Escrito
por Mario (David Cilia Olmos), a
finales de 1983, publicado en el número 14 del periódico “13 de Junio”, Órgano
del Comité Comunista Estudiantil, México, febrero de 1984.
Introducción
Difícil
es orientar nuestra actividad revolucionaria cuando la perspectiva del
movimiento es incierta. Los acontecimientos de la lucha se desarrollan cada vez
a una velocidad más vertiginosa. Surgen las preguntas: ¿El movimiento del proletariado[1] está
a la ofensiva? ¿el movimiento progresa o está en retirada? y sobre todo: ¿a
dónde nos va a llevar la actual situación económica? ¿hay posibilidades de un
cambio que beneficie al proletariado?
Las respuestas a éstas presuntas nadie nos las va a dar, nosotros las
tenemos que buscar, es una tarea que tienen los revolucionarios. Con éste
artículo esperamos iniciar el estudio de la situación actual, estudio
indispensable para dar respuesta a las anteriores preguntas y plantearnos una táctica adecuada.
El artículo es largo porque no podemos plantearnos la complicada
situación económica y política del país en dos o tres palabras. Esperamos que
los compañeros sinceramente interesados en el cambio revolucionario le presten
la atención debida; esperamos que sepan, no disculpar, sino ayudar a superar
las debilidades de éste análisis, debilidades que son producto de nuestro aún
precario nivel en el terreno de la economía política. Aún con todo esto,
pensamos que el artículo puede ser de utilidad para todo aquel que quiera
comprender la realidad para transformarla.
La situación política.
Vivimos
como dijera el camarada Oseas[2], un
período de ascenso histórico, un ascenso revolucionario de carácter
estratégico. Este ascenso se da, de la lucha de los ferrocarrileros a la fecha
y, ha estado compuesto por una serie de flujos y reflujos tácticos. Así, luego de la represión contra el movimiento
ferrocarrilero[3]
vino un período de reflujo que abarcaría aproximadamente hasta el año 1965; de
ahí en adelante se inicia, con la lucha magisterial y de los médicos, con la
inauguración de la lucha armada proletaria en nuestro país y con los diferentes
movimientos estudiantiles de 1965 a 1967, un ascenso que tendría su punto
máximo en la situación revolucionaria de 1968.
Después del '68 se inicia un periodo de reflujo que culminaría en
1972 con el ascenso del movimiento obrero fabril y con la generalización de la
lucha armada como forma imprescindible de lucha; este ascenso sería frenado nuevamente
a sangre y fuego con una carnicería más bestial que la del '68, que sin embargo
sería menos visible ya que no se da --como la del '68-- en una sola plaza (La
Plaza de las Tres Culturas) , sino en todo el país, y no se da en un solo día, sino
a lo largo de varios años a partir de 1974. Este largo y sangriento período de reflujo
tendría su punto más alto junto con el relativo auge de la economía capitalista
en México que se da entre 1978 y 1980.
Así llegamos al presente periodo de ascenso estratégico del
movimiento. Fue el ascenso del movimiento magisterial[4], el
surgimiento de movimientos proletarios en el seno de sectores tan importantes
como los autobuses urbanos[5] y el
Metro, lo que vino a marcar el fin del periodo de reflujo y el inicio del nuevo
ascenso que se presenta tenuemente a fines de 1981 y viene a consolidarse hasta
que la primera gran oleada táctica del nuevo ascenso se presenta, ya con carta
de naturalización, en los últimos días de septiembre de 1982. El movimiento
social, las masas, toman después de 14 años el Zócalo de la ciudad de México,
la desconfianza al Estado se traduce en acción de miles y miles de obreros a lo
largo y ancho del país. Esta oleada iría tomando cada vez más fuerza,
desbordando por la vía de los hechos las limitaciones que a su desarrollo
ponían los agentes de la burguesía incrustados en el movimiento, los
oportunistas; éste ascenso tendría como clímax la gran jornada huelguística de
enero-junio de 1983 y como expresiones más relevantes, las grandes y combativas
movilizaciones del proletariado magisterial y los combates del proletariado
estudiantil, Preparatoria Popular Tacuba y Tecnológico de Ciudad Juárez, contra
la policía, donde por primera vez en muchos años, los estudiantes obtienen una
victoria táctica.
