La 38
La 38 la consiguió El Campesino, él solo se ofreció sin que nadie se lo pidiera, mientras pelaba con su navaja 007 una naranja en espiral. Él dijo que podía y pudo. Se fue a la husteca y regresó a los pocos días.
El dinero lo conseguimos la misma noche en que El Campesino salió para la huasteca. Pasada de la media noche teníamos al Zurita, el jefe de los porros, rodeado y temblando como gatito. No había nadie por encima de él en cuestiones porriles, su jefe inmediato era directamente el rector de la Universidad Carlos Mercado Tovar de quien, por cierto, era ahijado. A lo mucho el que más se le acercaba en la jerarquía a Zurita era el llamado Tito Parquer, que nunca supe si era un apodo o su nombre real, pudo haber sido su nombre real porque el era panameño, karateca y decían que con entrenamiento de la Central de Inteligencia Americana, en la Escuela de las Américas. Bueno, de cierto no lo sé, en aquel entonces se decían muchas cosas. Lo cierto es que Tito Parquer tenía más el tipo de un matón profesional, seco e implacable, que el de porro desmadriento.
En ese momento todos los trabajadores estábamos, más que enfurecidos, sorprendidos de la reciente victoria que no alcanzábamos a creer, con la toma de CICALI, el centro de cálculo e Informática de la Universidad, acabábamos, sin haberlo siquiera soñado, liberado toda la ciudad universitaria de la presencia de los porros y con esto llevado a los hechos nuestro movimiento de Huelga.
Todos los porros que se habían concentrado en Cicali habían huido dejando al director de Cicali y a su propio jefe Zurita abandonados en medio del tumulto que formábamos los trabajadores que luego de liberar la facultad de Contaduría, habíamos liberado la Facultad de Derecho nos habíamos encontrado con estudiantes de diversas facultades e incluso de la Ciudad de México que se habían trasladado para apoyarnos.
Al principio no sabíamos de quien se trataba, pues solo identificamos al director de Cicali, pero viendo sus ropas, su chamarra de cuero y su actitud desafiante lo identificamos con certeza, entonces los gritos se incrementaron, él seguía caminando en dirección a la colonia más próxima y a pesar de estar en medio del tumulto no dejaba su actitud desafiante, cuando la rueda de gente se cerró completamente en torno suyo y él se sintió completamente perdido, se llevó la mano derecha al sobaco izquierdo, bajo su chamarra y pensé "va a sacar una pistola".
Nunca soy tan rápido, pero no se que me traía esa noche, con mi hacha de tomahauk que traía en la mano, lo paré en secó con un planazo sobre el saco de cuero que detuvo su mano que ya iba a la altura de su corazón.
"Parate ahí cabrón" le dije con el hacha y la mano de Zurita entendió el mensaje y entonces se derrumbó su estado de ánimo, yo metí mi mano izquierda bajo su saco de piel buscando las hipotéticas cachas de una pistola pero solo encontré una bolsa abultada, metí la mano y palpé lo que en su desesperación había pensado Zurita podía salvarlo, un fajo de billetes, nuevos y de alta denominación.
Que bueno que no los pudo sacar, porque yo creo que eso hubiera terminado de indignarnos a todos y seguramente ahí lo habríamos pateado. Cuando saque mi mano todavía no había resuelto que hacer, junto a mi ya estaba El Campesino, yo necesitaba tener las manos libres pues no podía creer que ya hubiera terminado la batalla.
-Toma, compa -le dije en un tono de voz seco y rápido.
Yo acababa de conocer al Campesino, pero era verdad que para mi era un hombre de confianza.
El campe no entendió el mensaje, tuve que meterle el dinero en el morral con todo y su mano y pedirle que se retirara, no lo aceptó de buen grado porque no terminaba de entender la situación, yo tampoco, pero en medio de una multitud y al borde de un linchamiento o una batalla desventajosa entre trabajadores en huelga y un grupo de porros fuertemente armados, no era un lugar propicio para reflexionar y tomar acuerdos.
Todo el dinero, como 8 mil pesos del año 1977 se lo di al Campesino luego de que él me los había regresado en la casa, no me acuerdo cuantos o quienes tomamos la decisión, seguramente Lucía, tal vez Roque, el Diablo, Puebla, no sé, ya la verdad nunca había pensado sobre eso, pero era una madrugada toluqueña, o sea, fría, en una casa de un sólo cuarto y seguramente solo se opuso Lucía, que sabía que su papá se estaba arriesgando a morir, pues acaba de salir de la cárcel después de pasar más de 8 años como prisionero político, la fecha fue 1977, el mes, noviembre, el día 19.
