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Editorial Huasipungo Tierra Roja
Explicación
Un día que me quedé sin balas descubrí que cuando aparente-mente ya no había más con qué combatir todavía quedaba la poesía. Descubrí que la poesía no era sino la continuación por otros medios de la pasión por la vida que nos movió desde el principio, que la lucha por la libertad está más ligada al amor que a la llamada política, que así como comba-tíamos por el amor a los nuestros, también teníamos que combatir por hacerles llegar un mensaje que siempre trajimos, pero que no siempre pudimos expresar.
Descubrí que el amor sexual no es ajeno, ni podría serlo, a la lucha por la libertad, que también combatimos por el derecho a no traer siempre al cinto una pistola lista para disparar, que también luchamos por el derecho a rodear con nuestra palma la cintura de quien amamos y nos ama.
La primera parte de este libro habla de ello. La segunda parte habla de cómo, en el terreno del amor, no basta con tomar el cielo por asalto.
David Cilia Olmos
I
Clandestino en la ciudad
De pronto la ciudad
que tanto quiero
se convirtió en mi trampa,
donde me querían
me esperaban,
para capturarme,
para acribillarme,
para asesinarme.
Y es que los perros
también me quieren,
me quieren
muerto,
preso,
o sirviéndoles.
Por tanto, no me escondo
me subo al metro
trasbordo en Pino Suárez
voy a la Alameda,
son ellos los que deben
esconderse,
son ellos fuera de la ley.
Te quiero ciudad preciosa
como a la mujer que me
raptaron tus polizontes
como la quiero a ella
que la poseo como a ti.
Pero no te quiero
para asesinarte,
para encarcelarte,
para envilecerte,
para que cambies de amo.
Te quiero porque hemos
llorado juntos
un dos de octubre
un diez de junio
porque juntos perdimos
nuestros hijos
en una guerra
que no empezamos
que no quisimos
que no buscamos
y que no tenemos
otra alternativa
más que ganarla.
Recorro tus piernas
de la periferia al cruce
y al llegar a Hidalgo
arribo vencedor
como al monte de Venus
de mi mujer
—que también es tuya—.
Llego como dice el manual:
"sin levantar sospechas"
porqué lo más natural
es que te recorra
y eso todo mundo lo sabe
y lo sospechoso sería
que titubeara
que me detuviera,
que tropezara
que me escondiera,
yo que conozco
todos tus caminos,
todos tus rincones,
desde tu pelo de oro
en el otoño del Ajusco
y tus verdes ojos
del lago con pestañas
de algodón de azúcar,
hasta el Chiquihuite
donde por primera vez
choqué contigo.
Pequeña ciudad mía
te quiero aquí conmigo
voy a liberarte
o a morir en el intento...
está mi esposa en prenda.
II
Aún perseguías hormigas
cuando te conocí,
te hincabas
y tu blusa escolar dejaba ver
dos volcanes tiernos en plena erupción.
Con la mirada las seguías
mientras el último vagón,
a Taxqueña, te miraba.
Nada te importaba,
tenías que seguir la pista,
descubrir los caminos
encontrar los ¿a dónde?
resolver los ¿por qué?
Y más allá del andén
las hormigas seguían su camino,
como el hijo que se fue.
III
Ahora que estás presa
te preguntarás
cómo haré
para encontrarme
en esas mañanas de soledad,
como sabré de mí
si no me reflejo
en el espejo de tus ojos
en estos despertares
de rabia infinita
en que por milagro operativo
tengo todo sin buscarlo
y sin embargo...
no te tengo a ti.
Macondo es el exilio
I
Vivo entre la selva
la sierra
y el infierno,
bebo agua de las entrañas
de la tierra
como si bebiera de mujer,
junto a mi marchan las violetas,
bueno...
a veces me están esperando,
saben que voy por ellas
y me atajan el camino.
Camino por una gran cascada
que nunca acaba,
de amarillo, naranja y guinda
se viste la espuma
que me rodea.
Camino sobre el mar.
II
La vi de lejos
en el horizonte
con sus pantalones de mezclilla
untados a su cuerpo
como si fuera suyo, todo suyo
y lo disfrutara.
Toqué su brazo neumático
atisbé por las comisuras
de su blusa blanca
con la objetividad de un perito.
La vi y la toqué
tratando de no tocarla
"no debe ser" pensé
y era verdad,
no debió ser
que la haya dejado
pasar así.
III
Despedida
Aquí te dejo Macondo
con tus jabalíes sensuales
con tus gallos cogedores
con tus perros célibes.