Este ascenso táctico,
esta primera gran oleada del nuevo flujo estratégico
sería frenada aproximadamente en julio de 1983 entre otras cosas ocasionado
por la descarada traición de los oportunistas que impulsaron al movimiento
formas de lucha que no correspondían a la situación de éste. Cuando la lucha
exigía energía, los oportunistas pudieron imponer la pasividad, la conciliación,
vacilación y timoratés; cuando había fuerza, se encargaron de dispersarla,
dirigirla hacia el desgaste, hacia la derrota. Así, la primera oleada terminó
con la derrota de las principales huelgas y movimientos proletarios
desarrollados en el periodo. Sin la ayuda del oportunismo difícilmente el
Estado habría podido obtener una victoria, y esto nos habla de lo determinante
que es para el movimiento la carencia de una organización proletaria, de lo
grave que es que el proletariado no se haya aún constituido en clase para sí,
en partido político.
Sin embargo, esa victoria táctica general del Estado sobre la
primera oleada del ascenso estratégico, no representa en verdad una derrota
estratégica, sino un aplazamiento de la lucha por parte del proletariado, un
repliegue obligado ante la necesidad de zafarse antes de la quinta columna
enemiga para poder desatar la lucha hasta sus últimas consecuencias.
El Estado compró dirigentes, presionó a otros, asesinó a los más
combativos, persiguió a los más honestos, rompió sangrientamente huelgas,
desapareció empresas enteras para contener a los trabajadores, en gran medida
lo logró. Sin embargo, los movimientos no habían surgido por la voluntad de los
dirigentes, la demanda de aumento salarial no era una especulación de la case
obrera. Todas y cada una de las demandas de los trabajadores tiene su razón de
ser y no son producto de deseos. Sino
de necesidades. La clase necesita
sobrevivir. Al reprimir las huelgas, al no dar solución real a ninguna de las
demandas, al dar paliativos a graves necesidades urgentes de la población,
estas necesidades se agudizan y cada
día que pasa se convierten en un factor explosivo de mayor fuerza.
Eso es lo que el Estado, la burguesía y los sindicaleros no han
aprendido de la biología. El hambre solo se resuelve comiendo. Por mucho que
manden a sus pistoleros a romper una huelga, por mucho que los oportunistas
sindicaleros amanecen e intimiden las asambleas de los trabajadores, por mucho
que golpeen una manifestación, no podrán acabar con la lucha del pueblo
trabajador, porque ésta lucha es para garantizar, ya ni siquiera una mejoría,
sino tan solo la propia sobrevivencia.
El Estado ha contenido tácticamente el ascenso, pero, dentro de
poco las huelgas no serán de un sector, sino de todos, no afectaran una región, sino todas las regiones; no serán protagonizadas por los destacamentos
más susceptibles del proletariado, sino por todos los sectores. Este ascenso es producto de la crisis, y en
esta crisis una parte de la población trabajadora se está jugando su
supervivencia, se está jugando su existencia real y, esto, no se puede resolver
con discursos ni con grillas, ni del gobierno, ni de los patrones, ni de los
sindicaleros.
Y así como en el capitalismo el Estado burgués no tiene otra salida
más que aumentar el hambre, aumentar la explotación, el desempleo, la
inflación, aumentar el asesinato masivo silencioso pero real de una gran parte
de la población, para salir --él y su clase-- lo mejor librados de la crisis,
así el proletariado tampoco tiene otra alternativa que suprimir el Estado
burgués, acabar con la crisis, el hambre y el desempleo, tomando en sus manos
la conducción de la sociedad e implantando su dictadura revolucionaria.
¿Cuáles
son las bases económicas que hacen posible, necesaria e inevitable el
cumplimiento de ésta tarea?
La situación
económica de la clase trabajadora.
Ya cada trabajador sabe las penurias por las que individualmente
pasa debido al sistema capitalista de explotación, así que aquí nos vamos a
limitar a ver esa problemática pero en su nivel social, es decir, en como
afecta a toda la clase trabajadora.
