En verdad no importa la decisión que
han tomado? ¿En verdad no importa cómo se imaginan el futuro y cuál es el mundo
al que anhelan? ¿O es que solo son unos estúpidos a los que hay que ir a ver
con regalitos cada 3 o 6 años para convencerlos de que tal o cual partido o
candidato es el bueno?
Posiblemente una parte de estos abstencionistas
sean (o seamos dijo mi compadre), unos estúpidos, pero desde mi punto de vista,
aún en este caso están más en contacto con la realidad que quien los (nos) ven
como los zombies contemporáneos, como un peso muerto que lastra las buenas
intenciones de un puñado de chaquetos mentales que se han propuesto mediante la
vía electoral acabar con el muy podrido régimen en el que vivimos todos los
mexicanos.
Es cierto que si por lo menos la cuarta
parte de estos abstencionistas o anuladores se decidiera a hacer algo por
transformar este país, seguramente contribuiría de manera determinante para
lograrlo, ¿pero por qué razón tendría que ser necesariamente por la vía electorera
y de los partidos y mecanismos de participación seudo-democráticos existentes?
Nosotros, los abstencionistas II
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