Te dejo con mi suegra
que no lo supo
y con mi novia
que no lo sabe
y que tampoco se queda
pero no se va conmigo.
Te dejo con su hermana
que podía ser pretexto
o podía ser su hermana.
Te dejo derrotado,
inútil
y seriamente precoz
o precozmente serio,
viejo, calculador, tonto.
Te dejo sin mis silencios
y con tus complicidades
con mis hormonas derritiéndose
junto a las de ella
y yo aplicando el freno
para no mirarla
y al mismo tiempo
buscando pretextos para verla.
Te dejo con la trampa preparada
con el cerco establecido
con la anuencia silenciosa
con las batallas periféricas
ganadas de antemano,
pero sin ella
que no viene conmigo.
Te dejo con tus agujeros de rata
con tus autopistas elevadas
y con la lluvia que me acompaña.
Te dejo con mi hermana
la única que ¿me detesta?
pero hace buen pan
y buen guisado
y toca a mi cuñado-hermano
con ternura
y entonces no me importa
su vida amarga
mientras no haga que salga
mi amargura.
Te dejo tranquilo como llegué,
con sangre de atole
que no puede romper mis venas,
sin hablarte de vos
y con una luna que también se va.
Te dejo con mi tercera borrachera
y mi primera vez
y con Blanca y la Susana
y la última vez
¡vamos camaradas!
una cosa es
morirse de ganas
y otra perder la estética.
Pero sobre todo Macondo
te dejo sin ella
que también te deja
pero no viene conmigo.
El regreso
Esta es la ciudad
de romperse la madre
la ciudad que tanto choca
al pensamiento sano
de la pequeña burguesía,
de la clase media de antes
y hoy medio jodida.
Ya estuvo,
ya se vio
a donde iban a parar,
los pacificadores
con sus ruidos de latón,
con su aliento de yoghurt
y de marihuana.
Ahora esta es la ciudad,
el país,
de romperse la madre,
la sutil comprobación de nuestra historia.
Reclusorio Norte
AVISO
Ahora tengo domicilio fijo
me comprometo a
siempre estar
cuando me busquen.
Ahora nadie debe preocuparse
de que la tira tire
la puerta de su casa
en la madrugada
de esta historia
y si tiran la mía
peor para ellos.
Ahora nadie me sigue
más que con la mirada
flácida e impotente
que no arranca verdades
que no desnuda nada
más que la miseria
del mirador.
Ahora nadie me llama
por otro nombre,
nadie pregunta
lo que no sé,
nadie sospecha
que yo sospecho
que él sabe
que hay algo
que no checa
que él encubre.
Ahora veo a mi mujer
sin citas clandestinas
y miro a mis hijos
a la vista del mundo
y los abrazo sin temor,
y estoy en la mira,
mi cuerpo cubre
el colimador,
¡qué tiren!,
Lo bueno de estar preso
es que siempre estoy
cuando me buscan.
Parece que estoy preso,
cemento y acero me rodean,
paredes que me aplastan,
pisos que me despedazan.
Parece que estoy preso,
si no paso la lista
entonces vienen los madrazos
si no pido permiso
vienen los madrazos.
Parece que estoy preso,
eso dicen los periódicos
y eso dice mi expediente
y eso mismo veo yo...
que parece que estoy preso.
Quiero escribirte un poema
y me topo con pared,
en mi cerebro rebotan
las palabras
como balas perdidas
en caja blindada.
Quiero verte y tenerte
y otra vez aparece la pared
reboto contra puertas y escritorios
reglamentos y "tratos especiales".
Quiero hacerte el amor
y despierto,
reboto contra el suelo
que no se quita
ni se compadece.
Luego quiero dormir contigo
y el sueño se me acaba
como la paciencia,
como la tristeza
que cada día que pasa
se embaraza
de coraje,
de coraje.
Aunque regreses primavera
para mí sigues siendo invierno,
puesto que no sale el sol por mi ventana
y en lugar de florecer claveles
crecen como hongos negros los barrotes.
Ciertamente para calentarme
hoy no te necesito,
pero sería bueno
que ya vinieras
un día en serio
a visitarme.
Te regresarán de la puerta
ya lo sé,
te faltara credencial actualizada
no pasaras vestida
con tus colores clandestinos,
pero no me apuro,
se que vendrás un día
verdadera,
a combatir con el invierno
a derrotar el frío de los huesos
a pulverizar la noche de los perros.
Sé también que saldremos
de la mano ¡caramba!
yo a mi verdadera casa
y tu a calentar al mundo.
¿Qué puedo yo decirte madre?
otros te comparan, yo no sé.