En primer lugar vamos a ver como en los aumentos de salario y los
aumentos de precios, se va abriendo una brecha que permite al burgués rebajar
el salario real del trabajador, aún
cuando le aumente el salario nominal.
Incremento de salarios y de precios en
los últimos 8 años
|
Año
|
1976
|
1977
|
1978
|
1979
|
1980
|
1981
|
1982
|
1983
|
|
%Aumento de precios (1976=100%)
|
100
|
129.1
|
148.1
|
178.5
|
231.1
|
301.1
|
475.7
|
856.2
|
|
Salario
(Pesos $)
|
96.7
|
106.4
|
120
|
138
|
163
|
210
|
280
|
540
|
|
% Aumento al salario
|
100
|
111
|
124.1
|
142.7
|
168.5
|
217
|
289.5
|
558
|
|
Salario Real a precios de 1976
|
100
|
99.2
|
95.9
|
94.7
|
88.9
|
90.5
|
79.2
|
56.3
|
Estos datos los podemos interpretar justamente, si comprendemos que
el índice de precios al consumidor es un dato que la burguesía manipula lo más
que puede, para justificar año con año el bajo incremento de los salarios.
En la actualidad con un salario mínimo se compra más o menos la mitad de lo que se podía comprar en
1976. Por lo que se requieren dos
salarios mínimos para comprar lo que antes se adquiría con uno sólo.
En segundo lugar, vamos a comparar la disminución del salario real con el incremento de la
ganancia obtenida por los burgueses, mediante el dato que nos proporciona la
tasa de incremento de la renta de las acciones, todo esto de 1976 a 1981.
Relación entre el salario real y la
ganancia.
Entre 1976 y 1981, el salario real disminuyó un 9.5%, sin
embargo, el incremento en la ganancia de los burgueses (renta de las acciones)
fue de 69%.
|
Año
|
1976
|
1981
|
Variación total
|
|
Incremento de la Renta de
las acciones (1976=100)
|
100 %
|
169 %
|
+ 69 %
|
|
Decremento del Salario real
(1976=100)
|
100 %
|
9.5 %
|
- 9.5 %
|
Sí esto lo comparamos con el incremento
de la producción durante un año en el país, esto es, con el incremento del
valor del PIB, vamos a ver que mientras más produce la clase obrera, menos
recibe a cambio.
Aumento de lo producido en el país (PIB)
en relación con el salario real
|
PIB /
Año
|
1976
|
1977
|
1978
|
1979
|
1980
|
|
PIB
(Valor 1976=100)
|
100 %
|
135 %
|
170 %
|
224 %
|
312 %
|
|
Salario
real (1976=100)
|
100 %
|
99.2 %
|
95.9 %
|
94.7 %
|
88.9 %
|
Por último, es difícil saber cuáles son los ingresos reales de la burguesía,
el Estado oculta y amaña esos datos, pero son sumas fantásticas que se acumulan
años con año. El único indicio que obtuvimos, que de una u otra manera refleja
los ingresos de la burguesía, son los datos sobre los ingresos del Estado que
deben correr un tanto paralelamente a los ingresos de la burguesía. Entonces
estamos comparando los ingresos de la burguesía organizada en Estado, con los
ingresos de los obreros a nivel de clase.
Ingresos de Estado en relación a los
ingresos del obrero.
|
Año
|
1977
|
1978
|
1979
|
1980
|
1981
|
1982
|
|
Ingreso del Estado en Miles de Millones de Pesos ($)
|
415
|
554
|
751
|
1153
|
1542
|
2736
|
|
Incremento porcentual con respecto a 1977 (%)
|
100%
|
134%
|
181%
|
278%
|
372%
|
660%
|
|
Ingreso diario del obrero
(pesos $)
|
106.4
|
120
|
138
|
163
|
210
|
280
|
|
Ingreso anual del obrero en Miles de pesos ($)
|
38.8
|
43.8
|
50.4
|
59.5
|
76.6
|
102.2
|
|
Incremento porcentual con respecto a 1977 (%)
|
100%
|
113%
|
130%
|
154%
|
198%
|
264%
|
Esto es,
en 5 años los ingresos del Estado se han incrementado más de dos veces respecto
a los ingresos de los trabajadores en el mismo periodo.
