lunes, 15 de junio de 2020

Clandestino en la Ciudad


Primera Edición
Derechos reservados por el autor
Editorial Huasipungo Tierra Roja
editorialtierraroja@gmail.com

Explicación

Un día que me quedé sin balas descubrí que cuando aparente-mente ya no había más con qué combatir todavía quedaba la poesía. Descubrí que la poesía no era sino la continuación por otros medios de la pasión por la vida que nos movió desde el principio, que la lucha por la libertad está más ligada al amor que a la llamada política, que así como comba-tíamos por el amor a los nuestros, también teníamos que combatir por hacerles llegar un mensaje que siempre trajimos, pero que no siempre pudimos expresar.

Descubrí que el amor sexual no es ajeno, ni podría serlo, a la lucha por la libertad, que también combatimos por el derecho a no traer siempre al cinto una pistola lista para disparar, que también luchamos por el derecho a rodear con nuestra palma la cintura de quien amamos y nos ama.

La primera parte de este libro habla de ello. La segunda parte habla de cómo, en el terreno del amor, no basta con tomar el cielo por asalto.



David Cilia Olmos

I

Clandestino en la ciudad


De pronto la ciudad

que tanto quiero

se convirtió en mi trampa,

donde me querían

me esperaban,

para capturarme,

para acribillarme,

para asesinarme.


Y es que los perros

también me quieren,

me quieren

muerto,

preso,

o sirviéndoles.


Por tanto, no me escondo

me subo al metro

trasbordo en Pino Suárez

voy a la Alameda,

son ellos los que deben

esconderse,

son ellos fuera de la ley.


Te quiero ciudad preciosa

como a la mujer que me

raptaron tus polizontes

como la quiero a ella

que la poseo como a ti.


Pero no te quiero

para asesinarte,

para encarcelarte,

para envilecerte,

para que cambies de amo.


Te quiero porque hemos

llorado juntos

un dos de octubre

un diez de junio

porque juntos perdimos

nuestros hijos

en una guerra

que no empezamos

que no quisimos

que no buscamos

y que no tenemos

otra alternativa

más que ganarla.


Recorro tus piernas

de la periferia al cruce

y al llegar a Hidalgo

arribo vencedor

como al monte de Venus

de mi mujer

que también es tuya—.

Llego como dice el manual:

"sin levantar sospechas"

porqué lo más natural

es que te recorra

y eso todo mundo lo sabe

y lo sospechoso sería

que titubeara

que me detuviera,

que tropezara

que me escondiera,

yo que conozco

todos tus caminos,

todos tus rincones,

desde tu pelo de oro

en el otoño del Ajusco

y tus verdes ojos

del lago con pestañas

de algodón de azúcar,

hasta el Chiquihuite

donde por primera vez

choqué contigo.


Pequeña ciudad mía

te quiero aquí conmigo

voy a liberarte

o a morir en el intento...

está mi esposa en prenda.

II

Aún perseguías hormigas

cuando te conocí,

te hincabas

y tu blusa escolar dejaba ver

dos volcanes tiernos en plena erupción.

Con la mirada las seguías

mientras el último vagón,

a Taxqueña, te miraba.

Nada te importaba,

tenías que seguir la pista,

descubrir los caminos

encontrar los ¿a dónde?

resolver los ¿por qué?

Y más allá del andén

las hormigas seguían su camino,

como el hijo que se fue.

III


Ahora que estás presa

te preguntarás

cómo haré

para encontrarme

en esas mañanas de soledad,

como sabré de mí

si no me reflejo

en el espejo de tus ojos

en estos despertares

de rabia infinita

en que por milagro operativo

tengo todo sin buscarlo

y sin embargo...

no te tengo a ti.










Macondo es el exilio

I

Vivo entre la selva

la sierra

y el infierno,

bebo agua de las entrañas

de la tierra

como si bebiera de mujer,

junto a mi marchan las violetas,

bueno...

a veces me están esperando,

saben que voy por ellas

y me atajan el camino.

Camino por una gran cascada

que nunca acaba,

de amarillo, naranja y guinda

se viste la espuma

que me rodea.

Camino sobre el mar.

II

La vi de lejos

en el horizonte

con sus pantalones de mezclilla

untados a su cuerpo

como si fuera suyo, todo suyo

y lo disfrutara.

Toqué su brazo neumático

atisbé por las comisuras

de su blusa blanca

con la objetividad de un perito.

La vi y la toqué

tratando de no tocarla

"no debe ser" pensé

y era verdad,

no debió ser

que la haya dejado

pasar así.