Es cierto, eres como la pureza...
hablan mucho de tí los impuros.
Eres como la libertad, la patria,
unos piden en tu nombre
y otros quieren detener contigo
la mano que castiga.
En un día preestablecido
se acuerdan de tí
para disimular lo mucho que te olvidan.
Pero es aquí,
donde uno se acuerda de todo,
donde recuperas el valor
de nuestros primeros días.
Eres cordón umbilical
que nos une con la vida
eres fuerza protectora
a prueba de amigos y enemigos
de sentencias y esperanzas
de bueno y malo,
de amores y desamores.
Contigo a mi lado no hay cadenas,
no hay derrota
eres como siempre
la madre de las batallas.
En la madrugada
escudriño el mundo
dejo a mi oído libre bajo fianza
que brinque la barda,
que camine un rato por la calle
y vea al perro ladrar libre
denunciando los pasos de un obrero
o tal vez de una brigada.
Un camión marcha a lo lejos, pausado,
como si no pudiera terminar de despertarse
con ese ruido plano, sin cambios, sin topes
que lo lleva pronto a cargar con el mundo
para que el capital produzca
y se reproduzca.
Atravieso la noche,
soy libre en la cárcel del silencio,
el mundo me llama y me recibe
con sus motores y sus perros
dulces cantos de libertad.
Chiquihuite
Se que estás ahí
con tu mirada que perfora
la oscuridad de la noche
y atraviesa más allá
del cielo que me aplasta.
Tus ojos pestañean
y limpian con su mirada cauterizadora
mis heridas profundas,
como ráfaga solidaria
en los intervalos
de mi insomnio.
Unos te consideran panorama,
no saben nada de ti,
no sospechan que bajo tu camuflaje
de toro de lidia arponeado,
está el gigante que vendrá a rescatarme
para llegar a tiempo
a la nueva rebelión.
El túnel
Puedo seguir tus huellas
por el laberinto
deducir por tus pisadas
si el mundo hoy te espera
o sí tranquila esperas hoy al mundo.
La marca de tu paso
me conduce a mi destino
que no es tan destino
sino simple accidente,
un trámite que ambos pasamos
para graduarnos en historia.
Me sumerjo en la oscuridad,
me adentro en un hueco de la tierra
más contento que minero,
porque el tesoro que yo busco
también me busca.
Dicen que por este hueco
se llega a la libertad,
no es mi caso,
mi libertad va a llegar
por un túnel en el corazón,
cuando con espada de acero
atraviese de lado a lado
el corazón putrefacto
del que encadena la flor.
No quiero otra libertad
no necesito de ficciones
por eso en el túnel te busco a ti
para que lleguemos juntos
a sonreír
mientras el enemigo
nos trata de juzgar.
Padre:
Tres cosas me enseñaste,
ser de utilidad,
no mentir
y no rendirse
Y todo hubiera ido muy bien
si no viviéramos en este mundo
sino en el otro,
el que Tú soñabas.
No sé si no eras consciente
o si era parte de tu juego
actuar como si este fuera el otro mundo
Tampoco yo podía,
ni puedo ahora,
no tengo derecho,
decirte
que te fijaras con que sueños
sales por las noches.
Y en parte, por eso es mi reclamo:
¿no mentir en un mundo de mentiras?
¡vaya consejito!
¿no rendirse en un mundo de derrotas?
¿acaso no era tu hijo?
¿acaso no me amabas?
¿para qué mandarme
por el camino equivocado?
a mi que te creía.
Afortunadamente he seguido
al pie de la letra tus consejos,
bueno, no sé si he sido útil
pero al menos lo he intentado,
no he mentido
y eso me ha salido caro
y ahora que estoy aquí
en la madrugada,
cansado,
sin fuerzas,
sin futuro,
sin creer en Dios
ni en el Diablo
una fuerza extraña
me levanta y me obliga a escribir
estas palabras:
No rendirse.
Y al escribirlas me acuerdo de tí
y compruebo lo mucho que nos has amado
y el sueño que tu soñabas
sospechosamente bueno,
subversivo
justo, inmoral y necesario
se hace mundo
cuando junto contigo
me confundo
y lo doy por hecho.
Reclusorio Norte 22 de septiembre de 1991
Bueno... también pude ser prudente
y callar cuando vi una injusticia,
y hacerme ciego cuando vi a los agentes
golpeando a las señoras
y a sus hijos y sus hijas,
y pude no ver a mujeres
que se envuelven en pancartas.
