Hay que comprender que
las masas son los verdaderos héroes, en tanto que nosotros somos a menudo
pueriles y ridículos; sin comprender esto, no podremos adquirir ni los
conocimientos más elementales.
En 1976 debí de hacerlo por primera vez. En
aquel entonces pensé que sería una estupidez ir a votar por mi propia voluntad,
así que no lo hice.
Esos años, en 1975 y 1976, aunque ustedes
no lo crean, el PAN, el Partido Acción Nacional tuvo por primera vez --y única--
en su existencia una actitud honesta y congruente con sus principios,
comprendió que de nada servía presentar candidatos en un México donde un año
antes ya se sabía quién sería el próximo presidente, donde el
gobierno ocupaba toda su maquinaria para imponer a quien, desde las alturas del
PRI, ya se había decidido que ocuparía la presidencia de la "república" y a
quienes ocuparían todos y cada uno de los puestos políticos “en juego” durante
la elección. Así que en esas elecciones presidenciales, el PAN no tuvo candidato y José López Portillo "compitió" solo, con él mismo y "ganó" con el 91.9 % de los votos depositados en las urnas.
Bueno no se necesitaba ser muy listo para
descubrir que eso de las elecciones, con un solo candidato, donde todo el peso
del estado se aplica para que este gane y a quien no está de acuerdo se le
corre del trabajo, se le golpea o se le asesina, no es más que una farsa.
Así lo comprendían casi todas las
personas en este país y así votaban, ¿por qué casi todos estaban de acuerdo con él? No,
porque había un control corporativo total y ahí donde la gente no votaba por el
candidato oficial y único había problemas. Por lo demás, no importaba si la
gente votaba o no, el candidato del PRI ganaría, pues por algo
era el PRI-gobierno quién imprimía las boletas, controlaba las urnas, metía
los votos necesarios y más tarde los contaba y daba los resultados.
¿Quiere esto decir que yo y otros que no votamos eramos unos malditos inconscientes, apáticos, apolíticos, huevones, buenos para nada? No lo creo, la totalidad
de nuestro tiempo, fuera de trabajar e ir a la escuela, lo dedicaba a tratar de “explicar”
a la gente del pueblo las aberraciones del sistema político en que vivíamos, aunque hoy lo reconozco, los que necesitában que les explicaran esto éramos
nosotros y los que nos lo podían explicar era la gente del pueblo, pero eso lo
comprendí varios años después, no obstante, la gente del pueblo, en los
camiones en los que brigadeabamos, en los mítines relámpago (no podían ser de
otra forma, o eran relámpago o terminabas en la cárcel) que hacíamos en los
mercados, plazas cívicas y en las calles, siempre nos vio con mucha
conmiseración y simpatía y se dejaba “explicar” lo que ya sabía, la
mayor de las veces sumándose a nuestra indignación.
Podíamos o no tener “razón” en nuestra
determinación, podríamos estar en lo correcto o estar equivocados, pero lo
cierto es que nadie aún ahora nos podría haber llamado apolíticos, apáticos,
vaquetones.
Tampoco era una “puntada” de juventud, un
despliegue de nuestra calentura juvenil,
conocíamos los riesgos que teníamos por boicotear a la farsa electoral, era la época más dura de
la guerra sucia y lo mejor que te podía pasar si te detenía la policía era que
te encarcelaran, pero las opciones más realistas era que te torturaran, te
tundieran a golpes hasta morir o te desaparecieran.
No obstante lo hacíamos, quemamos unas
buenas toneladas de propaganda electoral, trepábamos a los postes para
descolgar los tendederos que en TODAS las calles sostenían los pendones
electorales.
Brigadeando en los camiones es que caímos
presos Laura Varela Sordo, Víctor Hugo Hernández Rezendiz y un servidor, la
salvamos por un pelito, pues ya nos habían entregado a los agentes del Servicio
Secreto (DIPD) que nos trasladarían a Tlaxcoaque, (algo así como la tierra de Irás y
no Volverás), cuando nuestro traslado se interrumpió debido a que el jefe del
servicio secreto, quien completaba su salario secuestrando personas, fue detenido
pues había cometido el error de secuestrar a un empresario que tenía nexos lejanos
con alguien del gabinete y desde arriba ordenaron su inmediata detención, sus
achichincles, incluyendo los que fueron por nosotros se dieron a la fuga
dejándonos en el cuartel de policía y luego de un tiempo, sin saber que hacer
con nosotros la policía nos entregó al Ministerio Publico de la delegación
Azcapotzalco, donde tiempo después pudimos ser rescatados gracias a la
intervención de un profesor de Laura (el famoso "Camarón) que por las tardes trabajaba como Juez de
Paz en esa delegación, ¿Nos dimos cuenta
de que estábamos equivocados? Por el contrario, comprobamos en primera fila que
nuestras suposiciones acerca del carácter represivo del Estado y la podredumbre
del sistema político mexicano eran ciertas. ¿Dejamos en paz nuestro brigadeo,
retiro de propaganda y pintas en las paredes? Para nada. Así que tampoco nos
pueden acusar de poco participativos.
Por aquel entonces el PCM sacó su eslogan, también el más sincero de toda su existencia de:
Vota por Campa aunque te hagan trampa. Ya
en pláticas secretas de la dirección del PCM con Reyes Heroles, el Secretario
de Gobernación, habían acordado que el Partido Comunista postularía a Valentín
Campa, el otrora heroico dirigente del movimiento ferrocarrilero, como candidato
no oficial (pues el PCM seguía “en la clandestinidad”) y el Estado mexicano se
comprometía a contabilizar los votos, todo esto como una forma de ir arreglándose
entre ellos para materializar la llamada Reforma Política con la que el
gobierno pretendía abrir un poco las válvulas de descontento que amenazaban con
sumar a la mayor parte de la oposición a las filas del movimiento armado
guerrillero, la principal preocupación en ese entonces del gobierno.
Así que en 1976, cuando el PAN adquirió
un poco de dignidad y decidió dejar de ser la comparsa electoral del gobierno,
el PCM terminó de perderla y raudo y veloz procedió a tratar de ocupar un lugar
en la nueva “apertura” del gobierno asesino. Y no le fue mal, con el apoyo o aquiescencia del gobierno el
PCM obtuvo cerca de un millón de votos (921 mil, para ser exactos) que quedaron asentados como “candidatos no registrados”.
Esto no podía preocuparle al gobierno, su candidato como ya dije tuvo, según
sus propias cifras la nada desdeñable cantidad de 16.4 millones de votos, el
91.9% de la votación total. Oficialmente hubo por lo menos 8.4 millones de
abstencionistas.
De ahí empezó el auge del amasiato del
Partido Comunista con el gobierno que lo llevó a que en las siguientes
elecciones presidenciales, las de 1982, ..... Pero eso, es otra historia.
Continuará
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