III

Despedida


Aquí te dejo Macondo

con tus jabalíes sensuales

con tus gallos cogedores

con tus perros célibes.


Te dejo con mi suegra

que no lo supo

y con mi novia

que no lo sabe

y que tampoco se queda

pero no se va conmigo.


Te dejo con su hermana

que podía ser pretexto

o podía ser su hermana.


Te dejo derrotado,

inútil

y seriamente precoz

o precozmente serio,

viejo, calculador, tonto.


Te dejo sin mis silencios

y con tus complicidades

con mis hormonas derritiéndose

junto a las de ella

y yo aplicando el freno

para no mirarla

y al mismo tiempo

buscando pretextos para verla.


Te dejo con la trampa preparada

con el cerco establecido

con la anuencia silenciosa

con las batallas periféricas

ganadas de antemano,

pero sin ella

que no viene conmigo.


Te dejo con tus agujeros de rata

con tus autopistas elevadas

y con la lluvia que me acompaña.


Te dejo con mi hermana

la única que ¿me detesta?

pero hace buen pan

y buen guisado

y toca a mi cuñado-hermano

con ternura

y entonces no me importa

su vida amarga

mientras no haga que salga

mi amargura.


Te dejo tranquilo como llegué,

con sangre de atole

que no puede romper mis venas,

sin hablarte de vos

y con una luna que también se va.


Te dejo con mi tercera borrachera

y mi primera vez

y con Blanca y la Susana

y la última vez

¡vamos camaradas!

una cosa es

morirse de ganas

y otra perder la estética.


Pero sobre todo Macondo

te dejo sin ella

que también te deja

pero no viene conmigo.

El regreso


Esta es la ciudad

de romperse la madre

la ciudad que tanto choca

al pensamiento sano

de la pequeña burguesía,

de la clase media de antes

y hoy medio jodida.


Ya estuvo,

ya se vio

a donde iban a parar,

los pacificadores

con sus ruidos de latón,

con su aliento de yoghurt

y de marihuana.


Ahora esta es la ciudad,

el país,

de romperse la madre,

la sutil comprobación de nuestra historia.










Reclusorio Norte

AVISO


Ahora tengo domicilio fijo

me comprometo a

siempre estar

cuando me busquen.


Ahora nadie debe preocuparse

de que la tira tire

la puerta de su casa

en la madrugada

de esta historia

y si tiran la mía

peor para ellos.


Ahora nadie me sigue

más que con la mirada

flácida e impotente

que no arranca verdades

que no desnuda nada

más que la miseria

del mirador.

Ahora nadie me llama

por otro nombre,

nadie pregunta

lo que no sé,

nadie sospecha

que yo sospecho

que él sabe

que hay algo

que no checa

que él encubre.


Ahora veo a mi mujer

sin citas clandestinas

y miro a mis hijos

a la vista del mundo

y los abrazo sin temor,

y estoy en la mira,

mi cuerpo cubre

el colimador,

¡qué tiren!,


Lo bueno de estar preso

es que siempre estoy

cuando me buscan.

Parece que estoy preso,

cemento y acero me rodean,

paredes que me aplastan,

pisos que me despedazan.


Parece que estoy preso,

si no paso la lista

entonces vienen los madrazos

si no pido permiso

vienen los madrazos.


Parece que estoy preso,

eso dicen los periódicos

y eso dice mi expediente

y eso mismo veo yo...

que parece que estoy preso.

Quiero escribirte un poema

y me topo con pared,

en mi cerebro rebotan

las palabras

como balas perdidas

en caja blindada.


Quiero verte y tenerte

y otra vez aparece la pared

reboto contra puertas y escritorios

reglamentos y "tratos especiales".


Quiero hacerte el amor

y despierto,

reboto contra el suelo

que no se quita

ni se compadece.



Luego quiero dormir contigo

y el sueño se me acaba

como la paciencia,

como la tristeza

que cada día que pasa

se embaraza

de coraje,

de coraje.

Aunque regreses primavera

para mí sigues siendo invierno,

puesto que no sale el sol por mi ventana

y en lugar de florecer claveles

crecen como hongos negros los barrotes.


Ciertamente para calentarme

hoy no te necesito,

pero sería bueno

que ya vinieras

un día en serio

a visitarme.

Te regresarán de la puerta

ya lo sé,

te faltara credencial actualizada

no pasaras vestida

con tus colores clandestinos,

pero no me apuro,

se que vendrás un día

verdadera,

a combatir con el invierno

a derrotar el frío de los huesos

a pulverizar la noche de los perros.

Sé también que saldremos

de la mano ¡caramba!

yo a mi verdadera casa

y tu a calentar al mundo.