Cierto... pude ser prudente
y no ver como los perros
golpeaban, destruían,
matan y reían
con esa carcajada
tan fuerte como sus complejos.
Ok... pude ser prudente
cuando en mis manos murió Gervasio
y cuando luego encontraron muerto al"Muerto"
¡vaya redundancia!
y cuando de cuatro balazos en el pecho
cayó Ferreira a las tres de la mañana.
Debí ser prudente
cuando volaron los huevos
a balazos a Genaro,
cuando en Tlatelolco
supe la muerte de Gonzalo
y de Alicia
y al otro día nadie más llegó.
¡Qué imprudencia!
¡Correr en el sentido contrario
al de la huída!
para avisar
mataron a Barraza
mataron a Murillo
que no te agarren
lavando tu cisterna.
Si pues... ¡Carajo!
ser prudente y tirar del lado
de los que van ganando
o no tirar y que el mundo gire.
Ser prudente y vivir a medias tintas
y no la vida
imprimir a medias tintas
y no Madera,
amar a medias tintas
y no a Violeta.
Pero me pregunto
de haber sido así,
¿Por qué comí,
reí, platiqué dormí, orgasmé
con la gente de Madera?
No señores
no me quieran sorprender
imprudencia sería que yo fuera
un prudente cobarde
y no huevos de acero
como todos,
los demás.
REVIRA
¿Qué hongo?
¿Te la pasas chido
navegando sin banda ni flota?
¿La vida gandalla no te suelta
ni te afloja?
chido tu patín,
me pasa.
Mira banda,
no sólo haces que suspire
aspire y exhale
chale, chale,
también haces que babeé.
Acabo de ver la luna,
no es tan chida como tu
pero también aguanta un tiro,
pego un brinco y la amacizo,
pero de revire
hasta pelos dejo
y me recogen con escoba.
Gacha mi calavera.
Tu estás más a tiro de escopeta
aunque me despeine
tu airecito
de monja karateca.
Tu aguántate la risa
que yo me aguanto
la carcajada,
saca la casta,
te conozco iconoclasta.
Me doy un toque con tu foto
¿No te guacha?
me fumo tus labios
de una chupada
y quedo como idiota
chido viajando y tenebrando.
Chale, chale,
calmantes montes,
si de buena te caes manzana,
para que finges apagón
si te puedo revivir
de choque al corazón
y masajes en la misma zona.
No me espantes panteón,
revira y ponle
no hay dieciocho
ni la vida vale un chocho
¡échale pa delante!
la neta,
yo paro tocho.
Primer día de libertad
Hoy pasé por la misma calle
ya no estaba la banqueta
roja por tu sangre,
también eso han borrado de ti
camarada.
Hace diez años andaba por aquí,
Hace diez años andaba por aquí,
contigo,
llovía en Morelia.
¿Cómo haré para regresarte
a la vida,
camarada?
No sabía
No sabía,
¿Cómo podía saberlo?
que al final de mis días
conocería a la mujer,
a la de mis sueños
No sabía,
no podía saberlo,
que la besaría
y la tendría
un segundo
en la cueva de mis brazos.
Sé otras cosas,
pero eso...
ni pensarlo
que una mañana de utopía
tocaría su piel de sueño
tomaría un trago de sus risa
¿Cómo saber que bebería
hasta saciarme
de la luz de su mirada?
sabía, lo juro
que la magia existiera
confieso que no creía
pero Dios,
o el Diablo,
Carlos Marx
o el camarada
Tomás Moro
o no se quién chingaos,
o porqué,
pero un día llegué a ti.
No sé si el milagro volverá
pero ahora
aunque no te tengo
pienso que mi vida,
un día,
que sueño y
espero desesperadamente,
será viva
como antes,
gracias a ti.
Aclaración
Yo, lo más lejos que he llegado,
lo más bello que mis manos han tocado,
lo más profundo que he penetrado
lo más glorioso
que sin merecer me ha ocurrido
es tocar, es soñar con ella.
Digo esto antes de que la muerte
nos separe
y ojalá ella lo sepa algún día.
Autocrítica
Esperas temiendo que no llegará
pero...
viene con ansia certera
viene sin sueño y con prisa
viene dispuesta a tu frío
viene a poner
en tu rostro de piedra
su propia sonrisa.
Metronimia
Brasier/camiseta
voces que se tocan
un dedo penetra en la piel.
