A una semana de realizarse ya sabemos quién será el próximo ganador en las elecciones del 7 de junio del 2015 en México. En está ocasión su triunfo será inobjetable, nadie podrá decir que hubo fraude.
Entre 40 y 48 millones de abstencionistas unidos a sus aliados políticos más combativos, los anulistas, y en menor cantidad los boicoteadores obtendrán el primer lugar en las elecciones federales del 2015.
Sin embargo pese a lo impresionante de este despliegue de fuerzas, de está exhibición de músculo político, los abstencionistas, anulistas y boicoteadores serán sin lugar a dudas el sector de la población menos representado en la cámara de diputados, en los ayuntamientos y gubernaturas qué se disputan en 9 estados.
Ni una diputación, ni una sindicatura municipal y ningún cargo menor en alguna gubernatura alcanzará estos casi 50 millones de mexicanos, definitivamente el sector político más abnegado en términos electorales de todo el país.
En uno de los más grandiosos ejemplos de madurez emocional, salvo escasas excepciones, ninguno de los integrantes de este sector se lamentará de ello, pues aun formando parte de este formidable ejército tampoco esperaban obtener un bien práctico, curul o cargo.
No obstante no recibir ningún beneficio material o político, los integrantes de este destacamento tendrán qué cargar con las agresiones y bulling qué otros sectores de la sociedad, más politizados, o más cercanos a la llamada política, les harán, señalándolos como responsables directos del triunfo del PRI.
Sin ningún beneficio práctico y con la carga moral de ser los malosos de la película, el sector de abstencionistas, anulistas y boicoteadores, que aquí vamos a llamar “Los ABs” pasarán el resto de su vida sin darse cuenta de estas acusaciones de los politizados y solo algunos de ellos, en pocos casos entablaran estériles discusiones con quienes los señalan.
Pero ¿En realidad los ABs son responsables de tan horrendos crímenes?
Vamos a ver dijo un ciego.
En primer lugar es también una verdad incuestionable es que así como los ABs van a ser el sector con mayor presencia numérica en las elecciones, los que van a sacar provecho de este proceso electoral son los priistas, sus aliados verdes y el panal.
Así, a pesar de ser el PRI el partido más odiado de México, repudiado por más del 90 por ciento de la población, el partido de Peña Nieto se quedará con la mayoría de las diputaciones, alcaldías y gubernaturas en juego. El verdadero ganador material de las próximas elecciones será sin duda alguna el PRI. Salvo las gubernaturas en dos o tres estados, es un hecho que el PRI y sus aliados se quedarán con la mayoría de las diputaciones, presidencias municipales y gubernaturas del país. Para qué nos hacemos pendejos, esto lo sabe todo mundo y particularmente lo saben los políticos de los partidos de «oposición».
--”¡Bueno!, pero no sería así si los 48 millones de ABs votaran” --dirán los simpatizantes de uno u otro partido de oposición.
Pues sí, pero si los ABs votaran, no serían los ABs ¿es muy difícil entenderlo?
Igualmente podemos decir que si los 15 millones de priistas votaran por otro partido, tampoco ganaría el PRI y si los 18 millones de votantes del PRD, Morena, PT, Movimiento Ciudadano, independientes, etc. en lugar de estar divididos, votaran aliados o solo por un candidato en cada distrito, alcadía o gubernatura, tampoco ganaría el PRI, pero el hecho es que hoy por hoy los ABs son los ABs, los priístas son los priistas y los políticos de “izquierda” son los políticos de “izquierda”.
Así que al menos por esta ocasión hay que dejar de hacernos como los tíos lolos, o sea, pendejos solos, y no le echemos a los ABs la culpa de algo que están muy lejos de ser la causa y más lejos aún de desear como resultado.
Los abstencionistas
Es cierto, para que lo vamos a negar, que una parte importante de los ABs, unos 15 millones de mexicanos en edad de votar, no son más que una punta de huevones, muchos de ellos no fueron a votar en el 2006, menos en 2009, tampoco votaron en el 2012 y no lo harán el 6 de junio de 2015, porque les da hueva levantarse de su sillón el día de la elección, apagar su tele, dejar a un lado su lata de cerveza ya tibia de tanto tenerla en la mano, salir a la calle, buscar su casilla electoral, hacer cola, sacar de su cartera su credencial de elector y… lo que más hueva les da es tomar una decisión.