¿Qué puedo yo decirte madre?

otros te comparan, yo no sé.

Es cierto, eres como la pureza...

hablan mucho de tí los impuros.


Eres como la libertad, la patria,

unos piden en tu nombre

y otros quieren detener contigo

la mano que castiga.

En un día preestablecido

se acuerdan de tí

para disimular lo mucho que te olvidan.


Pero es aquí,

donde uno se acuerda de todo,

donde recuperas el valor

de nuestros primeros días.

Eres cordón umbilical

que nos une con la vida

eres fuerza protectora

a prueba de amigos y enemigos

de sentencias y esperanzas

de bueno y malo,

de amores y desamores.


Contigo a mi lado no hay cadenas,

no hay derrota

eres como siempre

la madre de las batallas.


En la madrugada

escudriño el mundo

dejo a mi oído libre bajo fianza

que brinque la barda,

que camine un rato por la calle

y vea al perro ladrar libre

denunciando los pasos de un obrero

o tal vez de una brigada.


Un camión marcha a lo lejos, pausado,

como si no pudiera terminar de despertarse

con ese ruido plano, sin cambios, sin topes

que lo lleva pronto a cargar con el mundo

para que el capital produzca

y se reproduzca.


Atravieso la noche,

soy libre en la cárcel del silencio,

el mundo me llama y me recibe

con sus motores y sus perros

dulces cantos de libertad.

Chiquihuite


Se que estás ahí

con tu mirada que perfora

la oscuridad de la noche

y atraviesa más allá

del cielo que me aplasta.

Tus ojos pestañean

y limpian con su mirada cauterizadora

mis heridas profundas,

como ráfaga solidaria

en los intervalos

de mi insomnio.


Unos te consideran panorama,

no saben nada de ti,

no sospechan que bajo tu camuflaje

de toro de lidia arponeado,

está el gigante que vendrá a rescatarme

para llegar a tiempo

a la nueva rebelión.

El túnel


Puedo seguir tus huellas

por el laberinto

deducir por tus pisadas

si el mundo hoy te espera

o sí tranquila esperas hoy al mundo.


La marca de tu paso

me conduce a mi destino

que no es tan destino

sino simple accidente,

un trámite que ambos pasamos

para graduarnos en historia.


Me sumerjo en la oscuridad,

me adentro en un hueco de la tierra

más contento que minero,

porque el tesoro que yo busco

también me busca.

Dicen que por este hueco

se llega a la libertad,

no es mi caso,

mi libertad va a llegar

por un túnel en el corazón,

cuando con espada de acero

atraviese de lado a lado

el corazón putrefacto

del que encadena la flor.

No quiero otra libertad

no necesito de ficciones

por eso en el túnel te busco a ti

para que lleguemos juntos

a sonreír

mientras el enemigo

nos trata de juzgar.







Padre:


Tres cosas me enseñaste,

ser de utilidad,

no mentir

y no rendirse


Y todo hubiera ido muy bien

si no viviéramos en este mundo

sino en el otro,

el que Tú soñabas.


No sé si no eras consciente

o si era parte de tu juego

actuar como si este fuera el otro mundo


Tampoco yo podía,

ni puedo ahora,

no tengo derecho,

decirte

que te fijaras con que sueños

sales por las noches.

Y en parte, por eso es mi reclamo:

¿no mentir en un mundo de mentiras?

¡vaya consejito!

¿no rendirse en un mundo de derrotas?

¿acaso no era tu hijo?

¿acaso no me amabas?

¿para qué mandarme

por el camino equivocado?

a mi que te creía.


Afortunadamente he seguido

al pie de la letra tus consejos,

bueno, no sé si he sido útil

pero al menos lo he intentado,

no he mentido

y eso me ha salido caro

y ahora que estoy aquí

en la madrugada,

cansado,

sin fuerzas,

sin futuro,

sin creer en Dios

ni en el Diablo

una fuerza extraña

me levanta y me obliga a escribir

estas palabras:

No rendirse.


Y al escribirlas me acuerdo de tí

y compruebo lo mucho que nos has amado

y el sueño que tu soñabas

sospechosamente bueno,

subversivo

justo, inmoral y necesario

se hace mundo

cuando junto contigo

me confundo

y lo doy por hecho.


Reclusorio Norte 22 de septiembre de 1991

Bueno... también pude ser prudente

y callar cuando vi una injusticia,

y hacerme ciego cuando vi a los agentes

golpeando a las señoras

y a sus hijos y sus hijas,

y pude no ver a mujeres

que se envuelven en pancartas.