Medias que bajan escaleras
con el suéter bajo el brazo,
bolsos que atraviesan fugaces
cubriendo las medias,
faldas que esperan casi de puntitas,
aretes que se besan,
que se prenden de los labios,
rubor que se detiene del acero,
collar-anillo-pulsera
que no termina de leer
carmín que piensa y se arregla la maraña
cola de caballo que hurga
en el cabello ajeno,
escote clausurado,
redondeces, caireles, obras de arte
que salen del subterráneo
mientras camino hacia ti.
He conocido
todos los estados
y todos los rincones,
desde el estado sólido, hasta California,
por mi memoria traicionera
desfila el estado plasma
y el depresivo,
Campeche y el de coma,
Guerrero y el de sitio
Chiapas, gaseoso,
Jalisco, Veracruz,
y así sucesivamente,
todos los estados,
todos sus rincones.
Pero hay una geografía que no
conozco
ni de pasada,
altos cerros,
largas aguas,
¿habré de morir lejano
sin besar tus playas?
Centro del blanco
Hablando en términos
militares
o sea,
los de antes,
eras importante,
había que llegar a ti
y penetrarte
en una explosión de
pulso y puntería.
Ahora
- que tampoco son
tiempos de confort
tienes carne y hueso,
color en las mejillas
aroma en tu rutina,
y no apareces ya
atada a los corazones
de los enemigos
entras
sin permiso
en el mío,
erizando nudos de
garganta
con tu posibilidad
de indignarte
y de decir:
ésta boca es mía
y, que utopía pensar,
sólo pensar,
esta boca
- la tuya -
también es mía.
Camarada
Mañana pensaré
que pronuncié
tu nombre
bajo la lluvia
y que caminando
vi de frente
las luces
de la noche
que como a ti
no he tocado.
Mañana pensaré
que pienso en ti
en la madrugada
y que abrazado por el frío
escribo tu nombre
en mi cuaderno.
El cielo por asalto
I
He de llegar a ti
para amarte todo el día,
reposaré mi cabeza en tu almohada
corretearan mis dedos tus montañas
me ametrallaras con tu vos anhelante
y de ahí en adelante
solo podré detenerme
en el sujetador de tu cabello.
II
Antes de que sea demasiado tarde
así apareciste en mi vida,
caminando en el metro
y yo buscando una salida
Te seguí para no dejar de hacerlo
¿cómo podías dejar de atraerme
si cuando mis ojos buscan
el pliegue mágico de tus pechos
te encontré distraída
leyendo
o haciendo como que lo hacías?
Me olvidé de tus blancas rodillas
la limpia entrada a la tierra prometida
busqué en tu cabello
el principio del rojo
para ver si no eras la misma
que yo quería,
quise creer que tu piel
nadie había tocado
que yo sería algún día
el primero
en tu sueño penetrado,
pensando en esa utopía biensana
te perdí entre la gente
y se acabó la mañana.
Nadie me dijo tu nombre
ni de ti nunca supe nada,
pensando en imposibles
como tu y otros socialismos
que ya no ganaba
llegué a mi guarida derrotado
y te encontré en mi cama.
III
Si cayeras en mis garras
te desnudaría como a una naranja
empezando por arriba,
tu pelo liberado me llevaría
al botón más cercano de tu cuello
y como un soplido
mis manos seguirían
poniendo a la vista tus gajos,
tus jugos y todos tus encantos,
te chuparía como un dulce,
ninguna parte de ti se escaparía
y aunque se mojara mi pantalón
yo seguiría chupando
hasta que perdieras el control,
y luego...
no, no hace falta que me quieras
sólo chúpame de corazón.
IV
Voy a dejar que mi mano se mueva libre
y te diga lo que tenga que decir.
Con mi tacto te recorro
no hay falsedad en ti,
un poco estorba a ratos tu vestido negro,
el que mi mano se atore ahí
es un poco consecuencia
de malformaciones
que a veces se sobreponen
a mis manos intenciones.
Pero tú sigues ahí, espléndida,
viva sin moverte, midiendo mi conflicto
y ayudando con tu mirada
todo lo que puedes.
Eres la orilla digna del pirata
el lado sano de este mundo falso
la plaza solidaria del planeta engreído
la parte rica de este mundo artificial.
Aunque me atormentes con tu silencio
eres viento fresco en mi cuello
pulso de mi corazón,
agua de mi sed,
alimento de mis ojos,
pista de mi mano.
Cuando ya nada estorba
cuando mi aliento está en tus piernas
mi pelo en tus dedos
mi ausencia en retirada
mi mano te cede la palabra.
V
Mis manos te recorren
en avalanchas
guerrillas
santa cruzada
o como quiera
que manden tus desiertos
tus selvas perennes
húmedas y hospitalarias
o tus montañas gemelas
Ome-tepetl.