El problema del hambre
En
términos estadísticos ya vimos que la penuria aumenta contra la clase
trabajadora. Veamos ahora como se traduce esto a la práctica social.
Tomaremos como referencia el consumo de
leche y sus derivados. En México el consumo de leche en promedio por habitante
es de menos de un tercio de litro, cuando el mínimo mundial, según estimaciones
de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura
(FAO- ONU) es de medio litro. Esto, que es grave de por sí, es más grave aún
cuando en la realidad los burgueses en México consumen 12 veces más productos
lácteos que la población trabajadora del campo, una parte de la cual no puede
probar nunca ese alimento.
En México hay 8 millones y medio de
niños de la clase trabajadora con problemas agudos de desnutrición, está es una
cifra conservadora, ya que la mayoría de los niños de la clase trabajadora de
bajos recursos, sobre todo del campo, no
cuenta en las estadísticas de salud, simplemente porque no tienen acceso a
servicios médicos, Está cifra tampoco cuenta a la población infantil que muere
en los primeros años y que tiene como primera causa real los problemas agudos
de desnutrición. Según cifras de la ONU, uno de cada diez niños muere por esta
causa en los primero 2 años de vida.
Y sí pasamos a ver el consumo de huevo,
veremos que 5 millones 300 mil personas de la clase proletaria nunca comen
huevo en este país y que otros 8 millones de personas consumen en promedio menos
de un huevo al día.
Insistir aquí en el consumo de carne,
frutas, mariscos, etc., sería una provocación contra las tripas del lector,
solo nos limitaremos a decir que la crisis ha repercutido ya no solo en la
población trabajadora sino también en las capas medias, estos sectores se ven
limitados o despojados del consumo de estos productos. Basta decir que en la
actualidad un kilogramos de carne equivale tanto o más del 60% del salario
mínimo de un obrero, lo que demuestra que el capitalismo ha prohibido este
alimento a amplias capas de trabajadores y a su familia[6].
Pero veamos más de cerca como se
expresa el problema salario-hambre:
Según datos de la revista “Estrategia”, 600 mil candelilleros de los estados de
Chihuahua, Coahuila, Durango y Zacatecas no tienen ni dónde trabajar, ni que
comer, ni dónde ir y tienen ingresos de 4 pesos diarios, en promedio.
En Yucatán, 56 mil henequeneros
sobreviven con un salario entre 8 y 23 pesos diarios.
122 mil cañeros de la región centro y golfo del país viven en
gravísimas condiciones de vida. En el D.F. sobreviven unos 600 mil indígenas
nahuas, completamente depauperados. 15 mil indígenas de San Juan Chamula en Chiapas,
jornaleros del corte de café, reciben salarios entre 10 y 120 pesos diarios por
jornada de trabajo de 12 horas diarias. 5 millones de trabajadores agrícolas
jamás han recibido el salario mínimo del campo.
Todos estos son indicios de la situación que priva entre los
trabajadores que de una u otra manera tienen empleo. Pero además hay
proletarios que no tienen y por tanto, sus condiciones de vida, son muchas
veces peores.
El problema del desempleo.
La
población total del país (1983) varía entre 74.8 y 76.5 millones de habitantes,
la población en edad de trabajar varía entre 35 y 36 millones de personas, de
éstas, ¿cuántas tienen empleo? Con exactitud no lo sabemos, la burguesía se
cuida muy bien de dar esas cifras. Según sus amañados datos existe un desempleo
“bruto” del 8.5 % de la población económicamente activa y un índice de incremento
anual de 4.5%.
Entre 1981 y 1982, la tasa del
desempleo se duplicó. Según datos oficiales se debieron haber creado ese año
más de 600 mil empleos para aminorar en algo el grave problema del desempleo, pero
¿qué ha pasado?, todo lo contrario. Lejos de crearse empleos, se han venido
cerrando fuentes de trabajo, se ha venido recortando personal en casi la
totalidad de empresas e incluso, se han venido utilizando las huelgas de
algunas empresas, para mantener parada la producción sin tener que pagar a los
trabajadores. Es decir, la burguesía ha promovido mediante sus agentes de la
CTM, CROC, CROM, un sin número de paros patronales disfrazados de huelgas, lo
que permite a los patrones despedir, liquidar o suspender temporalmente a los
trabajadores, sin ninguna paga.
