martes, 6 de octubre de 2015

Las bases objetivas de la próxima situación revolucionaria


Escrito por Mario (David Cilia Olmos), a finales de 1983, publicado en el número 14 del periódico “13 de Junio”, Órgano del Comité Comunista Estudiantil, México, febrero de 1984.

Introducción


Difícil es orientar nuestra actividad revolucionaria cuando la perspectiva del movimiento es incierta. Los acontecimientos de la lucha se desarrollan cada vez a una velocidad más vertiginosa. Surgen las preguntas: ¿El movimiento del proletariado[1] está a la ofensiva? ¿el movimiento progresa o está en retirada? y sobre todo: ¿a dónde nos va a llevar la actual situación económica? ¿hay posibilidades de un cambio que beneficie al proletariado?

Las respuestas a éstas presuntas nadie nos las va a dar, nosotros las tenemos que buscar, es una tarea que tienen los revolucionarios. Con éste artículo esperamos iniciar el estudio de la situación actual, estudio indispensable para dar respuesta a las anteriores preguntas y plantearnos una táctica adecuada.

El artículo es largo porque no podemos plantearnos la complicada situación económica y política del país en dos o tres palabras. Esperamos que los compañeros sinceramente interesados en el cambio revolucionario le presten la atención debida; esperamos que sepan, no disculpar, sino ayudar a superar las debilidades de éste análisis, debilidades que son producto de nuestro aún precario nivel en el terreno de la economía política. Aún con todo esto, pensamos que el artículo puede ser de utilidad para todo aquel que quiera comprender la realidad para transformarla.

La situación política.


Vivimos como dijera el camarada Oseas[2], un período de ascenso histórico, un ascenso revolucionario de carácter estratégico. Este ascenso se da, de la lucha de los ferrocarrileros a la fecha y, ha estado compuesto por una serie de flujos y reflujos tácticos. Así, luego de la represión contra el movimiento ferrocarrilero[3] vino un período de reflujo que abarcaría aproximadamente hasta el año 1965; de ahí en adelante se inicia, con la lucha magisterial y de los médicos, con la inauguración de la lucha armada proletaria en nuestro país y con los diferentes movimientos estudiantiles de 1965 a 1967, un ascenso que tendría su punto máximo en la situación revolucionaria de 1968.

Después del '68 se inicia un periodo de reflujo que culminaría en 1972 con el ascenso del movimiento obrero fabril y con la generalización de la lucha armada como forma imprescindible de lucha; este ascenso sería frenado nuevamente a sangre y fuego con una carnicería más bestial que la del '68, que sin embargo sería menos visible ya que no se da --como la del '68-- en una sola plaza (La Plaza de las Tres Culturas) , sino en todo el país, y no se da en un solo día, sino a lo largo de varios años a partir de 1974.   Este largo y sangriento período de reflujo tendría su punto más alto junto con el relativo auge de la economía capitalista en México que se da entre 1978 y 1980.

Así llegamos al presente periodo de ascenso estratégico del movimiento. Fue el ascenso del movimiento magisterial[4], el surgimiento de movimientos proletarios en el seno de sectores tan importantes como los autobuses urbanos[5] y el Metro, lo que vino a marcar el fin del periodo de reflujo y el inicio del nuevo ascenso que se presenta tenuemente a fines de 1981 y viene a consolidarse hasta que la primera gran oleada táctica del nuevo ascenso se presenta, ya con carta de naturalización, en los últimos días de septiembre de 1982. El movimiento social, las masas, toman después de 14 años el Zócalo de la ciudad de México, la desconfianza al Estado se traduce en acción de miles y miles de obreros a lo largo y ancho del país. Esta oleada iría tomando cada vez más fuerza, desbordando por la vía de los hechos las limitaciones que a su desarrollo ponían los agentes de la burguesía incrustados en el movimiento, los oportunistas; éste ascenso tendría como clímax la gran jornada huelguística de enero-junio de 1983 y como expresiones más relevantes, las grandes y combativas movilizaciones del proletariado magisterial y los combates del proletariado estudiantil, Preparatoria Popular Tacuba y Tecnológico de Ciudad Juárez, contra la policía, donde por primera vez en muchos años, los estudiantes obtienen una victoria táctica.