Ya en acelerada carrera
y acelerado el pulso
el aliento en crisis
mi corazón en tu mano
tu corazón en mi aliento
tu aliento en mis ojos
mis manos en tus humedales
tus humedades acercándose
tu ritmo en mi pulso
mi pulso en tu cadera
mi pelo en tu vientre
tu carne en la mía...
Mis manos te recorren.
VI
Mar
En la madrugada de este día,
tu imagen me ha despertado.
He visto tu cuerpo tibio y receptivo,
tu cara linda e incitante esperando y...
el cuerpo se me ha puesto duro.
No todo,
lo confieso.
He dejado que mi mano te palpe,
suave, blandita,
he dejado que mi mente recorra todos tus rincones.
Luego te he tenido como al mar,
navegando y probando tu sal.
Y mientras llego a lo más profundo,
mi mente te hace real,
mi mano ya no son cinco dedos
y una palma,
ahora eres tú,
receptiva que me besas
mientras hago explosión
en tu cuerpo suave,
blando, tibio,
y el sueño se me queda en los ojos.
VII
Te juré amor eterno
tu bajaste la mirada
casta,
virginal,
con una voz escasa
pediste:
pruébamelo.
Mi lengua cumplió
te sabía a sal y limón
luego a carne
y finalmente a electricidad
¿Te lo vuelvo a probar?
VIII
Cuando te encuentro
en los pasadizos
de mis sueños
tu cuerpo me sabe a sal
IX
MAR ADENTRO
Recuérdame,
pon tus manos en la nuca y piensa que son mis dedos los que te tocan,
ahora bájalas, has que crucen tu cuello, hasta que toquen tus pechos como yo
lo haría,
o para ser exacto, como yo lo haré algún día,
síguelas bajando rumbo a tu cintura,
júntalas en tu vientre,
toca por mí, que estoy lejos,
tu sexo, presiónalo suavemente y
luego lleva tus palmas extendidas
por tus piernas.
Siente como un rayo recorre tu estructura y hace que se electricen los bellos
de tu nuca,
siente como el viento fresco
hace que se ericen el par de flores
que coronan tus montañas,
siente como la cintura se estremece
y tu sexo se empuja
contra tu/mi mano,
siente como tus piernas se entre abren
para sentir el calor de mi mirada,
que les llega y las recorre
por medio de tu tacto.
Recuérdame.
Exilio
Aquí, junto al peso de los siglos
frente a un mar imposible
bajo un sol dictatorial y protagónico
te sigo esperando
No importa tanto si llegas
como brisa fresca
o amarrada a la cresta de las olas,
tu perfume será de leña
y tu carne brazas
de tu pelo revuelto
manarán las ideas
y con tus manos delicadas
cantarán las flores.
Netáfora
El mar es una línea azul
que divide el cielo del agua,
de la que nacen las nubes,
y las olas,
y la espuma,
y el viento,
la brisa
y lo verde que subraya
todo
lo que no te tengo.
Metáfora
El mar es como el mar,
La alfombra verde que estalla
en sus bordes,
eyaculación perenne que se derrama
impune
en el vientre terso y plano de la tierra.
trillones de cervezas que se destapan
seis veces por minuto,
espumantes,
ordenadas,
simultaneas,
colectivas,
orquesta de hojas secas,
murmullo que no cesa,
reguero de pólvora que se enciende,
cabalgata de frescura,
la seda con olanes que sube
y baja sin terminar de decidirse,
vaivén obsceno,
casto pecho de virgen que se agacha
el inmenso agujero negro
que se funde con el cielo,
esa lejanía que se pierde en la lejanía,
la mano fresca que te atrapa,
todo eso… apenas es su comienzo.
Aquí Campeche
Aquí Campeche
con la soledad en el estómago
con la brújula perdida
con el aire en los zapatos,
sin que nadie escuche
los gritos que no doy
pero que traigo.
Aquí Campeche
con la sangre derretida,
con el peso de los años,
con las vigas milenarias
que sostienen techos pervertidos
y paredes salitrosas,
dermatíticas tapaderas
de la explotación de siglos
de vientos,
de mares
y de sangre.
Aquí Campeche,
sobre suelos falsos
y junto a falsos mares
un hilo lejano
teje del espacio exterior,
lugar de espías y rayos láser,
una voz,
y la voz,
la tuya,
todo lo cambia
y el mar sin olas
puerto sin barcos
guarida de piratas mojigatos
se sale de madre
y todo es más bello
gracias a tu voz.
Diluvia
Un cielo pequeño
que se asoma por la rendija
se ilumina en la madrugada.