Cierto... pude ser prudente

y no ver como los perros

golpeaban, destruían,

matan y reían

con esa carcajada

tan fuerte como sus complejos.


Ok... pude ser prudente

cuando en mis manos murió Gervasio

y cuando luego encontraron muerto al"Muerto"

¡vaya redundancia!

y cuando de cuatro balazos en el pecho

cayó Ferreira a las tres de la mañana.


Debí ser prudente

cuando volaron los huevos

a balazos a Genaro,

cuando en Tlatelolco

supe la muerte de Gonzalo

y de Alicia

y al otro día nadie más llegó.


¡Qué imprudencia!

¡Correr en el sentido contrario

al de la huída!

para avisar

mataron a Barraza

mataron a Murillo

que no te agarren

lavando tu cisterna.


Si pues... ¡Carajo!

ser prudente y tirar del lado

de los que van ganando

o no tirar y que el mundo gire.


Ser prudente y vivir a medias tintas

y no la vida

imprimir a medias tintas

y no Madera,

amar a medias tintas

y no a Violeta.


Pero me pregunto

de haber sido así,

¿Por qué comí,

reí, platiqué dormí, orgasmé

con la gente de Madera?


No señores

no me quieran sorprender

imprudencia sería que yo fuera

un prudente cobarde

y no huevos de acero

como todos,

los demás.



REVIRA


¿Qué hongo?

¿Te la pasas chido

navegando sin banda ni flota?

¿La vida gandalla no te suelta

ni te afloja?

chido tu patín,

me pasa.


Mira banda,

no sólo haces que suspire

aspire y exhale

chale, chale,

también haces que babeé.

Acabo de ver la luna,

no es tan chida como tu

pero también aguanta un tiro,

pego un brinco y la amacizo,

pero de revire

hasta pelos dejo

y me recogen con escoba.

Gacha mi calavera.


Tu estás más a tiro de escopeta

aunque me despeine

tu airecito

de monja karateca.

Tu aguántate la risa

que yo me aguanto

la carcajada,

saca la casta,

te conozco iconoclasta.


Me doy un toque con tu foto

¿No te guacha?

me fumo tus labios

de una chupada

y quedo como idiota

chido viajando y tenebrando.


Chale, chale,

calmantes montes,

si de buena te caes manzana,

para que finges apagón

si te puedo revivir

de choque al corazón

y masajes en la misma zona.


No me espantes panteón,

revira y ponle

no hay dieciocho

ni la vida vale un chocho

¡échale pa delante!

la neta,

yo paro tocho.


Primer día de libertad


Hoy pasé por la misma calle

ya no estaba la banqueta

roja por tu sangre,

también eso han borrado de ti

camarada.


Hace diez años andaba por aquí,

Hace diez años andaba por aquí,

contigo,

llovía en Morelia.

¿Cómo haré para regresarte

a la vida,

camarada?





No sabía


No sabía,

¿Cómo podía saberlo?

que al final de mis días

conocería a la mujer,

a la de mis sueños


No sabía,

no podía saberlo,

que la besaría

y la tendría

un segundo

en la cueva de mis brazos.

Sé otras cosas,

pero eso...

ni pensarlo

que una mañana de utopía

tocaría su piel de sueño

tomaría un trago de sus risa

¿Cómo saber que bebería

hasta saciarme

de la luz de su mirada?

sabía, lo juro

que la magia existiera

confieso que no creía

pero Dios,

o el Diablo,

Carlos Marx

o el camarada

Tomás Moro

o no se quién chingaos,

o porqué,

pero un día llegué a ti.

No sé si el milagro volverá

pero ahora

aunque no te tengo

pienso que mi vida,

un día,

que sueño y

espero desesperadamente,

será viva

como antes,

gracias a ti.

Aclaración


Yo, lo más lejos que he llegado,

lo más bello que mis manos han tocado,

lo más profundo que he penetrado

lo más glorioso

que sin merecer me ha ocurrido

es tocar, es soñar con ella.


Digo esto antes de que la muerte

nos separe

y ojalá ella lo sepa algún día.


Autocrítica


Esperas temiendo que no llegará

pero...

viene con ansia certera

viene sin sueño y con prisa

viene dispuesta a tu frío

viene a poner

en tu rostro de piedra

su propia sonrisa.


Metronimia


Brasier/camiseta

voces que se tocan

un dedo penetra en la piel.