Este ascenso táctico, esta primera gran oleada del nuevo flujo estratégico sería frenada aproximadamente en julio de 1983 entre otras cosas ocasionado por la descarada traición de los oportunistas que impulsaron al movimiento formas de lucha que no correspondían a la situación de éste. Cuando la lucha exigía energía, los oportunistas pudieron imponer la pasividad, la conciliación, vacilación y timoratés; cuando había fuerza, se encargaron de dispersarla, dirigirla hacia el desgaste, hacia la derrota. Así, la primera oleada terminó con la derrota de las principales huelgas y movimientos proletarios desarrollados en el periodo. Sin la ayuda del oportunismo difícilmente el Estado habría podido obtener una victoria, y esto nos habla de lo determinante que es para el movimiento la carencia de una organización proletaria, de lo grave que es que el proletariado no se haya aún constituido en clase para sí, en partido político.

Sin embargo, esa victoria táctica general del Estado sobre la primera oleada del ascenso estratégico, no representa en verdad una derrota estratégica, sino un aplazamiento de la lucha por parte del proletariado, un repliegue obligado ante la necesidad de zafarse antes de la quinta columna enemiga para poder desatar la lucha hasta sus últimas consecuencias.

El Estado compró dirigentes, presionó a otros, asesinó a los más combativos, persiguió a los más honestos, rompió sangrientamente huelgas, desapareció empresas enteras para contener a los trabajadores, en gran medida lo logró. Sin embargo, los movimientos no habían surgido por la voluntad de los dirigentes, la demanda de aumento salarial no era una especulación de la case obrera. Todas y cada una de las demandas de los trabajadores tiene su razón de ser y no son producto de deseos. Sino de necesidades. La clase necesita sobrevivir. Al reprimir las huelgas, al no dar solución real a ninguna de las demandas, al dar paliativos a graves necesidades urgentes de la población, estas necesidades se agudizan y cada día que pasa se convierten en un factor explosivo de mayor fuerza.

Eso es lo que el Estado, la burguesía y los sindicaleros no han aprendido de la biología. El hambre solo se resuelve comiendo. Por mucho que manden a sus pistoleros a romper una huelga, por mucho que los oportunistas sindicaleros amanecen e intimiden las asambleas de los trabajadores, por mucho que golpeen una manifestación, no podrán acabar con la lucha del pueblo trabajador, porque ésta lucha es para garantizar, ya ni siquiera una mejoría, sino tan solo la propia sobrevivencia.

El Estado ha contenido tácticamente el ascenso, pero, dentro de poco las huelgas no serán de un sector, sino de todos, no afectaran una región, sino todas las regiones; no serán protagonizadas por los destacamentos más susceptibles del proletariado, sino por todos los sectores. Este ascenso es producto de la crisis, y en esta crisis una parte de la población trabajadora se está jugando su supervivencia, se está jugando su existencia real y, esto, no se puede resolver con discursos ni con grillas, ni del gobierno, ni de los patrones, ni de los sindicaleros.

Y así como en el capitalismo el Estado burgués no tiene otra salida más que aumentar el hambre, aumentar la explotación, el desempleo, la inflación, aumentar el asesinato masivo silencioso pero real de una gran parte de la población, para salir --él y su clase-- lo mejor librados de la crisis, así el proletariado tampoco tiene otra alternativa que suprimir el Estado burgués, acabar con la crisis, el hambre y el desempleo, tomando en sus manos la conducción de la sociedad e implantando su dictadura revolucionaria.

¿Cuáles son las bases económicas que hacen posible, necesaria e inevitable el cumplimiento de ésta tarea?

La situación económica de la clase trabajadora.