--¿Por quién voy a votar si todos son iguales? --Se preguntan encogiendo los hombros como tortugas queriendo esconder la cabeza en el caparazón.
Y la verdad, la verdad aunque muchos no lo saben o no se quieren dar por enterados, tienen al menos un poco de razón, son huevones, pero no pendejos.
Una cosa es cierta de estos alrededor de 15 millones de personas huevonas: Son más honradas que las que salen a votar por el PRI, o por cualquier otro candidato o partido, pensando que todos son iguales de corruptos o nefastos pero que tal o cual candidato o partido le va a dar dinero, despensa, camiseta, mochila o un “apoyo”.
Ambos, el que vota por interés o el que no vota por huevón saben que la mayoría de lo que conocemos en México como “la política” es una mierda, pero uno decide vender su voto por una limosna y otro decide no entrar en ese juego.
Los otros abstencionistas
Otra parte de esos 48 millones de mexicanos en edad de votar que no votan, no lo hacen porque sean huevones, sino porque están completamente desilusionados acerca de lo que significa votar en México. Algunos de ellos, los de más edad, votaron en 1988 por Cuauhtémoc Cárdenas y les tocó indignarse con el fraude electoral del PRI y la actitud pusilánime y entreguista del hijo de El General.
Otros empezaron a votar, o volvieron a votar, en el 2000 esperando lograr un cambio y, efectivamente, lograron con su voto sacar al PRI de los Pinos ¿a cambio de qué? De meter ahí a otros políticos un poco menos ratas que los del PRI, pero igual de nocivos y más pendejos para controlar las fuerzas negras del poder.
Muchos de ellos se llenaron de esperanzas en el 2006 con López Obrador, pero nuevamente la alianza PRI-PAN-Verde-Panal-Rosario Robles y Chuchos (PRD) lograron imponer el fraude, pese a más de 17 millones de votos, y se impuso un presidente espurio y estúpido (Felipe de Jesús Calderón) a dirigir el país. La nación se polarizó, la televisión con su permanente campaña estupidizante logró antagonizar a diversos sectores de la población convirtiendo de la noche a la mañana a una parte de la población como enemiga de la otra parte.
Aún con esperanzas lo volvieron a intentar votando en el 2012 por López Obrador, solo para convencerse de que la principal arma del PRI es la pobreza en que tiene sumida a la gente y para darse cuenta que, mientras más del 60% de los mexicanos vivan en la miseria, siempre habrá millones de personas pobres que estarán dispuestos a vender su voto por una despensa o una tarjeta Soriana, o por los “apoyos” que el candidato supuestamente le hará llegar una vez que asuma su cargo.
Este grupo de personas se han preguntado si en el año 2015 o en el 2018 los pobres del país y sus necesidades serán menos y han llegado a la conclusión (cierta) de que no. El sistema que vivimos es una enorme fábrica de pobres, esa maquinaria produce más pobres que la cantidad de personas que nace en México. Luego entonces han concluido que votar no es el camino para solucionar los problemas que como nación tenemos.
Y no es que sepan COMO SI pueden cambiar las cosas en este país, (algunos de ellos se imaginan algo), pero los demás, los políticos, tampoco saben, aunque digan que sí, y nadie los critica por eso.
Este sector de los abstencionistas tiene tantas razones validas que su equivalente dentro del sector de oposición, de los que quieren el cambio y que si votan, aquellos que ya sea en las elecciones de 1988, 2000, 2006 o 2012 votaron con la idea de un cambio que no se dio y hoy, a sabiendas de que la situación electoral es peor en todos los sentidos que en 88, 2000, 2006 y 2012, deciden por inercia, por ideología partidaria o por convicción ir a votar para ver por si acaso se les hace el milagro de un cambio en México.
Los anulistas
Otro sector de los ABs, aproximadamente 2 millones de mexicanos, van a acudir a las casillas y van a depositar su voto en las urnas, en parte para cubrir las apariencias (no vaya a ser la de malas, ya saben de lo que son capaces los gobernantes y sus lacayos), otros por presión social o familiar y otros más por pura diversión.
