En Izúcar de Matamoros, capital regional de lo que en
tiempos de La Colonia fuera el emporio productor de azúcar más grande de México,
nació Víctor Hugo Cilia Rodríguez, también conocido como Victorio
Mauricio Cilia Rodríguez, entre otros nombres.
Izúcar es la palabra que los indígenas del área incorporaron
al vocabulario náhuatl en lugar de la palabra castellana azúcar. Lo que
después fue conocido como Izúcar fue una de las regiones que presentó mayor
batalla a las fuerzas de Hernán Cortez y sus aliados tlaxcaltecas durante el cerco aniquilamiento de México Tenochtitlan. No es extraño que de esa
región, apenas iniciada la guerra de independencia también salieran los hombres
náhuatl que al mando de Mariano Matamoros harían posible las batallas de
Cuautla y tampoco es extraño que 100 años después fuera en esta región,
específicamente en Tehuitzingo, en donde
se diera el primer alzamiento cívico, armado, en repudio de Porfirio Días, directamente vinculado a la
gesta que más tarde llevarían a cabo los hermanos Cerdán y otros
revolucionarios en la ciudad de Puebla en las vísperas del 20 de noviembre.
40 días antes de iniciarse la revolución armada de 1910,
esto es, en plena efervescencia revolucionaria en la región, nació en Tehuitzingo Guadalupe Rodríguez
Flores, el 10 de octubre de 1910. 20 años después de nacida, el 16 de diciembre
de 1930 se casó con Sabino Cilia, nacido en Chiautla, y tuvieron en Izúcar de Matamoros a su hija
Albina Gabina Cilia Rodríguez, quien murió a los 5 meses y 18 días de edad,
luego tuvo el 12 de octubre, probablemente de 1933 a Camila Guadalupe Cilia
Rodríguez, quien murió 2 meses después, exactamente el día de su santo, el 12
de diciembre. Por fin el matrimonio de Guadalupe y Sabino Cilia tuvo el 22 de
septiembre de 1934 a Víctor Hugo Cilia Rodríguez.
De cómo Sabino Cilia y Guadalupe Rodríguez se encontraron
por primera vez, se enamoraron, tuvieron sus primeros escarceos y más tarde
decidieron formar una familia, es algo de lo que no tengo la menor idea. Tal
vez mi abuela haya contado algo a mi hermana o dejado algo escrito;
probablemente mi abuelo Sabino haya comentado o escrito algo, el hecho es que,
uno de los productos palpables de su amor fue Víctor Hugo. Sin embargo hay una
pista, ambos, Guadalupe y Sabino eran maestros rurales.
Por aquel entonces ser maestros rurales era algo más que
trascendental, 5 años antes había
terminado oficialmente la Guerra Cristera en la que se había asesinado a más de un cuarto de
millón de personas en todo el país, pero en realidad el fanatismo católico en
contra de los maestros rurales seguía terminando en el asesinato o por lo menos
en cortarle amabas orejas o marcar al rojo vivo a quienes llevaban educación a
las poblaciones más apartadas.
Seguramente estas circunstancias y el
antecedentes de dos hijas previas muertas antes de cumplir un año, fue lo que motivó
al matrimonio de Guadalupe y Sabino a llevar a su hijo a la ciudad de México, a
corta edad y entregarlo provisionalmente a los cuidados de los hermanos de
Guadalupe que ya se habían establecido en la capital de la república,
específicamente a Clotilde Rodríguez Flores y a Calixto Antonio Rodríguez
Flores, quienes se harían cargo de el niño en la casa de Avenida del Peñón 53,
seguramente hasta en cuanto existieran mejores condiciones para el matrimonio.