Ya cada trabajador sabe las penurias por las que individualmente pasa debido al sistema capitalista de explotación, así que aquí nos vamos a limitar a ver esa problemática pero en su nivel social, es decir, en como afecta a toda la clase trabajadora.

En primer lugar vamos a ver como en los aumentos de salario y los aumentos de precios, se va abriendo una brecha que permite al burgués rebajar el salario real del trabajador, aún cuando le aumente el salario nominal.

Incremento de salarios y de precios en los últimos 8 años

Año
1976
1977
1978
1979
1980
1981
1982
1983
%Aumento de precios (1976=100%)
100
129.1
148.1
178.5
231.1
301.1
475.7
856.2
Salario
(Pesos $)
96.7
106.4
120
138
163
210
280
540
% Aumento al salario
100
111
124.1
142.7
168.5
217
289.5
558
Salario Real a precios de 1976
100
99.2
95.9
94.7
88.9
90.5
79.2
56.3


Estos datos los podemos interpretar justamente, si comprendemos que el índice de precios al consumidor es un dato que la burguesía manipula lo más que puede, para justificar año con año el bajo incremento de los salarios.

En la actualidad con un salario mínimo se compra más o menos la mitad de lo que se podía comprar en 1976. Por lo que se requieren dos salarios mínimos para comprar lo que antes se adquiría con uno sólo.

En segundo lugar, vamos a comparar la disminución del salario real con el incremento de la ganancia obtenida por los burgueses, mediante el dato que nos proporciona la tasa de incremento de la renta de las acciones, todo esto de 1976 a 1981.

Relación entre el salario real y la ganancia.

         Entre 1976 y 1981, el salario real disminuyó un 9.5%, sin embargo, el incremento en la ganancia de los burgueses (renta de las acciones) fue de 69%.

Año
1976
1981
Variación total
Incremento de la Renta de las acciones (1976=100)
100 %
169 %
+ 69 %
Decremento del Salario real
(1976=100)
100 %
9.5 %
- 9.5 %

         Sí esto lo comparamos con el incremento de la producción durante un año en el país, esto es, con el incremento del valor del PIB, vamos a ver que mientras más produce la clase obrera, menos recibe a cambio.

Aumento de lo producido en el país (PIB) en relación con el salario real

PIB / Año
1976
1977
1978
1979
1980
PIB (Valor 1976=100)
100 %
135 %
170 %
224 %
312 %
Salario real  (1976=100)
100 %
99.2 %
95.9 %
94.7 %
88.9 %

Por último, es difícil saber cuáles son los ingresos reales de la burguesía, el Estado oculta y amaña esos datos, pero son sumas fantásticas que se acumulan años con año. El único indicio que obtuvimos, que de una u otra manera refleja los ingresos de la burguesía, son los datos sobre los ingresos del Estado que deben correr un tanto paralelamente a los ingresos de la burguesía. Entonces estamos comparando los ingresos de la burguesía organizada en Estado, con los ingresos de los obreros a nivel de clase.

Ingresos de Estado en relación a los ingresos del obrero.

Año
1977
1978
1979
1980
1981
1982
Ingreso del Estado en Miles de Millones de Pesos ($)
415
554
751
1153
1542
2736
Incremento porcentual con respecto a 1977 (%)
100%
134%
181%
278%
372%
660%
Ingreso diario del obrero
(pesos $)
106.4
120
138
163
210
280
Ingreso anual del obrero en Miles de pesos ($)
38.8
43.8
50.4
59.5
76.6
102.2
Incremento porcentual con respecto a 1977 (%)
100%
113%
130%
154%
198%

264%


Esto es, en 5 años los ingresos del Estado se han incrementado más de dos veces respecto a los ingresos de los trabajadores en el mismo periodo.

El problema del hambre


En términos estadísticos ya vimos que la penuria aumenta contra la clase trabajadora. Veamos ahora como se traduce esto a la práctica social.