Medias que bajan escaleras

con el suéter bajo el brazo,

bolsos que atraviesan fugaces

cubriendo las medias,

faldas que esperan casi de puntitas,

aretes que se besan,

que se prenden de los labios,

rubor que se detiene del acero,

collar-anillo-pulsera

que no termina de leer

carmín que piensa y se arregla la maraña

cola de caballo que hurga

en el cabello ajeno,

escote clausurado,

redondeces, caireles, obras de arte

que salen del subterráneo

mientras camino hacia ti.

He conocido

todos los estados

y todos los rincones,

desde el estado sólido, hasta California,

por mi memoria traicionera

desfila el estado plasma

y el depresivo,

Campeche y el de coma,

Guerrero y el de sitio

Chiapas, gaseoso,

Jalisco, Veracruz,

y así sucesivamente,

todos los estados,

todos sus rincones.

Pero hay una geografía que no

conozco

ni de pasada,

altos cerros,

largas aguas,

¿habré de morir lejano

sin besar tus playas?

Centro del blanco


Hablando en términos

militares

o sea,

los de antes,

eras importante,

había que llegar a ti

y penetrarte

en una explosión de

pulso y puntería.


Ahora

- que tampoco son

tiempos de confort

tienes carne y hueso,

color en las mejillas

aroma en tu rutina,

y no apareces ya

atada a los corazones

de los enemigos

entras

sin permiso

en el mío,

erizando nudos de

garganta

con tu posibilidad

de indignarte

y de decir:

ésta boca es mía


y, que utopía pensar,

sólo pensar,

esta boca

- la tuya -

también es mía.

Camarada

Mañana pensaré

que pronuncié

tu nombre

bajo la lluvia

y que caminando

vi de frente

las luces

de la noche

que como a ti

no he tocado.


Mañana pensaré

que pienso en ti

en la madrugada

y que abrazado por el frío

escribo tu nombre

en mi cuaderno.





El cielo por asalto

I


He de llegar a ti

para amarte todo el día,

reposaré mi cabeza en tu almohada

corretearan mis dedos tus montañas

me ametrallaras con tu vos anhelante

y de ahí en adelante

solo podré detenerme

en el sujetador de tu cabello.

II

Antes de que sea demasiado tarde

así apareciste en mi vida,

caminando en el metro

y yo buscando una salida


Te seguí para no dejar de hacerlo

¿cómo podías dejar de atraerme

si cuando mis ojos buscan

el pliegue mágico de tus pechos

te encontré distraída

leyendo

o haciendo como que lo hacías?


Me olvidé de tus blancas rodillas

la limpia entrada a la tierra prometida

busqué en tu cabello

el principio del rojo

para ver si no eras la misma

que yo quería,

quise creer que tu piel

nadie había tocado

que yo sería algún día

el primero

en tu sueño penetrado,

pensando en esa utopía biensana

te perdí entre la gente

y se acabó la mañana.

Nadie me dijo tu nombre

ni de ti nunca supe nada,

pensando en imposibles

como tu y otros socialismos

que ya no ganaba

llegué a mi guarida derrotado

y te encontré en mi cama.

III

Si cayeras en mis garras

te desnudaría como a una naranja

empezando por arriba,

tu pelo liberado me llevaría

al botón más cercano de tu cuello

y como un soplido

mis manos seguirían

poniendo a la vista tus gajos,

tus jugos y todos tus encantos,

te chuparía como un dulce,

ninguna parte de ti se escaparía

y aunque se mojara mi pantalón

yo seguiría chupando

hasta que perdieras el control,

y luego...

no, no hace falta que me quieras

sólo chúpame de corazón.

IV


Voy a dejar que mi mano se mueva libre

y te diga lo que tenga que decir.


Con mi tacto te recorro

no hay falsedad en ti,

un poco estorba a ratos tu vestido negro,

el que mi mano se atore ahí

es un poco consecuencia

de malformaciones

que a veces se sobreponen

a mis manos intenciones.


Pero tú sigues ahí, espléndida,

viva sin moverte, midiendo mi conflicto

y ayudando con tu mirada

todo lo que puedes.


Eres la orilla digna del pirata

el lado sano de este mundo falso

la plaza solidaria del planeta engreído

la parte rica de este mundo artificial.


Aunque me atormentes con tu silencio

eres viento fresco en mi cuello

pulso de mi corazón,

agua de mi sed,

alimento de mis ojos,

pista de mi mano.


Cuando ya nada estorba

cuando mi aliento está en tus piernas

mi pelo en tus dedos

mi ausencia en retirada

mi mano te cede la palabra.


V


Mis manos te recorren

en avalanchas

guerrillas

santa cruzada

o como quiera

que manden tus desiertos

tus selvas perennes

húmedas y hospitalarias

o tus montañas gemelas

Ome-tepetl.