Probablemente para tenerlo más cerca, o porque esas eran sus
convicciones, el matrimonio (o mi abuela Guadalupe unilateralmente) decidieron
llevar al joven Víctor Hugo a un internado indígena náhuatl ubicado en una de
las regiones más intrincadas de la sierra oriental de Puebla, en la comunidad
indígena de Tlatlauqui, donde Víctor Hugo mejoró su conocimiento del náhuatl,
manejando ya a la perfección ambos idiomas. Hay que recordar que tanto su
madre, como los tíos Cleotilde y Calixto que lo educaron eran nahua hablantes,
por ser esta su lengua materna, probablemente no así Sabino Cilia, su padre,
pero indudablemente debido a su trabajo en las comunidades rurales Sabino no
desconocía este idioma.
Por remoto que hoy nos parezca Tlatlauqui, en realidad no se
trataba de un castigo sino de una oportunidad. Tlatlauqui había el punto por el
que los misioneros españoles desde 1526 extendieron su penetración a todos los
Pueblos de la Sierra y de la costa Yaonahuac, Atempan, Chignautla, Teziutlán,
Ayotoxco, Tenampulco, Papantla, Tuxpan, Zacapoaxtla, Nauzontla, Zautla, Xonotla
y Cuetzalan, y para la época de Lázaro Cárdenas del Río (1936-1940) fue uno de
los lugares en donde el planteamiento de educación socialista o educación rural
se llevó a cabo con más fuerza, con el establecimiento de un Internado Indígena
en el cual no se escatimaron de recursos pues esa era una de las política
centrales del Presidente de la República.
Posiblemente Víctor Hugo terminó ahí su educación primaria,
es lo más probable, ya que sin querer o queriendo participó activamente en la
primera huelga estudiantil del internado de Tlatlauqui, esto debió ser en la
década de los cuarenta, posiblemente de 1945
en adelante, pues él Víctor Hugo, no pudo haber entrado a la primaria
antes de los 6 años y regularmente la parte dirigente de este tipo de
movimientos recae en los niños de mayor edad o en el último grado, esto es
sexto de primaria.
Como parte de la dirección del movimiento de huelga del
internado de Tlatlauqui a Víctor Hugo le correspondió enfrentarse de manera
temprana al que posteriormente fuera conocido como el mayor asesino de
estudiantes en México, ni mas ni menos que el chacal de Tlatelolco, también
conocido como Gustavo Díaz Ordaz.
Precisamente la lucha estudiantil del internado de
Tlatlauqui debió de darse por el cambio de política educativa entre el régimen
de Lázaro Cárdenas del Río y sus sucesores Manuel Ávila Camacho y Miguel Alemán
en la presidencia de la república. Estos cambios trajeron consigo una reducción
al gasto público en materia social y el aniquilamiento de la magna obra
educativa de Lázaro Cárdenas.
Si la agresión gubernamental y posterior huelga del
internado de Tlatlauqui fue en el régimen de Pascual Ortiz Rubio o en el
periodo de Miguel Alemán, es algo que no sé, el hecho es que, ya sea como secretario
del juzgado municipal o de distrito, o ya sea como enviado del gobernador Pascual Ortiz Rubio de quien con sus múltiples mañas ya se había hecho amigo,
Gustavo Díaz Ordaz se encargó de liquidar el movimiento estudiantil de Tlatlauqui,
siendo probablemente este hecho el que le posibilitó originalmente
dar a conocer sus habilidades represivas en la estructura del poder.
Pero no todo fue lucha en el internado de Tlatlauqui, o
Tlatalhuquitepec que es su nombre completo y que significa Cerro Rojo en idioma
náhuatl, ubicado a 3 mil metros de altura con lluvia y niebla casi permanente,
es uno de los lugares más hermosos de la sierra nor-oriental de Puebla, vecino
de Cuetzalan, Zacapoaxtla y otros lugares emblematicos, en su cercanía tenía
cerros tan altos que desde su cima se podía observar el mar y el sistema de
volcanes del Pico de Orizaba, Popocatepetl e Iztacihuatl. A estos cerros
altísimos dedicaba el niño Víctor Hugo su mayor atención. Contemplar en un día
despejado el lejano mar le daba una sensación maravillosa de libertad.