Este sector se toma la molestia de ir a votar entre otras cosas para poder mentarle la madre al gobierno, tachonear todas las casillas, hacer pedacitos su papeleta o escribir en la boleta cualquier tipo de mensajes críticos o filosóficos en contra del gobierno, del sistema de partidos o de la grave situación que se vive en México.
Este sector no es nuevo, desde 1952 con la terrible represión al movimiento Enriquista, con sus asesinatos masivos en plena Alameda Central de la Ciudad de México y su represión selectiva contra los dirigentes, mucha gente optó por expresar su descontento anulando su voto rompiéndolo o votando por candidatos no registrados para expresar su descontento o ironía, de tal manera que históricamente algunos de los personajes que han tenido más votos reales en este país, antes de 1988 han sido Chucho el Roto, Cantinflas, el Chavo del Ocho, Lucio Cabañas y Genaro Vazquez Rojas, pues estos nombres eran escritos en las boletas electorales por muchos de los que repudiaban el gobierno y la farsa electoral previa a 1988.
Muchos de los que anulan su voto de esta manera saben que no ganarán nada, pero como se divierten, o les sirve de terapia al sacar su descontento, enojo o furia contra los gobernantes y su sistema de partidos.
Los boicoteadores
Otro sector, en este caso mucho más reducido, como de unos 200 mil activistas revolucionarios, no se conforman con no ir a votar o con anular su voto, sino que hacen todo lo posible para que otros tampoco lo hagan argumentando que las elecciones no sirven para nada (a la población mayoritaria de México), que las elecciones están controladas por los narcos o las diferentes mafias, que solo sirven para empoderar a ladrones y corruptos, o para legitimar un régimen en verdad dictatorial, etc, lo cual no se puede negarse tiene su dosis de verdad, aunque a algunos les parezca exagerado o descabellado.
Los chaquetos
Dentro de este sector hay un muy pequeño contingente de chavos y viejitos forever, unos 14 mil, que se hacen chaquetas mentales de manera permanente, que piensan que con abstenerse, anular su voto ya están “iluminando al pueblo” y haciendo la revolución, ya que en cuanto vea el gobierno que la mayoría de las personas se abstiene de votar va a caer de rodillas, (o nos va a caer a madrazos) al estilo de la novela de José Saramago “Ensayo sobre la lucidez”.
Estos chaquetos mentales creen que con poner o reproducir un Twitt, dar un “Me Gusta” en Facebok o publicar algo en internet que sólo será leído en el estrecho círculo de sus iguales, o con hacer turismo revolucionario en comunidades indígenas, ya están contribuyendo de una manera determinante en el cambio social.
¡Ah! ¡Se me olvidaba!...
Los olvidadizos
Unos 2 millones de mexicanos en edad de votar, independientemente de sus ideas políticas o preferencias partidarias, de si están en contra del gobierno o no, no irán a votar porque perdieron su credencial de elector y no la fueron a reponer a tiempo, o por que la perdieron recientemente o la perderán en el transcurso de esta semana, o simplemente porque no saben donde diablos la dejaron. No somos pocos los distraídos.
En fin
Pero todos estos cerca de 48 millones de mexicanos (15 millones de huevones, no sé cuántos millones de desilusionados, 2 millones de anulistas, 200 mil activistas y 14 mil chaquetos mentales), por grande que sea su número, profundas que sean sus convicciones o su flojera, no serán, (al menos no más que todos los demás mexicanos), los culpables de que el PRI y sus aliados (incluyendo el narco) se consolide en el poder en México en el 2015.
¿Qué es lo que determinó el regreso del PRI en 2012 y qué es lo que hace que en el 2015 este partido se consolide política y mayoritariamente en el poder?
Cada quién tiene su hipótesis, su explicación, pero mientras no podamos dilucidar sin prejuicios este y otros temas en conjunto, los que votan y los que no votan, los que votan por el PRD y los que votan por Morena, los que se solo se abstienen de votar y los que procuran sabotear las elecciones, no podremos sacar conclusiones comunes y actuar como nación en consecuencia.
Por ese motivo seguiremos molestando con el tema.
México, 30 de mayo del 2015
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