Ya en acelerada carrera

y acelerado el pulso

el aliento en crisis

mi corazón en tu mano

tu corazón en mi aliento

tu aliento en mis ojos

mis manos en tus humedales

tus humedades acercándose

tu ritmo en mi pulso

mi pulso en tu cadera

mi pelo en tu vientre

tu carne en la mía...


Mis manos te recorren.

VI


Mar

En la madrugada de este día,

tu imagen me ha despertado.

He visto tu cuerpo tibio y receptivo,

tu cara linda e incitante esperando y...

el cuerpo se me ha puesto duro.


No todo,

lo confieso.

He dejado que mi mano te palpe,

suave, blandita,

he dejado que mi mente recorra todos tus rincones.


Luego te he tenido como al mar,

navegando y probando tu sal.

Y mientras llego a lo más profundo,

mi mente te hace real,

mi mano ya no son cinco dedos

y una palma,

ahora eres tú,

receptiva que me besas

mientras hago explosión

en tu cuerpo suave,

blando, tibio,

y el sueño se me queda en los ojos.

VII


Te juré amor eterno

tu bajaste la mirada

casta,

virginal,

con una voz escasa

pediste:

pruébamelo.


Mi lengua cumplió

te sabía a sal y limón

luego a carne

y finalmente a electricidad


¿Te lo vuelvo a probar?

VIII


Cuando te encuentro

en los pasadizos

de mis sueños

tu cuerpo me sabe a sal

IX


MAR ADENTRO

Recuérdame,

pon tus manos en la nuca y piensa que son mis dedos los que te tocan,

ahora bájalas, has que crucen tu cuello, hasta que toquen tus pechos como yo

lo haría,

o para ser exacto, como yo lo haré algún día,

síguelas bajando rumbo a tu cintura,

júntalas en tu vientre,

toca por mí, que estoy lejos,

tu sexo, presiónalo suavemente y

luego lleva tus palmas extendidas

por tus piernas.

Siente como un rayo recorre tu estructura y hace que se electricen los bellos

de tu nuca,

siente como el viento fresco

hace que se ericen el par de flores

que coronan tus montañas,

siente como la cintura se estremece

y tu sexo se empuja

contra tu/mi mano,

siente como tus piernas se entre abren

para sentir el calor de mi mirada,

que les llega y las recorre

por medio de tu tacto.


Recuérdame.


Exilio


Aquí, junto al peso de los siglos

frente a un mar imposible

bajo un sol dictatorial y protagónico

te sigo esperando


No importa tanto si llegas

como brisa fresca

o amarrada a la cresta de las olas,

tu perfume será de leña

y tu carne brazas

de tu pelo revuelto

manarán las ideas

y con tus manos delicadas

cantarán las flores.

Netáfora


El mar es una línea azul

que divide el cielo del agua,

de la que nacen las nubes,

y las olas,

y la espuma,

y el viento,

la brisa

y lo verde que subraya

todo

lo que no te tengo.


Metáfora


El mar es como el mar,

La alfombra verde que estalla

en sus bordes,

eyaculación perenne que se derrama

impune

en el vientre terso y plano de la tierra.

trillones de cervezas que se destapan

seis veces por minuto,

espumantes,

ordenadas,

simultaneas,

colectivas,

orquesta de hojas secas,

murmullo que no cesa,

reguero de pólvora que se enciende,

cabalgata de frescura,

la seda con olanes que sube

y baja sin terminar de decidirse,

vaivén obsceno,

casto pecho de virgen que se agacha

el inmenso agujero negro

que se funde con el cielo,

esa lejanía que se pierde en la lejanía,

la mano fresca que te atrapa,

todo eso… apenas es su comienzo.



Aquí Campeche


Aquí Campeche

con la soledad en el estómago

con la brújula perdida

con el aire en los zapatos,

sin que nadie escuche

los gritos que no doy

pero que traigo.


Aquí Campeche

con la sangre derretida,

con el peso de los años,

con las vigas milenarias

que sostienen techos pervertidos

y paredes salitrosas,

dermatíticas tapaderas

de la explotación de siglos

de vientos,

de mares

y de sangre.


Aquí Campeche,

sobre suelos falsos

y junto a falsos mares

un hilo lejano

teje del espacio exterior,

lugar de espías y rayos láser,

una voz,

y la voz,

la tuya,

todo lo cambia

y el mar sin olas

puerto sin barcos

guarida de piratas mojigatos

se sale de madre

y todo es más bello

gracias a tu voz.