Y los datos que da la burguesía son
bien claros no sólo para ver la situación actual, sino también la que se
avecina. José Luis Coindreau, un dirigente de la burguesía industrial,
CONCAMIN, anuncia que “la mayoría de las
empresas mexicanas se encuentra en la lona y su situación continuará así por lo
menos durante un año” (hasta 1984) pero además afirma que se necesitarán “muchos años” para salir de sus crisis.
Según datos de la revista Expansión el 76% de las empresas del
país, no recibirán utilidades, es decir, pese a que van a obtener utilidades
para ellos, no van a dar a sus trabajadores ninguna utilidad, ni van a
reinvertir en la generación de más empleos. Dos de cada tres empresas tendrán que
reducir su personal y están apunto de quebrar.
Hay que imaginarse esta situación
traducida al mercado de la fuerza del trabajo, a la situación del desempleo y
del empleo, y también como se traduce esto en la sobre explotación de los
trabajadores que se quedan, de los que por una u otra razón no son reajustados ya que éstos tienen que
mantener la producción al mismo nivel de cuando estaba la planta completa. Y
esto solo trae consigo un incremento del despotismo patronal, ya que la presión
de la gran cantidad de desempleados, incluyendo mano de obra calificada, le
permite al patrón y capataces sobajar y actuar aún más despóticamente contra
los trabajadores que no fueron despedidos.
Y así vemos como el panorama se torna
negro para el proletariado. Durante lo que va de este año (1983), sólo el
Estado ha aumentado su personal, cabe decir que la mayor parte de éstos
ingresos corresponden a las fuerzas armadas, ejercito, fuerza aérea y marina;
sectores represivos que desde principio de año han estado desarrollando una
campaña de reclutamiento que los ha llevado incluso a establecerse en las
estaciones de Metro. Otra gran parte
de los aumentos del personal del Estado corresponden al incremento de las
fuerzas policiacas y para-policiacas, que han sido notablemente incrementadas
con el claro fin de reprimir las manifestaciones que la crisis ha provocado.
Una pequeña parte de los nuevos puestos creados, corresponden a la reactivación
de las obras públicas, como el Metro
cuyas obras el Estado reinicio gracias a los últimos préstamos de dinero por
parte de los banqueros a nivel internacional. Estos empleos tienen dos
limitaciones, por un lado son eventuales, ya que la reactivación de las obras
del metro, ya están tocando nuevamente a su fin, es decir, es un paliativo temporal;
y por otro lado es un paliativo insignificante comparado con la magnitud real
del problema -más de 13 millones y medio de desempleados-.
Así que
una vez terminadas las obras del metro el problema del desempleo será aún más
explosivo. Se nos puede decir que una vez terminadas las obras, el gobierno
proseguirá con alguna otra, pero los préstamos de los banqueros extranjeros son
de dinero real, no de chicle, el Estado no los puede estirar como se le de su
gana. Si el gobierno siguió con las obras del metro, fue porque el capital que
quedaba enterrado en las ruinas abortivas del metro, era muy superior al
capital que había que invertir para terminar la obra, y bien o mal, pese a los
lloriqueos del gobierno, la expansión del metro le va a traer beneficios
económicos al Estado y a la clase burguesa en su conjunto, así como las
ganancias reales, concretas, plusvalía.
La situación financiera ya está
provocando que la terminación del dinero prestado por la oligarquía
internacional al Estado, provoque que el Estado no pueda absorber ni siquiera
mínimamente la fuerza de trabajo desempleada y por el contrario, vengan a
contribuir con el despido de su personal, a nivel ya masivo, para reducir el
déficit del gasto público, a agudizar a niveles detonantes el problema del
desempleo.
Todo esto ha venido a demostrar que el
capitalismo es progreso, pero progreso sólo para los burgueses. Se comprueba lo
que dijera Marx, mientras más ganancia obtiene la burguesía, más miseria
obtiene el obrero, mientras más progresa la industria el obrero se hunde más y
más en la degradación. Y esto es en tiempos que la burguesía llama normales. Sin embargo, ya no estamos en
tiempos normales de explotación, como
hace unos tres años; sino en tiempos de crisis económica y la crisis no es más
que la agudización de todos los problemas y contradicciones que el capitalismo
trae consigo, que se presentan a un grado superlativo, vale decir, explosivo.