El campe nos había ido a visitar y a conocer a su nieto, esa noche no me acuerdo bien si llegó con Roque, si así fue llegaron cuando ya habíamos desalojado a los porros del edificio de la facultad de Comercio y Administración, ahuyentado a los porros que estaban tratando de tomar la Facultad de Arquitectura y metido los primeros calambres al equipo pesado del Centro de Cálculo e Informática, bastión en el que el rector había dicho que no cedería.
Mi mano izquierda sangraba cuando la metí a la bolsa de la solapa interna del saco de cuero de Zurita, había resultado herido justo a las 12 de la noche, al momento del estallido de la huelga.
Una hora antes todos los trabajadores sindicalizados de las dependencias de Ciudad Universitaria estábamos reunidos el el vestíbulo de la Torre de Humanidades en el Cerro de Coatepec. "Hay que sacar un desplegado para denunciar la ocupación de la universidad por parte de los porros del rector" decía el profesor Retana, y otros teóricos del pensamiento reformista y la salud política.
José, alias El Viejo, compañero de mi célula de partido, que venía de las luchas ferrocarrileras y era el obrero con mayor experiencia política, toda una leyenda dentro de mi organización, expuso sus razonamientos en términos militares: Todos los trabajadores debemos concentrarnos en la facultad de Humanidades para impedir que los porros tomen esta Facultad, total, los porros solo tienen el cascarón, los edificios, pero nosotros tenemos la razón y la legalidad de nuestra parte.
Pero no sólo tenían el cascaron, los escuelas, también tenían contratados a los esquiroles que suplirían nuestros puestos de trabajo y tampoco se iban a quedar a cuidar los edificios que tenían, sino como en la prepa 1 iban a ir a donde los estudiantes se habían pronunciado en apoyo a los trabajadores, a madrearlos y a romper la huelga.
No sé por qué hablé y tampoco sé por qué me hicieron caso, pero desde mi punto de vista no se trataba de mantener las posiciones y a ver quien se cansa primero, sino de estallar una huelga real, así que para no contrariar a mi compañero de célula propuese la formación de tres brigadas, una de dialogo, y otras dos de cerco aniquilamiento. Las tres brigadas se apostarían en torno a la Facultad de Comercio y Administración, que era la escuela tomada por los porros más cercana a la facultad de Humanidades. Primero actuaría la brigada de dialogo, que tenía como misión explicar civilizadamente a los ocupantes de la facultad que conforme a la Ley Federal del Trabajo, los trabajadores sindicalizados estábamos realizando una huelga en toda la Universidad por violaciones a nuestro Contrato Colectivo de Trabajo. Puesto que los que sostenían la vía moderada afirmaban que, puesto que la ley lo ordenaba, los trabajadores podrían libremente estallar la huelga en esa dependencia, eso procedería a hacer.
Por si acaso, si se diera la "remota " situación que los porros no entragáran las instalaciones como marca la ley, y por el contrario, intentaran agredir a la brigada de diálogo, dos brigadas penetrarían para evitar la agresión y desalojar a los porros.
Y así fue, sigilosamente dos brigadas tomaron posición moviéndose por los senderos del Cerro de Coatepec sin hacer ningún tipo de ruido, mientras la tercera brigada se movía abiertamente en dirección a la entrada principal de Contaduría.
De esta manera, todos los que creyeran en la posibilidad de negociar con los porros y convencerlos con la ley en la mano, tenían una magnífica oportunidad para intentarlo, de ser ciertas sus ideas, su acción tendría gran trascendencia en la solución del problema.
A los 5 minutos para las 12 Romulo, el fundador, El Viejo, o sea José, sin poder regular y pausar sus movimientos llegó a la puerta lateral de Contaduría acompañado de los trabajadores de la Facultad y de Chano, su delegado sindical. Chano, el delegado empezó a chancear con los porros y los funcionarios que de por si lo tenían amaizado, no obstante El Viejo expuso la situación, los trabajadores exigieron con firmeza la salida de los porros, los porros se concentraron con burla en donde, según lo que apreciaban, una partida de ilusos les pedía que cumplieran la ley y salieran de las instalaciones.