         Tomaremos como referencia el consumo de leche y sus derivados. En México el consumo de leche en promedio por habitante es de menos de un tercio de litro, cuando el mínimo mundial, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO- ONU) es de medio litro. Esto, que es grave de por sí, es más grave aún cuando en la realidad los burgueses en México consumen 12 veces más productos lácteos que la población trabajadora del campo, una parte de la cual no puede probar nunca ese alimento.

         En México hay 8 millones y medio de niños de la clase trabajadora con problemas agudos de desnutrición, está es una cifra conservadora, ya que la mayoría de los niños de la clase trabajadora de bajos recursos, sobre todo del campo, no cuenta en las estadísticas de salud, simplemente porque no tienen acceso a servicios médicos, Está cifra tampoco cuenta a la población infantil que muere en los primeros años y que tiene como primera causa real los problemas agudos de desnutrición. Según cifras de la ONU, uno de cada diez niños muere por esta causa en los primero 2 años de vida.

         Y sí pasamos a ver el consumo de huevo, veremos que 5 millones 300 mil personas de la clase proletaria nunca comen huevo en este país y que otros 8 millones de personas consumen en promedio menos de un huevo al día.

         Insistir aquí en el consumo de carne, frutas, mariscos, etc., sería una provocación contra las tripas del lector, solo nos limitaremos a decir que la crisis ha repercutido ya no solo en la población trabajadora sino también en las capas medias, estos sectores se ven limitados o despojados del consumo de estos productos. Basta decir que en la actualidad un kilogramos de carne equivale tanto o más del 60% del salario mínimo de un obrero, lo que demuestra que el capitalismo ha prohibido este alimento a amplias capas de trabajadores y a su familia[6].

         Pero veamos más de cerca como se expresa el problema salario-hambre:

Según datos de la revista “Estrategia”, 600 mil candelilleros de los estados de Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas no tienen ni dónde trabajar, ni que comer, ni dónde ir y tienen ingresos de 4 pesos diarios, en promedio.

En Yucatán, 56 mil henequeneros sobreviven con un salario entre 8 y 23 pesos diarios.         

122 mil cañeros de la región centro y golfo del país viven en gravísimas condiciones de vida. En el D.F. sobreviven unos 600 mil indígenas nahuas, completamente depauperados. 15 mil indígenas de San Juan Chamula en Chiapas, jornaleros del corte de café, reciben salarios entre 10 y 120 pesos diarios por jornada de trabajo de 12 horas diarias. 5 millones de trabajadores agrícolas jamás han recibido el salario mínimo del campo.

Todos estos son indicios de la situación que priva entre los trabajadores que de una u otra manera tienen empleo. Pero además hay proletarios que no tienen y por tanto, sus condiciones de vida, son muchas veces peores.

El problema del desempleo.


La población total del país (1983) varía entre 74.8 y 76.5 millones de habitantes, la población en edad de trabajar varía entre 35 y 36 millones de personas, de éstas, ¿cuántas tienen empleo? Con exactitud no lo sabemos, la burguesía se cuida muy bien de dar esas cifras. Según sus amañados datos existe un desempleo “bruto” del 8.5 % de la población económicamente activa y un índice de incremento anual de 4.5%.

         Entre 1981 y 1982, la tasa del desempleo se duplicó. Según datos oficiales se debieron haber creado ese año más de 600 mil empleos para aminorar en algo el grave problema del desempleo, pero ¿qué ha pasado?, todo lo contrario. Lejos de crearse empleos, se han venido cerrando fuentes de trabajo, se ha venido recortando personal en casi la totalidad de empresas e incluso, se han venido utilizando las huelgas de algunas empresas, para mantener parada la producción sin tener que pagar a los trabajadores. Es decir, la burguesía ha promovido mediante sus agentes de la CTM, CROC, CROM, un sin número de paros patronales disfrazados de huelgas, lo que permite a los patrones despedir, liquidar o suspender temporalmente a los trabajadores, sin ninguna paga.