Ocho segundos después.
como una tranquila
y razonada
declaración de guerra
se escucha un trueno
largo,
grave.
Una lluvia fina y discreta
se derrama sobre las calles,
cubre cachonda
las hojas de los árboles
escurriéndose por sus rincones.
Cuando el sudor choca con sudor
y no cabes más en tu propia ropa
esa lluvia oceánica
puede sólo ser el aviso
de un orgasmo prolongado.
Te busco en cada mujer
en cada susurro,
te busco en mi trayecto,
me salgo de madre
para encontrarte,
pero tú solo te fuiste
Como un murmullo lejano
en la sierra escuché tu nombre
llegó rebotando entre pinos y encinos
salpicado de historia y de leyenda
de cañadas y batallas multicolores
flechas, humos, carcajadas de pólvora y heroísmo
Pero un día como de cuento
como un rayo de luz
que atraviesa un cielo nublado.
llegaste de pronto
iluminando mi impaciencia.
Tu cuerpo de caña fresca
inundó todos mis espacios
y resultaste algo mío,
nuevo, sí, pero no lejano
Llegaste de improviso,
al diez para la rebeldía
cuando los desencantos acumulados
estallaban en batallas neuroticonas
y te tocó una parte del fuego
y del refuego
y te toqué yo
y me tocaste
bosque,
agua,
caña,
hembra.
Y ahora,
gracias a tí
todo lo tengo más claro...
Camarada
De tu cabello
corto o largo
yo me acuerdo
en un día como hoy
o en otro cualquiera
con el sol derritiéndome el cuello
o cualquier otra parte
con alegría o con nostalgia
de tu cabello
o de cualquier otra parte
yo me acuerdo.
Y es que te sé de memoria,
te armo y te desarmo
a ciegas,
palpándote
en lo oscuro
o en lo claro
embonando tus partes y sentidos
tus risas y tus prisas
y siempre me sabes bien.
Me sabes
y yo te sé,
Lejana pero aquí.
Lo que yo quisiera
es rendirte un homenaje
antes de partir hacia la nada,
reconocer tu voluntad férrea
que aísla,
con tu bien entrenada solidaridad
el calor de tus pechos
palpitando
de los que mis labios
se sienten orfandados.
Lo que quisiera
es reconocer tu lucidez
y raciocinio
que disciplina tus caderas
de las que
mis manos son ajenas,
a pesar de que estás dudan
entregarse y no entregarse
No es esto un homenaje a tu belleza,
esa primavera gastada
por tantas miradas,
es un homenaje a tu cordura
superior a mis necios intentos,
que resguarda amistosamente
las junteces de tus piernas
y solo en sueños permiten
que mis manos las separen
y besen con las yemas de mis dedos
la humedad virginal del paraíso
del que implacablemente
me sigues expulsando.
Combatiente y combativa,
una yerma solidaridad que me asesina,
así te recuerdo hoy
que como todos los días,
en esta enfermedad necia y virulenta,
pienso que te beso los pechos
y te acaricio el alma
y que también soy solidario
cuando te penetro,
y soy racional cuando te sigo queriendo
a pesar de que sólo eres un sueño
del que no termino nunca
de desprenderme.
Estoy cansado de recorrer
todos los rumbos sin encontrarte,
mis ansias más gastadas que mis zapatos
han dicho basta,
me voy a quedar aquí
esperando a que llegues por tu propio pie
o esperando la muerte,
lo que ocurra primero.
La muerte me crece en el pulmón derecho,
entenderás la urgencia por tu llegada,
cuando de mí sólo queden huesos rotos,
espero te conduelas,
a posteriori,
de mí,
y me ames,
a posteriori también,
en esta noche de lamentos lejanos
que pasará sin que te des cuenta
pero que un día revivirá
con tu lectura
póstuma.
No sé por qué ando tan de prisa
si no tengo a donde llegar
una mi amada en un lugar lejano
extenderá tranquila sus brazos
a otro mi igual
o mi peor
sin pensar siquiera
en mis manos apresuradas
y cabizbajas.
La recibirán a medias
pensará mi igual o peor,
al fajarla
en su igual o peor o mejor,
y en ese encuentro de talles equivocados
mi sabor no será nada
ninguna parte por millón,
o sea,
múltiplo de cero,
desencuentro cromosomático,
y yo aquí estaré de prisa
sin tener donde llegar.
¿En qué íbamos?
¿Cómo decirte que te quiero
si fundamentalmente no es verdad?
y, aunque lo fuera,
yo no lo sé,
y, aunque lo supiera,
me vale madre,
y, aunque me importara,
no haría nada,
absolutamente nada.