Los porros que ocupaban Contaduría no podían creer tanta candidez y se orinaban de risa y en sus breves espacios de lucidez se burlaban y humillaban a los trabajadores universitarios miembros de la comisión. Pronto la burla se fue convirtiendo en prepotencia y en agresión física, Don Cuco, cayó derribado de un puñetazo, eran las doce de la noche, Pancho, intendente de Humanidades chifló con ese chiflido con el que correteaba a sus borregos en las faldas del Nevado de Toluca, un eco de cristales que se quiebran y caen al suelo llegó de inmediato, segundos después una gritadera que surgía de todos lados aterró y paralizó a los porros, unos lograron huir, por la puerta sin cuidarse de los golpes más bien simbólicos que les propinaban los miembros de la comisión dialogadora, otros lograron refugiarse y atrincherarse dentro del área de la dirección, el delegado sindical Chano se esfumó como por obra de magia, hubo una pequeña batalla en los pasillos, pero al fin los porros que ahí estaban alcanzaron a huir despavoridos. A los porros y atrincherados se les advirtió salieran con las manos en alto o entramos a matarlos, no tardaron mucho en salir, entre ellos iba el director de la facultad de Contaduría, un tal Guadarrama con su barba de candado, tembloroso y al borde del soponcio. Una vaya silenciosa los vio pasar derrotados, todos iban acobardados. Al salir de la facultad se dirigieron al Paseo Tollocan que atravesaron y sólo desde el otro lado se armaron de valor para encender las luces de sus carros contra el edificio e iniciar a disparar contra la fachada de la facultad.
¡Que valientes tipos! 18 trabajadores sin ninguna experiencia o preparación militar, habían desalojado a unos 40 o 50 porros.
Cuando empezaron a disparar contra el edificio alguien gritó:
--Apaguen las luces, ¿donde está el interruptor general? ¿Dónde está el delegado?
Pero Chano, el delegado sindical se había ocultado o se había ido con el grupo de porros.
Finalmente alguien apagó las luces y parapetados en el suelo decidimos seguir con el plan, no se trata de ganar posiciones sino de desplazar a la fuerza viva del enemigo, esto es, se trataba de una guerra de movimientos no de una guerra de posiciones.
Decidimos ir a apoyar a los compas de la Facultad de Arquitectura que en ese momento también estarían teniendo dificultades con los porros para estallar la huelga. Salimos sigilosamente temiendo pasar por la facultad de Leyes cuna tradicional del porrismo universitario y llegamos a Arquitectura, donde los compañeros si habían logrado estallar la huelga con apoyo de los estudiantes, ahí nos informaron que la facultad de Derecho, en asamblea general, los estudiantes habían decidido respetar la huelga de los trabajadores. Al llegar a la facultad varios estudiante se adhirieron a nosotros y la ocupamos sin ninguna resistencia colocando las banderas de huelga. En la Faculta de Ingeniería los estudiantes habían acordado apoyar la determinación de los trabajadores y si bien no se incorporaron al movimiento, siempre fueron respetuosos y solidarios.
Ahora habíamos estallado la huelga en todas las facultades en la ladera sur oeste del cerro de Coatepec y así quedó así ante nuestra vista el estratégico Centro de Calculo e Informática de la UAEM.
A esas horas todavía había alguna confusión. En la oscuridad de la madrugada nos encontramos con un grupos de estudiantes que venían llegando con víveres y cobijas y otros que venían de la ciudad de México, ellos venían de la UNAM y de la Preparatoria Popular Tacuba, ahora teníamos brigadas como de 30 personas poniendo barricadas, arrastrando enormes piedras y decidimos cercar Cicali, para que no desde ahí los porros hicieran una contraofensiva, apilamos sillas escritorios muebles en los puntos de posible penetración y luego decidimos bloquear las entradas de autos con todo cuidado para evitar nos dispararan desde autos. Por tres lugares distintos las tres brigadas iniciaron el cerco con piedras, escombros y varillas en torno a CICALI, de una manera metódica y sigilosa, los porros entraban y salían del edificio, se ponían nerviosos, mandamos una brigada "dialogadora" para que se percatara de la situación al interior de Cicali, pero desde dentro del edificio debió parecerles una maniobra precisa conjugada con la información magnifizada de la reciente toma de la facultad de Contaduría. Un compa de la Preparatoria Popular de Tacuba que se había acercado casi al frente de Cicali para poner piedras de barricadas para impedir el paso de carros, viendo el temor de los porros de la entrada tomo una piedra para bravuconear y les gritó.
--¡Aquí se van a morir hijos de la chingada!
Todos lo trabajadores lo entendimos como un buen deseo, pero nada más, pero para los porros atrincherados en Cicali ese grito fue la gota que derramó la vejiga de miedo y arrancaron a correr rumbo a sus autos, gente de las demás brigadas quiso repetir el chiste y todo fue tan simultáneo que de inmediato el grueso de los porros corrió hacia las calles o hacia los autos, di la orden de atacar, porque a esas alturas ya andaba yo dando instrucciones, en un ascenso que no lograba entender pero que era indiscutible ya para todos.