         Y los datos que da la burguesía son bien claros no sólo para ver la situación actual, sino también la que se avecina. José Luis Coindreau, un dirigente de la burguesía industrial, CONCAMIN, anuncia que “la mayoría de las empresas mexicanas se encuentra en la lona y su situación continuará así por lo menos durante un año” (hasta 1984) pero además afirma que se necesitarán “muchos años” para salir de sus crisis.

         Según datos de la revista Expansión el 76% de las empresas del país, no recibirán utilidades, es decir, pese a que van a obtener utilidades para ellos, no van a dar a sus trabajadores ninguna utilidad, ni van a reinvertir en la generación de más empleos. Dos de cada tres empresas tendrán que reducir su personal y están apunto de quebrar.

         Hay que imaginarse esta situación traducida al mercado de la fuerza del trabajo, a la situación del desempleo y del empleo, y también como se traduce esto en la sobre explotación de los trabajadores que se quedan, de los que por una u otra razón no son reajustados ya que éstos tienen que mantener la producción al mismo nivel de cuando estaba la planta completa. Y esto solo trae consigo un incremento del despotismo patronal, ya que la presión de la gran cantidad de desempleados, incluyendo mano de obra calificada, le permite al patrón y capataces sobajar y actuar aún más despóticamente contra los trabajadores que no fueron despedidos.

         Y así vemos como el panorama se torna negro para el proletariado. Durante lo que va de este año (1983), sólo el Estado ha aumentado su personal, cabe decir que la mayor parte de éstos ingresos corresponden a las fuerzas armadas, ejercito, fuerza aérea y marina; sectores represivos que desde principio de año han estado desarrollando una campaña de reclutamiento que los ha llevado incluso a establecerse en las estaciones de Metro. Otra gran parte de los aumentos del personal del Estado corresponden al incremento de las fuerzas policiacas y para-policiacas, que han sido notablemente incrementadas con el claro fin de reprimir las manifestaciones que la crisis ha provocado. Una pequeña parte de los nuevos puestos creados, corresponden a la reactivación de las obras públicas, como el Metro cuyas obras el Estado reinicio gracias a los últimos préstamos de dinero por parte de los banqueros a nivel internacional. Estos empleos tienen dos limitaciones, por un lado son eventuales, ya que la reactivación de las obras del metro, ya están tocando nuevamente a su fin, es decir, es un paliativo temporal; y por otro lado es un paliativo insignificante comparado con la magnitud real del problema -más de 13 millones y medio de desempleados-.

Así que una vez terminadas las obras del metro el problema del desempleo será aún más explosivo. Se nos puede decir que una vez terminadas las obras, el gobierno proseguirá con alguna otra, pero los préstamos de los banqueros extranjeros son de dinero real, no de chicle, el Estado no los puede estirar como se le de su gana. Si el gobierno siguió con las obras del metro, fue porque el capital que quedaba enterrado en las ruinas abortivas del metro, era muy superior al capital que había que invertir para terminar la obra, y bien o mal, pese a los lloriqueos del gobierno, la expansión del metro le va a traer beneficios económicos al Estado y a la clase burguesa en su conjunto, así como las ganancias reales, concretas, plusvalía.

         La situación financiera ya está provocando que la terminación del dinero prestado por la oligarquía internacional al Estado, provoque que el Estado no pueda absorber ni siquiera mínimamente la fuerza de trabajo desempleada y por el contrario, vengan a contribuir con el despido de su personal, a nivel ya masivo, para reducir el déficit del gasto público, a agudizar a niveles detonantes el problema del desempleo.

         Todo esto ha venido a demostrar que el capitalismo es progreso, pero progreso sólo para los burgueses. Se comprueba lo que dijera Marx, mientras más ganancia obtiene la burguesía, más miseria obtiene el obrero, mientras más progresa la industria el obrero se hunde más y más en la degradación. Y esto es en tiempos que la burguesía llama normales. Sin embargo, ya no estamos en tiempos normales de explotación, como hace unos tres años; sino en tiempos de crisis económica y la crisis no es más que la agudización de todos los problemas y contradicciones que el capitalismo trae consigo, que se presentan a un grado superlativo, vale decir, explosivo.