La crisis
La
crisis es la manifestación de la impotencia de la burguesía para seguir
dominando a la sociedad. La crisis demuestra a todo mundo que en adelante, la
existencia de la humanidad es incompatible con la existencia de la clase parasitaria.
En México y en el mundo, pese a los
gritos de todos los teóricos de la burguesía, la crisis no es más que la
expresión de la anarquía de la
producción, que a su vez es un producto de la ley que descubriera Marx; la ley de la máxima ganancia.
En el capitalismo, los burgueses
invierten su capital en la producción de la mercancía que le va a traer la
máxima ganancia, no importa sí lo que producen sea necesario o nocivo para toda
la sociedad. ¿Qué es lo que les proporciona la máxima ganancia?, pues aquellas
mercancías que pueden vender a un precio
por encima de su valor, de su costo
de producción. ¿Cómo pueden vender esas mercancías por encima de su valor?,
pues gracias a la oferta y la demanda,
es decir, cuando son muchos los que necesitan comprar determinada mercancía y
son pocas las mercancías que se producen. Se establece una competencia entre
los compradores de tal manera que al querer obtener dicha mercancía, son
capaces de pagar un precio más alto,
lo que provoca que este precio se
ponga por encima del valor de dicha
mercancía y de ahí el capitalista obtiene una sobre-ganancia.
El
capitalista no tiene otra alternativa más que tratar de ponerse por encima de
los demás burgueses y desplazarlos del mercado, de otra manera él mismo será desplazado
y eso significa su ruina. Se pone por encima de sus competidores burgueses,
cuando obtiene la máxima ganancia, es decir, cuando logra reducir el costo de
producción de su mercancía y lo puede vender a un precio más alto. Así, el
burgués se ve obligado a invertir su capital en esa rama de la producción o en
esa mercancía que le reditúa la máxima ganancia. Esto provoca que sean muchos
los burgueses los que inviertan en la rama de la producción que le da más ganancia,
lo que a la larga provoca que se aumente la producción de la mercancía tan
solicitada, es decir, que aumente su oferta
y por lo tanto, proporcionalmente, disminuya su demanda, y con esto, que la competencia entre compradores
disminuya y aumente en cambio la competencia entre vendedores, lo cual provoca
que el precio de esa mercancía que tan buenas ganancias daba al burgueses, se
vea disminuido. Y no sólo disminuye el precio, sino que la competencia interburguesa provoca que al aumentar la
productividad de esa mercancía, gracias a la sobreexplotación de la fuerza de
trabajo, también disminuya su costo de
producción, es decir, su valor.
Por lo tanto la ley de la máxima
ganancia, provoca que se produzcan más mercancías de las que requiere la
sociedad, y que no se produzcan otras que son necesarias, lo que constituye
la anarquía de la producción.
A la larga, la libre concurrencia
provoca el incremento de la oferta y
la disminución de la demanda. Cuando
en términos generales la oferta supera
la demanda, se provoca un fenómeno contrario, los burgueses se ven obligados a
vender sus mercancías a un precio más bajo que su valor; esto no quiere decir que el burgués no va a obtener
ganancia. No, la ganancia fundamental el burgués no la obtiene de las
fluctuaciones del mercado, de la oferta y la demanda, sino de la extracción de
la plusvalía, es decir, el trabajo
excedente del obrero que se apropia la burguesía y que no le paga a éste.
En estas condiciones, los burgueses se
dan a la tarea de desplazar su capital a otra rama de la producción más productiva
de ganancias, y si bien lo que ganaron por encima de su valor en los buenos
tiempos, se compensa con lo que perdieron en los malos tiempos, no son los
mismos burgueses los que quedan equilibrados, sino que mientras unos quiebran
otros aumentan su capital. Quiebran aquellos burgueses que no son capaces de
trasladar su capital de una rama de la producción a otra, o los que no pueden
resistir los bajos precios merced al poco capital del que disponen. De esta
manera se va dando la centralización de la economía en unas cuantas manos, el
dominio del capital monopólico, la monopolización de la producción.