¿Cómo decirte pues que no te quiero,
si no es verdad?
Altamente contradictorio
para un patán
como yo
pedir disculpas
sobradamente inútil,
para ti
necesitarlas.
Antes, por desatar verdades
mi cabeza tenía un precio,
incómodo canalla
era mi apelativo
que a golpe de altos
y de asaltos
iba desatando la rabia.
Hoy las verdades desatadas
se quedan tranquilas, inofensivas,
enrojeciendo estadísticas y,
provocando derrumbes
en la bolsa de valores.
Las verdades hoy posan desnudas,
escondidas de tanto estar a la vista,
la sangre que enguanta las manos de los hombres del sistema,
deja un rastro que brilla en la plaza,
los pro-hombres de la patria honestamente rateros y humanitariamente asesinos
juegan desde la cúspide de la tiranía
con esas verdades
a encarcelarse mutuamente,
casi con tanto gusto como lo hacían
en serio,
contra nosotros,
los malditos apuntan sus apuradas carabinas
y a mansalva se dan un festín de sangre,
ojos, hombros, ayes y esperanzas.
Pero ya no hay más verdades que desatar
todo está tan claro como el dólar,
como el petróleo del golfo pérsico,
como los sesos de Colosio embarrados en Tijuana,
como el alto rating
de la imbecilidad humana.
Y además,
ya no estoy para descubrir el hilo negro,
para juntar torrentes subversivos,
he pagado el precio
y no tengo más que pagar
al menos por ahora.
Por eso disculparás
que este derrotado
tenga que decir verdades,
que no aterran al capital,
perdonarás que diga otras verdades,
que también existen,
pero nunca pronuncié,
como: tus labios esplendorosos
son el sol del amanecer
o: te me haces agua en la boca.
Y serás tolerante también
con que no me quede en la descripción.
No he de dar fe
de tu exquisita hermosura
sin reconocer que
también pienso en volver a alcanzarte
aunque sea una utopía más
de las que me gasta la vida.
Te alejaste
y me alejé,
y ahora que regreso,
la ciudad no es la misma sin ti.
En tu tiempo construí,
especulé
inventé
falsos romances
que nunca sucedieron.
Tus labios sobre los míos
no fueron aviso
ni promesa
sino despedida.
Mientras espero el reverdecer del semáforo,
no es el humo picante de los autos frenados
lo que me marea,
sino la falta del olor de tu cabello
al caer sobre mi cuello.
Tus tiempos, sin embargo
siguen siendo mis tiempos,
y yo sigo aquí
por primera vez completo,
pero expulsado de ti.
He perdido todo de ti
tu imagen,
tu olor,
que era lo último que me quedaba,
aséptico navego,
después de que te fuiste
limpio,
muerto,
sin tu olor en la nariz.
Después de ti no hay nada,
cubres con tus vaporaciones
la intimidad de nuestra tierra
te desplazas erótica por sus cavidades
…niebla.
En tu defensa
¿Qué culpa tienes tú de tu sonrisa
de tus labios blandos
de tu lógica de acero?
¿Qué culpa tienes tú
de tu cuerpo que nunca
me ha quitado el sueño,
sólo el ceso?
¿Qué culpa tienes tú
de tener principio
y creer en ellos
o de creer que los tienes
y luego entonces
tenerlos?
¿Qué culpa tienes tú
de aparecer fugaz luz
y despertar los instintos,
las ganas
los insomnios
los escalofríos
los huecos en el estómago
las ganas de luchar?
¿Qué culpa tienes tú
de pasar, luz,
salpicando aire fresco
inundando de colores el ambiente
opacando flores y perfumes?
¿Qué culpa tienes tú
de despertar
hormona,
otras hormonas,
de desatar
pasión,
otras pasiones,
de construir ensueño
otras utopías?
¿Qué culpa tienes tú?
¿Y qué culpa tengo yo?
¡Carajo!
Este libro nunca fue escrito y por tanto nunca se terminó de imprimir, ninguna imprenta del país supo de él, en la plaza de Santo Domingo no se ha falsificado todavía, ni algún vendedor ambulante ha hecho copias piratas para venderlas en el metro. Este libro no tiene sobrantes para reposición, no se hizo ningún deposito legal, ni ilegal, por lo que usted puede hacer con él, lo que se le de la gana, incluso leerlo.
Primera Edición
Derechos reservados por el autor
ISBN: 9781981040612
Editorial Huasipungo Tierra Roja
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