Diluvia


Un cielo pequeño

que se asoma por la rendija

se ilumina en la madrugada.

Ocho segundos después.

como una tranquila

y razonada

declaración de guerra

se escucha un trueno

largo,

grave.

Una lluvia fina y discreta

se derrama sobre las calles,

cubre cachonda

las hojas de los árboles

escurriéndose por sus rincones.

Cuando el sudor choca con sudor

y no cabes más en tu propia ropa

esa lluvia oceánica

puede sólo ser el aviso

de un orgasmo prolongado.


Te busco en cada mujer

en cada susurro,

te busco en mi trayecto,

me salgo de madre

para encontrarte,

pero tú solo te fuiste


Como un murmullo lejano

en la sierra escuché tu nombre

llegó rebotando entre pinos y encinos

salpicado de historia y de leyenda

de cañadas y batallas multicolores

flechas, humos, carcajadas de pólvora y heroísmo


Pero un día como de cuento

como un rayo de luz

que atraviesa un cielo nublado.

llegaste de pronto

iluminando mi impaciencia.


Tu cuerpo de caña fresca

inundó todos mis espacios

y resultaste algo mío,

nuevo, sí, pero no lejano


Llegaste de improviso,

al diez para la rebeldía

cuando los desencantos acumulados

estallaban en batallas neuroticonas

y te tocó una parte del fuego

y del refuego

y te toqué yo

y me tocaste

bosque,

agua,

caña,

hembra.


Y ahora,

gracias a tí

todo lo tengo más claro...


Camarada


De tu cabello

corto o largo

yo me acuerdo

en un día como hoy

o en otro cualquiera

con el sol derritiéndome el cuello

o cualquier otra parte

con alegría o con nostalgia

de tu cabello

o de cualquier otra parte

yo me acuerdo.


Y es que te sé de memoria,

te armo y te desarmo

a ciegas,

palpándote

en lo oscuro

o en lo claro

embonando tus partes y sentidos

tus risas y tus prisas

y siempre me sabes bien.


Me sabes

y yo te sé,

Lejana pero aquí.

Lo que yo quisiera

es rendirte un homenaje

antes de partir hacia la nada,

reconocer tu voluntad férrea

que aísla,

con tu bien entrenada solidaridad

el calor de tus pechos

palpitando

de los que mis labios

se sienten orfandados.


Lo que quisiera

es reconocer tu lucidez

y raciocinio

que disciplina tus caderas

de las que

mis manos son ajenas,

a pesar de que estás dudan

entregarse y no entregarse


No es esto un homenaje a tu belleza,

esa primavera gastada

por tantas miradas,

es un homenaje a tu cordura

superior a mis necios intentos,

que resguarda amistosamente

las junteces de tus piernas

y solo en sueños permiten

que mis manos las separen

y besen con las yemas de mis dedos

la humedad virginal del paraíso

del que implacablemente

me sigues expulsando.


Combatiente y combativa,

una yerma solidaridad que me asesina,

así te recuerdo hoy

que como todos los días,

en esta enfermedad necia y virulenta,

pienso que te beso los pechos

y te acaricio el alma

y que también soy solidario

cuando te penetro,

y soy racional cuando te sigo queriendo

a pesar de que sólo eres un sueño

del que no termino nunca

de desprenderme.

Estoy cansado de recorrer

todos los rumbos sin encontrarte,

mis ansias más gastadas que mis zapatos

han dicho basta,

me voy a quedar aquí

esperando a que llegues por tu propio pie

o esperando la muerte,

lo que ocurra primero.

La muerte me crece en el pulmón derecho,

entenderás la urgencia por tu llegada,

cuando de mí sólo queden huesos rotos,

espero te conduelas,

a posteriori,

de mí,

y me ames,

a posteriori también,

en esta noche de lamentos lejanos

que pasará sin que te des cuenta

pero que un día revivirá

con tu lectura

póstuma.

No sé por qué ando tan de prisa

si no tengo a donde llegar

una mi amada en un lugar lejano

extenderá tranquila sus brazos

a otro mi igual

o mi peor

sin pensar siquiera

en mis manos apresuradas

y cabizbajas.

La recibirán a medias

pensará mi igual o peor,

al fajarla

en su igual o peor o mejor,

y en ese encuentro de talles equivocados

mi sabor no será nada

ninguna parte por millón,

o sea,

múltiplo de cero,

desencuentro cromosomático,

y yo aquí estaré de prisa

sin tener donde llegar.

¿En qué íbamos?




¿Cómo decirte que te quiero

si fundamentalmente no es verdad?

y, aunque lo fuera,

yo no lo sé,

y, aunque lo supiera,

me vale madre,

y, aunque me importara,

no haría nada,

absolutamente nada.