La crisis


La crisis es la manifestación de la impotencia de la burguesía para seguir dominando a la sociedad. La crisis demuestra a todo mundo que en adelante, la existencia de la humanidad es incompatible con la existencia de la clase parasitaria.

         En México y en el mundo, pese a los gritos de todos los teóricos de la burguesía, la crisis no es más que la expresión de la anarquía de la producción, que a su vez es un producto de la ley que descubriera Marx; la ley de la máxima ganancia.

         En el capitalismo, los burgueses invierten su capital en la producción de la mercancía que le va a traer la máxima ganancia, no importa sí lo que producen sea necesario o nocivo para toda la sociedad. ¿Qué es lo que les proporciona la máxima ganancia?, pues aquellas mercancías que pueden vender a un precio por encima de su valor, de su costo de producción. ¿Cómo pueden vender esas mercancías por encima de su valor?, pues gracias a la oferta y la demanda, es decir, cuando son muchos los que necesitan comprar determinada mercancía y son pocas las mercancías que se producen. Se establece una competencia entre los compradores de tal manera que al querer obtener dicha mercancía, son capaces de pagar un precio más alto, lo que provoca que este precio se ponga por encima del valor de dicha mercancía y de ahí el capitalista obtiene una sobre-ganancia.

         El capitalista no tiene otra alternativa más que tratar de ponerse por encima de los demás burgueses y desplazarlos del mercado, de otra manera él mismo será desplazado y eso significa su ruina. Se pone por encima de sus competidores burgueses, cuando obtiene la máxima ganancia, es decir, cuando logra reducir el costo de producción de su mercancía y lo puede vender a un precio más alto. Así, el burgués se ve obligado a invertir su capital en esa rama de la producción o en esa mercancía que le reditúa la máxima ganancia. Esto provoca que sean muchos los burgueses los que inviertan en la rama de la producción que le da más ganancia, lo que a la larga provoca que se aumente la producción de la mercancía tan solicitada, es decir, que aumente su oferta y por lo tanto, proporcionalmente, disminuya su demanda, y con esto, que la competencia entre compradores disminuya y aumente en cambio la competencia entre vendedores, lo cual provoca que el precio de esa mercancía que tan buenas ganancias daba al burgueses, se vea disminuido. Y no sólo disminuye el precio, sino que la competencia interburguesa provoca que al aumentar la productividad de esa mercancía, gracias a la sobreexplotación de la fuerza de trabajo, también disminuya su costo de producción, es decir, su valor.

         Por lo tanto la ley de la máxima ganancia, provoca que se produzcan más mercancías de las que requiere la sociedad, y que no se produzcan otras que son necesarias, lo que constituye la anarquía de la producción.

         A la larga, la libre concurrencia provoca el incremento de la oferta y la disminución de la demanda. Cuando en términos generales la oferta supera la demanda, se provoca un fenómeno contrario, los burgueses se ven obligados a vender sus mercancías a un precio más bajo que su valor; esto no quiere decir que el burgués no va a obtener ganancia. No, la ganancia fundamental el burgués no la obtiene de las fluctuaciones del mercado, de la oferta y la demanda, sino de la extracción de la plusvalía, es decir, el trabajo excedente del obrero que se apropia la burguesía y que no le paga a éste.

         En estas condiciones, los burgueses se dan a la tarea de desplazar su capital a otra rama de la producción más productiva de ganancias, y si bien lo que ganaron por encima de su valor en los buenos tiempos, se compensa con lo que perdieron en los malos tiempos,  no son los mismos burgueses los que quedan equilibrados, sino que mientras unos quiebran otros aumentan su capital. Quiebran aquellos burgueses que no son capaces de trasladar su capital de una rama de la producción a otra, o los que no pueden resistir los bajos precios merced al poco capital del que disponen. De esta manera se va dando la centralización de la economía en unas cuantas manos, el dominio del capital monopólico, la monopolización de la producción.

