A mi hijo Victor Ilich, guerrrero indoblegable que por sus
desviaciones profesionales siempre supone que miento.
Antes de cumplir 5 años fui a ayudarle a mi papá en su
trabajo a Coatzacoalcos y a Villahermosa. Como ya aclaré antes, no es que mi
papá no fuera un hombre capaz, lo que pasa es que le gustaba trabajar en equipo
y que mejor que trabajar con un hombre fuerte y rudo como yo.
Antes para llegar a Villahermosa tenías que pasar los ríos
anchurosos por varias pangas (ferry boat para los plusmodernos), todo tipo de
trailers y camiones de 8 toneladas cabían ahí, mi papá me dejó en el puente del
barco un rato para que viera como salpicaba el agua del río y como se veían las
luces lejanas en el principio de esa noche envuelta con una lluvia tibia y fina.
Cuando bajamos de la panga me di cuenta que traía los pantalones completamente
mojados.
--No creas que me oriné en los pantalones –le dije a mi
papá.
--No –me contestó con calma—pero… ¿quieres hacer del baño?
¡Ups! Si quería hacer del baño, pero eso no estaba
relacionado con la mojada de mi pantalón. Mi papá me puso frente a un charco, en
una de las calles del puerto y me dijo “orina ahí”.
Salimos de la penumbra y de los charcos del puerto y
llegamos al centro del lugar. Una cucaracha del tamaño de un ratón se atravesó
presurosa en nuestro camino. Nunca había visto una cucaracha de ese tamaño, me
quedé impresionado y cuando entramos al restaurant la leche tibia y dulzona que
pidió mi papá me recordaba mucho a la cucaracha, así que la vomité todita.
Nuevamente dijo mi papá “no te preocupes”, y salimos a vagar bajo la lluvia de
una ciudad hermosa sumergida en el calor y en la penumbra. Caminamos por el
malecón, mi papá me pidió que agarrara un poste y luego me preguntó:
--¡¿Que sentiste?!
--Nada.
--Pensé que te daría toques, a mi la vez pasada me dio
toques ese poste.
Ups, de la que me salvé, a mi los toques nunca me han
gustado. En ese momento pensé que sería mejor conseguirme un papá que no
hiciera experimentos humanos con sus propios hijos, y menos relacionados con
electricidad, estaba yo todavía poco capacitado para entender las lecciones de
electricidad estática y electrodinámica que se desprendieron de ese
experimento.
Al otro día temprano fuimos a llamar por teléfono a mi mamá.
--¿Cómo llegaste hijito?
--Sudando –le contesté, y las mujeres que atendían el
negocio estallaron en risas, todavía no se por qué, me imagino que me veían
como una apetitosa pieza de carne rostizada que se sinceraba. Mi papá también
reía y mi mamá del otro lado de la línea trataba de aguantar la risa.
Al anochecer mi papá me dio instrucciones, cuando te
despiertes bajas al restaurant y pides de desayunar, después si quieres ir a
los juegos les pides a una señorita te atraviese la calle, luego voy a venir
por ti.
Bueno, a mi papá siempre todo le parecía muy fácil. “Bajas a
desayunar” ¡¿con qué dinero voy a pagar?!, en fin. Por la mañana me recordé la
petición de mi madre “te bañas hijito, no vayas a andar sucio”, así que abrí
las llaves de la regadera y me di una buena bañada, en Villahermosa hacia tanto
calor que yo no tenía muchas ganas de salir del agua.
Con mucho escepticismo bajé al restaurante pensando en que
le diría a las personas que atienden “oiga, no me tome por loco, pero mi papá
me dijo que pidiera de desayunar, luego el va a venir a pagar, no se preocupe,
de verdad va a venir”. Así pensaba mientras bajaba las escaleras.
Una hermosa muchacha me encontró en las escaleras y –aunque
no era necesario—me tomó de la mano y me preguntó: ¿Qué quieres desayunar?
No tuve problema de ningún tipo. Apenas les iba a explicar
mi extraña situación cuando ellas ya me estaban sirviendo sin percatarse de
que no tenía dinero para pagar. Cuando terminé de desayunar, en lugar de
cobrarme dinero me preguntaron:
--¿Quieres ir a los juegos? –pero ya me tenía de la mano
caminando hacia la puerta.
Mas tarde mi papá me llevó supongo que a la capitanía del
puerto. Ahí esperé en una terraza en lo que el tenía una reunión de trabajo,
luego nos fuimos en una avioneta tal vez a Coatzacoalcos, debajo de nosotros
estaba una enorme alfombra verde y en medio de ella una larga y enorme
serpiente de agua.
--Es el río mas caudaloso de México –dijo mi papá.
Llegamos a otra ciudad y como ordenaba el reglamento, nos
fuimos a comer a una cantina, yo pedí una cerveza para niños, los demás una
pico de oro y ahí estuvimos hasta que tuvimos que regresar a México en un avión
que para nada se movía como la avioneta en la que atravesamos el Río Grijalva.
16 de junio de 2014
Creo que casi todos los que por primera vez vemos una cucaracha de esas dimensiones la comparamos con algo, de acuerdo a la impresión claro, mi primera cucaracha descomunal la describi como una cucaracha que parecia mas una patineta, jajaaja. Por lo demas, me dieron ganas de ir a explorar territorios mexicanos, con mi Papa y con Ustedes tambien, nos vemos prontito en nuestro Mexico querido. Saludos Davis querido.
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