¿Cómo decirte pues que no te quiero,

si no es verdad?

Altamente contradictorio

para un patán

como yo

pedir disculpas

sobradamente inútil,

para ti

necesitarlas.


Antes, por desatar verdades

mi cabeza tenía un precio,

incómodo canalla

era mi apelativo

que a golpe de altos

y de asaltos

iba desatando la rabia.


Hoy las verdades desatadas

se quedan tranquilas, inofensivas,

enrojeciendo estadísticas y,

provocando derrumbes

en la bolsa de valores.

Las verdades hoy posan desnudas,

escondidas de tanto estar a la vista,

la sangre que enguanta las manos de los hombres del sistema,

deja un rastro que brilla en la plaza,

los pro-hombres de la patria honestamente rateros y humanitariamente asesinos

juegan desde la cúspide de la tiranía

con esas verdades

a encarcelarse mutuamente,

casi con tanto gusto como lo hacían

en serio,

contra nosotros,

los malditos apuntan sus apuradas carabinas

y a mansalva se dan un festín de sangre,

ojos, hombros, ayes y esperanzas.


Pero ya no hay más verdades que desatar

todo está tan claro como el dólar,

como el petróleo del golfo pérsico,

como los sesos de Colosio embarrados en Tijuana,

como el alto rating

de la imbecilidad humana.


Y además,

ya no estoy para descubrir el hilo negro,

para juntar torrentes subversivos,

he pagado el precio

y no tengo más que pagar

al menos por ahora.


Por eso disculparás

que este derrotado

tenga que decir verdades,

que no aterran al capital,

perdonarás que diga otras verdades,

que también existen,

pero nunca pronuncié,

como: tus labios esplendorosos

son el sol del amanecer

o: te me haces agua en la boca.


Y serás tolerante también

con que no me quede en la descripción.


No he de dar fe

de tu exquisita hermosura

sin reconocer que

también pienso en volver a alcanzarte

aunque sea una utopía más

de las que me gasta la vida.


Te alejaste


y me alejé,

y ahora que regreso,

la ciudad no es la misma sin ti.

En tu tiempo construí,

especulé

inventé

falsos romances

que nunca sucedieron.

Tus labios sobre los míos

no fueron aviso

ni promesa

sino despedida.


Mientras espero el reverdecer del semáforo,

no es el humo picante de los autos frenados

lo que me marea,

sino la falta del olor de tu cabello

al caer sobre mi cuello.


Tus tiempos, sin embargo

siguen siendo mis tiempos,

y yo sigo aquí

por primera vez completo,

pero expulsado de ti.




He perdido todo de ti

tu imagen,

tu olor,

que era lo último que me quedaba,

aséptico navego,

después de que te fuiste

limpio,

muerto,

sin tu olor en la nariz.


Después de ti no hay nada,

cubres con tus vaporaciones

la intimidad de nuestra tierra

te desplazas erótica por sus cavidades

niebla.



En tu defensa

¿Qué culpa tienes tú de tu sonrisa

de tus labios blandos

de tu lógica de acero?


¿Qué culpa tienes tú

de tu cuerpo que nunca

me ha quitado el sueño,

sólo el ceso?


¿Qué culpa tienes tú

de tener principio

y creer en ellos

o de creer que los tienes

y luego entonces

tenerlos?


¿Qué culpa tienes tú

de aparecer fugaz luz

y despertar los instintos,

las ganas

los insomnios

los escalofríos

los huecos en el estómago

las ganas de luchar?


¿Qué culpa tienes tú

de pasar, luz,

salpicando aire fresco

inundando de colores el ambiente

opacando flores y perfumes?


¿Qué culpa tienes tú

de despertar

hormona,

otras hormonas,

de desatar

pasión,

otras pasiones,

de construir ensueño

otras utopías?

¿Qué culpa tienes tú?

¿Y qué culpa tengo yo?

¡Carajo!







Este libro nunca fue escrito y por tanto nunca se terminó de imprimir, ninguna imprenta del país supo de él, en la plaza de Santo Domingo no se ha falsificado todavía, ni algún vendedor ambulante ha hecho copias piratas para venderlas en el metro. Este libro no tiene sobrantes para reposición, no se hizo ningún deposito legal, ni ilegal, por lo que usted puede hacer con él, lo que se le de la gana, incluso leerlo.




Primera Edición

Derechos reservados por el autor

ISBN: 9781981040612





Editorial Huasipungo Tierra Roja

editorialtierraroja@gmail.com




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