         En la actualidad la centralización de los medios de producción en unas cuantas manos, en unos cuantos grupos monopólicos ha llegado a tal grado que la competencia ya no se da entre un burgués contra otros; sino de un grupo monopólico contra otro, de un Estado monopolista contra los demás. La “libre concurrencia” ha dejado lugar a la competencia intermonopólica y esto de ninguna manera ha suprimido la anarquía de la producción sino que la ha llevado a un nivel cualitativamente superior. La ley de la máxima ganancia sigue siendo la ley que mueve a la burguesía y la obliga a la desenfrenada competencia que lleva a toda la sociedad, y ahora a todo el mundo a la anarquía, a la destrucción de una gran cantidad de fuerzas productivas, y a la guerra. Todo esto a niveles ya cualitativamente superiores con respecto a la primera fase del capitalismo.

Eso es lo que está pasando en México la oligarquía financiera, mediante su expresión más acabada, el Estado, invirtió desenfrenadamente en la producción de petróleo, ya que éste le reportaba la máxima ganancia, gracias al aumento de su demanda en la década de los 70s. Las ganancias obtenidas fueron dedicadas a la reinversión de la misma rama petrolera, el Estado mexicano solicitó una gran cantidad de prestamos con el extranjero a fin de aumentar la producción, al grado que en 1982 obtuvo el cuarto lugar dentro de los países petroleros, tanto por su producción como por sus reservas. Y esto mismo que hizo la oligarquía mexicana, esto mismo que hizo el Estado monopolista, lo hicieron la mayoría de los grupos oligárquicos del mundo, de tal manera que al aumentar la producción y la productividad del petróleo se desplomó su precio y se rebajo su valor.

         El Estado mexicano, entró en bancarrota y así es como entramos a la actual crisis, que no es más que una crisis dentro de la ya crisis crónica que viene afectando a México hace varios años.

         Esta es, por simple que parezca, la estructura de ésta crisis, por mucho que los oportunistas anden diciendo que la “la crisis se pudo haber evitado”, “que todo se debe a que el Estado no planeo bien la cosa”, “que el Estado no debió haber hecho esto, sino lo otro”, etc. Los capitalistas, sólo podían comportarse como capitalistas. En efecto, los burgueses no pueden actuar más que según las leyes que rigen la economía burguesa, no es que sean tontos (ideológicamente lo son), lo que pasa es que el sistema modula su actuación. El mismo Estado burgués no puede actuar como si fuera un Estado de otro tipo. La burguesía financiera, la oligarquía no va a producir lo que necesite la sociedad, sino lo que va a incrementar su capital, no le importa, ni le puede importar, que esto implique la destrucción de esa misma sociedad.

         De ahí que nos sea revolucionaria la postura de los oportunistas de “criticar” al Estado y darle al mismo tiempo “buenos consejos” para “reorientar la economía”,darle un carácter nacionalista a la política económica del Estado”. La única manera que se puede acabar con la crisis es acabando con la anarquía de la producción y, la única forma de acabar con esta, es acabando con la competencia inter-monopólica acabando con la ley de la máxima ganancia y, la única forma de acabar con la ley de la máxima ganancia es acabando con el sistema que la engendra, es decir, acabando con el sistema de producción capitalista, acabando con la clase burguesa y con su estado. Lo demás no son sino tonterías. El Estado burgués siempre se comportará como Estado burgués, la burguesía siempre se comportará como burguesía y no va a cambiar porque los hebertos[7] y demás oportunistas les den recomendaciones “populares”, “nacionalistas”. Estas tonterías que los oportunistas pregonan con tanto empeño, ni ellos mismos lo creen y son solo eso, tonterías.

Continuará.