Cuando Víctor Hugo regresó a la ciudad de México, a la casa de avenida
del Peñón 53, la familia Rodríguez Flores ya se encontraba en mejor situación
económica, Cleotilde trabajaba como costurera en una fabrica clandestina de
ropa en el centro de la ciudad de México y probablemente Calixto Antonio estaba
por terminar su segunda carrera, la de Médico Homeópata, así que su vida debió
ser mas fácil, aunque siempre alejado de su madre y padre, pues Guadalupe
Rodríguez, su madre, ya se había separado, para siempre, de Sabino Cilia, a
quién Víctor Hugo jamás volvió a ver sino hasta mas de 40 años, después de una
búsqueda desesperada que marcó toda su vida. En ese periodo Guadalupe también
había procreado a Rubén Saúl en1940 (probablemente la fecha en la que Víctor
Hugo había sido inscrito en el internado de Tlatlauqui) y más tarde a Job
Israel Rodríguez Flores.
Víctor Hugo estudió la secundaria y entró al Politécnico y
más tarde se enlistó a la Fuerza Aérea para cumplir su sueño de volar. Dicen,
yo no lo sé, que después de una serie de peripecias logró ser trasladado al
Colegio de Aire en Zapopan, Jalisco y que estando en esta unidad robó (o tomó
prestado sin permiso pues) junto con algunos de sus compañeros un avión
militar, el cual lograron hacer despegar y realizar algunas maniobras que
dejaban claro que eran ya unos cadetes preparados para el pilotaje, pero no
todo fue miel, algo les falló al momento de aterrizar y cataplum, o póngaselas,
o como se diga, el avión terminó dañado en la pista de aterrizaje y Víctor Hugo
y sus compañeros fueron sancionados, sin posibilidad de continuar su carrera
como piloto aviador.
Yo creo que esta versión puede ser muy cercana a la
realidad, pues en varias ocasiones disfruté de su carcajada espontánea, cuando
en compañía de Efren Pérez López, que seguiría mas tiempo que él en la fuerza
aérea, se recordaban mutuamente de este evento y en otros ocasiones, ya mas
seriamente, refería que su momento más dramático en la vida fue cuando
piloteando un avión militar de repente se le atravesaron unas torres de alta
tensión que él no había tomado en cuenta.
Para ese entonces Víctor Hugo ya se había casado con mi
mamá, quien en algún momento se fue con él a Guadalajara donde conocería a
otros amigos y amigas de mi papá, tal vez Norma, y con toda seguridad a Efren
Pérez López quien también por esas fechas conocería a Chuy una de las mujeres
más hermosas que conocí durante mi infancia, con quien terminaría casándose. De
esa época mi papá escribió un atado de poemas que alguna vez leí
clandestinamente y que seguramente se habrán perdido.
Así como Víctor Hugo aprendió a leer de manera autodidacta antes
de entrar a la primaria con los cuentos (hoy se dice comics) que le compraba la
tía Cleotilde, así mismo aprendió a leer en ingles y posteriormente a hablarlo
y escribirlo perfectamente, no con comics, pero si con libros. Había algo
chistoso en todo eso, pues recuerdo que cuando se le pasaban las copas en la
casa del hermano Roberto Montiel de mi mamá, le daba por dos cosas, una
comunicarse en inglés y otra, bailar Kasachok un baile muy de moda en esos
momentos… ¡en Ucrania!
Esta pequeña e incompleta historia de Víctor Hugo Rodríguez
Flores escrita en la madrugada de este día para mis hermanos, hijos, nietos y
demás familiares, no es, por supuesto, más que una primera aproximación en
homenaje a los 80 años del nacimiento de mi padre.
Hay muchísimo más que escribir, y espero que eso lo hagamos
entre todos.
David Cilia Olmos
21 de septiembre de 2014
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