Los carros de los porros chocaban entre sí y alcanzamos al último, con el director de la Preparatoria numero 3 abordo. El director era uno de esos hijos de burgués que se cree muy listo e irresistible con las mujeres, en la Prepa 3 había humillado a una compañera embarazada y hacía la vida imposible a los trabajadores a quienes sometía a un trato denigrante, con mi hacha tomahawk que era lo único que yo traía, golpee el parabrisas y este se estrelló pero no se rompió. El carro no arrancaba y los porros apretados dentro de él lloraban de miedo mientras la multitud se acercaba y les gritaba hijos de la chingada y cosas por el estilo, y golpeaban los compañeros los vidrios con los puños cerrados sin lograr ningún efecto, justo al momento que arrancó el carro, un compañero que se había retirado a recoger piedras de las barricadas llegó con una con la que apenas podía y la estrelló contra el medallón al tiempo que el carro tambien chillando llantas arrancaba velozmente. Era el ultimo carro. Nos acercamos a Cicali con sigilo pensando en que podía haber gente armada, como en Contaduría, sin descartar la posibilidad de que nos dispararan.
--¡Don Cuco!, ¡don Cuco! --se escuchó una voz aterrorizada.
Era el director de Cicali, quien ahora buscaba entre la multitud de trabajadores al delegado sindical que durante un año no había querido reconocer y al que jamás había dirigido la palabra, pues para él no se trata de una persona de respeto, sino un simple velador.
--¡Don Cuco!, ¡don Cuco! --se escuchaba como La Llorona que dicen vaga en las noches llamando a sus hijos.
Cuando el director de Cicali estuvo frente a mi lo reconocí de inmediato.
--¿Qué quiere con don Cuco?
--Le quiero entregar oficialmente las instalaciones –dijo tartamudeando con una cara de cobardía.
Varias manos prendían del saco al director y el director a su vez se detenía fuertemente de un hombre joven, musculoso, con cara entre de soldado y junior.
En efecto, era el jefe de los porros, el ahijado del rector, que no había logrado escapar pues en su miedo el director del Centro de Calculo e Informática se había aferrarse fuertemente a él, despues de todo, para eso lo habían enviado ¿no? para protegerlo.
De momento no sabíamos que hacer con el director de Cicali ¿lo madreamos, lo canjeamos, nos replegamos, a donde están los demás porrros, de verdad ya huyeron, no será una trampa? mientras la gente los jaloneaba y les mentaba la madre, pero con todo el joven no se dejaba caer, hasta que se quedó solo y ahora él grito al director.
--¡No me deje por favor!
Fue en ese momento que a casi todos caímos en cuenta de quien se trataba, él lo percibió y una chispa cruzó por su mente y se delató en sus ojos, se llevó la mano al sobaco y fue en ese momento que yo que había leído algo en su semblante lo paré con un planazo de hacha.
Así salió el dinero de la primera 38, Colt.
El campesino viajó de Toluca a México y de México a Tuxpam y de ahí a la Huasteca, donde mercó la pistola. Era la primera arma que tocaba desde que en septiembre de 1971, lo metieron en la cárcel.
Al campesino lo habían capturado 6 años atrás en en su rancho, en la Huasteca, o tal vez en una casa de seguridad de la ciudad de México. Antes que eso Roque Reyes iba caminando por la estación del ferrocarril de Buenavista, con su compañera, venían de una acción revolucionaria en la avenida Insurgentes, un asalto a la tienda Canada. "Operativo" le llamamos ahora, pero antes le llamaban expropiacion revolucionaria, yo creo que una expropiación implica que el que expropia le pague al expropiado y ninguna organización revolucionaria extiende vales en sus asaltos. En todo caso la palabra correcta es confiscación. Asaltaron la tienda y Roque traía parte del botín, unas granadas y unas pelucas, un carro de agentes los detuvo no se porque razón y de ahí Roque estuvo cerca de 30 días desaparecido, lo torturaban día y noche en el Campo Militar Numero Uno, para que confesara. Roque aguantó lo que pudo. Ya habían pasado varios días de la desaparición de Roque cuando llegaron a las casas de los demás militantes del Comando Armado del Pueblo. "Ya habíamos planeado salir esta noche" dijeron después sus compañeros. Les ganó el sueño y así les cayó la policía. El resultado del descuido fueron 7 años de cárcel por unos minutos de sueño. "Mal cambio" dijo El campesino, pero lo dijo después de su enésima sesión de torturas en el Campo Militar Número 1.
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