[1] Proletariado: Aunque para la derecha y la izquierda moderada este concepto ya está muerto y enterrado,  fue la hija de Enrique Peña Nieto, Paulina, quien reposicionó el término al enviar por twitter "un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian!”.  Para los que ocupen una explicación  de este concepto diremos que en la Roma antigua los proletarios eran los ciudadanos de la clase social más baja y que no tenían ninguna propiedad; el Estado sólo los consideraba para generar proles (proles=hijos=descendencia), que pasaban a formar parte de los ejércitos del imperio. Con la aparición de la gran industria en la Europa del siglo XIX, los proletarios tomaron mayor protagonismo en la sociedad debido a que su mano de obra era fundamental para que las empresas pudieran producir. Marx identifica que en el sistema capitalista, el proletariado es la clase social que no dispone de medios de producción, esto es, no tiene capital, fábricas, o tierra, por  lo que se ven forzados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas.
[2] Oseas: Se refiere a Arturo Salas Obregón, uno de  los principales dirigentes de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Sus aportaciones respecto a los flujos y reflujos del movimiento social en México son destacados en el articulo http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/04/28/oseas-al-analisis-de-los-movimientos-sociales/. Oseas fue secuestrado por la policía a la edad de 25 años, la noche del 26 de abril de 1974, Fue trasladado al Campo Militar Número 1, y a partir de ahí se encuentra en condición de desaparición forzada.
[3] En febrero de 1958 los trabajadores ferrocarrileros iniciaron una lucha solicitando un aumento de salarios, se hicieron mítines y protestas en Matías Romero, Tonalá, Tierra Blanca y Veracruz donde se elaboró el Plan del Sureste, que planteaba llegar a un paro total de no llegar a un acuerdo satisfactorio. El 26 de junio se iniciaron los paros de labores por 2 horas. Al día siguiente, el paro fue de 4 horas, el 29 de junio, los paros fueron de 6 horas. El 1 de julio, el presidente Adolfo Ruiz Cortines ofreció un aumento, aceptando los ferrocarrileros la propuesta. El primero de septiembre,  por medio del charro sindical Salvador Quesada, comenzó la represión, el Ejército y la policía ocupó los locales sindicales y detuvo a todos sus ocupantes. Demetrio Vallejo llamó, entonces, al paro total de actividades, estallando esa misma noche, la CTM, los empresarios y el gobierno desataron una campaña en contra de los trabajadores ferrocarrileros, acusándolos de ser agentes del comunismo,  traidores a la patria, y que quería derrocar al gobierno, la empresa despidió a 9 mil trabajadores ferrocarrileros y procedió a lanzarlos, junto con sus familias, de los campamentos en los que vivían, muchos más fueron detenidos. Demetrio y Valentín Campa estuvieron 10 años en prisión, hasta que fueron liberados por el Movimiento estudiantil en México de 1968.

[4] Desde 1980 se intensificaron las movilizaciones de maestros en Oaxaca, Michoacán, Morelos, Guerrero, Chiapas e Hidalgo, Valle de México y Distrito Federal. Miles de maestros participaban en paros, marchas y mítines en demanda de mejores condiciones laborales y salariales, la Coordinación Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) fue su producto orgánico más notable.
[5] La lucha de los trabajadores del volante contra el pulpo camionero encabezado por el asesino Rubén Figueroa obligó al gobierno federal a la creación del Sistema Metropolitano de Transporte Ruta 100.
[6] En 2015, el salario mínimo vigente de 70.10 pesos por día no alcanza para comprar ni siquiera un kilo de los cortes más populares.
[7] Se refiere a los seguidores de Heberto Castillo, principal representantes de la izquierda moderada en México hasta 1988.

1 comentario:

  1. Muy buen articulo!

    "Y así como en el capitalismo el Estado burgués no tiene otra salida más que aumentar el hambre, aumentar la explotación, el desempleo, la inflación, aumentar el asesinato masivo silencioso pero real de una gran parte de la población, para salir --él y su clase-- lo mejor librados de la crisis"

    Este párrafo parece muy actual aunque las gráficas serian en mucho peores

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