En la actualidad la centralización de
los medios de producción en unas cuantas manos, en unos cuantos grupos
monopólicos ha llegado a tal grado que la competencia ya no se da entre un
burgués contra otros; sino de un grupo monopólico contra otro, de un Estado
monopolista contra los demás. La “libre concurrencia” ha dejado lugar a la
competencia intermonopólica y esto de
ninguna manera ha suprimido la anarquía
de la producción sino que la ha llevado a un nivel cualitativamente
superior. La ley de la máxima ganancia
sigue siendo la ley que mueve a la burguesía y la obliga a la desenfrenada
competencia que lleva a toda la sociedad, y ahora a todo el mundo a la anarquía, a la destrucción de una gran
cantidad de fuerzas productivas, y a la guerra. Todo esto a niveles ya
cualitativamente superiores con respecto a la primera fase del capitalismo.
Eso es
lo que está pasando en México la oligarquía financiera, mediante su expresión
más acabada, el Estado, invirtió desenfrenadamente en la producción de
petróleo, ya que éste le reportaba la máxima ganancia, gracias al aumento de su
demanda en la década de los 70s. Las ganancias obtenidas fueron dedicadas a la
reinversión de la misma rama petrolera, el Estado mexicano solicitó una gran
cantidad de prestamos con el extranjero a fin de aumentar la producción, al
grado que en 1982 obtuvo el cuarto lugar dentro de los países petroleros, tanto
por su producción como por sus reservas. Y esto mismo que hizo la oligarquía
mexicana, esto mismo que hizo el Estado monopolista, lo hicieron la mayoría de
los grupos oligárquicos del mundo, de tal manera que al aumentar la producción
y la productividad del petróleo se desplomó su precio y se rebajo su valor.
El Estado mexicano, entró en bancarrota
y así es como entramos a la actual crisis, que no es más que una crisis dentro
de la ya crisis crónica que viene afectando a México hace varios años.
Esta es, por simple que parezca, la
estructura de ésta crisis, por mucho que los oportunistas anden diciendo que la
“la crisis se pudo haber evitado”, “que todo se debe a que el Estado no planeo
bien la cosa”, “que el Estado no
debió haber hecho esto, sino lo otro”, etc. Los capitalistas, sólo podían
comportarse como capitalistas. En efecto, los burgueses no pueden actuar más
que según las leyes que rigen la economía burguesa, no es que sean tontos
(ideológicamente lo son), lo que pasa es que el sistema modula su actuación. El
mismo Estado burgués no puede actuar como si fuera un Estado de otro tipo. La
burguesía financiera, la oligarquía no va a producir lo que necesite la
sociedad, sino lo que va a incrementar su capital, no le importa, ni le puede
importar, que esto implique la destrucción de esa misma sociedad.
De ahí que nos sea revolucionaria la
postura de los oportunistas de “criticar” al Estado y darle al mismo tiempo
“buenos consejos” para “reorientar la
economía”, “darle un carácter
nacionalista a la política económica del Estado”. La única manera que se
puede acabar con la crisis es acabando con la anarquía de la producción y, la única forma de acabar con esta, es acabando con la competencia
inter-monopólica acabando con la ley de la máxima ganancia y, la única forma de
acabar con la ley de la máxima ganancia es acabando con el sistema que la
engendra, es decir, acabando con el sistema de producción capitalista, acabando
con la clase burguesa y con su estado. Lo demás no son sino tonterías. El
Estado burgués siempre se comportará como Estado burgués, la burguesía siempre
se comportará como burguesía y no va a cambiar porque los hebertos[7]
y demás oportunistas les den recomendaciones “populares”, “nacionalistas”.
Estas tonterías que los oportunistas pregonan con tanto empeño, ni ellos mismos
lo creen y son solo eso, tonterías.
Continuará.
[1] Proletariado: Aunque para la derecha y la izquierda moderada este concepto ya está muerto
y enterrado, fue la hija de Enrique Peña
Nieto, Paulina, quien reposicionó el término al enviar por twitter "un saludo a toda la bola de pendejos, que forman parte de la prole
y sólo critican a quien envidian!”. Para los que ocupen una
explicación de este concepto diremos que
en la Roma antigua los proletarios eran los ciudadanos de la clase social más baja y que no
tenían ninguna propiedad; el Estado sólo los consideraba
para generar proles
(proles=hijos=descendencia), que pasaban a formar parte de los ejércitos del imperio. Con la aparición de la gran industria en la Europa del siglo XIX, los
proletarios tomaron mayor protagonismo en la sociedad debido a que su mano de
obra era fundamental para que las empresas pudieran producir. Marx identifica
que en el sistema capitalista, el
proletariado es la clase social que no dispone de medios de producción, esto es,
no tiene capital, fábricas, o tierra, por
lo que se ven forzados a vender su fuerza de trabajo a los capitalistas.
[2] Oseas: Se refiere a Arturo Salas Obregón, uno
de los principales dirigentes de la Liga
Comunista 23 de Septiembre. Sus aportaciones respecto a los flujos y reflujos
del movimiento social en México son destacados en el articulo http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2013/04/28/oseas-al-analisis-de-los-movimientos-sociales/. Oseas fue secuestrado por la policía a la edad de
25 años, la noche del 26 de abril de 1974, Fue trasladado al Campo Militar
Número 1, y a partir de ahí se encuentra en condición de desaparición forzada.
[3] En febrero de 1958 los
trabajadores ferrocarrileros iniciaron una lucha solicitando un aumento de
salarios, se hicieron mítines y protestas en Matías Romero, Tonalá, Tierra Blanca y Veracruz donde se
elaboró el Plan del Sureste, que planteaba llegar a un paro total de no llegar
a un acuerdo satisfactorio. El 26 de junio se
iniciaron los paros de labores por 2 horas. Al día siguiente, el paro fue de 4
horas, el 29
de junio, los paros fueron de 6 horas. El 1 de julio, el
presidente Adolfo
Ruiz Cortines ofreció un aumento, aceptando los ferrocarrileros la propuesta. El primero
de septiembre, por medio del charro
sindical Salvador Quesada, comenzó la
represión, el Ejército y la policía ocupó los locales sindicales y detuvo a
todos sus ocupantes. Demetrio Vallejo llamó, entonces, al paro total de
actividades, estallando esa misma noche, la CTM, los empresarios y el
gobierno desataron una campaña en contra de los trabajadores ferrocarrileros,
acusándolos de ser agentes del comunismo,
traidores a la patria, y que quería derrocar al gobierno, la empresa
despidió a 9 mil trabajadores ferrocarrileros y procedió a lanzarlos, junto con
sus familias, de los campamentos en los que vivían, muchos más fueron
detenidos. Demetrio y Valentín Campa estuvieron
10 años en prisión, hasta que fueron liberados por el Movimiento estudiantil en México de 1968.
[4] Desde 1980 se intensificaron las movilizaciones de maestros en
Oaxaca, Michoacán, Morelos, Guerrero, Chiapas e Hidalgo, Valle de México y
Distrito Federal. Miles de maestros participaban en paros, marchas y mítines en
demanda de mejores condiciones laborales y salariales, la Coordinación Nacional
de Trabajadores de la Educación (CNTE) fue su producto orgánico más notable.
[5] La lucha de los trabajadores del volante contra el pulpo camionero
encabezado por el asesino Rubén Figueroa obligó al gobierno federal a la
creación del Sistema Metropolitano de Transporte Ruta 100.
[6] En 2015, el salario
mínimo vigente de 70.10 pesos por día no alcanza para comprar ni siquiera un
kilo de los cortes más populares.
[7] Se refiere a los
seguidores de Heberto Castillo, principal representantes de la izquierda
moderada en México hasta 1988.
Muy buen articulo!
ResponderEliminar"Y así como en el capitalismo el Estado burgués no tiene otra salida más que aumentar el hambre, aumentar la explotación, el desempleo, la inflación, aumentar el asesinato masivo silencioso pero real de una gran parte de la población, para salir --él y su clase-- lo mejor librados de la crisis"
Este párrafo parece muy actual aunque las gráficas serian en mucho peores